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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Policía ni en broma

Mario López
Mario López
sábado, 10 de enero de 2009, 21:34 h (CET)
Anoche estuve cenando con mi chaval en el restaurante de una amiga nuestra, en Malasaña, en compañía de un amigo de mi chico, un joven caribeño experto en diseño asistido por ordenador, y dos amigas suyas. No hace falta decir que la velada resultó deliciosa. Desde el primer momento entablamos una conversación fresca y natural, como si nos conociéramos de toda la vida.

Hablamos de viajes, de gustos culinarios y todo iba perfecto hasta que le pregunté a una de las chicas por su trabajo. Se quedó muy sería, me miró como calculando el efecto que me podría causar su respuesta y, finalmente, declaró con gran circunspección: policía. Está claro que a la chica no le resultó fácil revelar su profesión. Supongo que sería porque era consciente de que la policía no es precisamente el estamento que goza de mayor popularidad entre nuestros jóvenes. La mayoría de ellos fuman porros y todos sabemos que la policía no es partidaria de los porros. En mis tiempos, muchos jóvenes leíamos Mundo Obrero y a la policía tampoco le gustaba esa publicación y, claro, se hacía difícil establecer empatías entre unos y otros. Hoy, por distintos motivos, ocurre lo mismo.

A mí, personalmente, y como me corresponde en calidad de hijo de aquella era libérrima que tenía por lema, entre otros, “sexo, drogas y rock and roll”, la policía se sitúa en las antípodas de mi centro cosmogónico. Ahora bien, como ciudadano de edad próxima a la senectud, tengo que manifestar mi absoluta repugnancia por la hipocresía y el cinismo que nuestra sociedad trata la cuestión policial. Para empezar, policías somos todos. Todos reprimimos o deberíamos de reprimir cualquier acción que violente algún derecho. Todos acudimos o deberíamos acudir al auxilio de un semejante que se halle en situación de desprotección. No sólo lo dice la moral que hemos mamado algunos hijos de aquella era libérrima que tenía por lema, entre otros, “haz el amor, no la guerra” sino que también lo dice nuestro código civil. Por otra parte, la policía es un estamento cuyo valor democrático nadie pone en duda porque sabemos que es el arma que posee la ciudadanía para hacer respetar la ley que ella misma se ha dado. Por tanto, habría que ir promoviendo iniciativas que condujeran al acercamiento de los miembros del estamento policial al conjunto de los ciudadanos e intentar llegar al punto en el que un policía sea percibido por el conjunto de la sociedad, y en todos los aspectos relativos a la convivencia, semejante a un médico, un camarero o una arquitecta. Para empezar, propongo que se legalice el consumo de porros.

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