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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   Política   -   Sección:   Opinión

¿Gobierno de transición? No creemos que ésta sea una buena solución

“La transitoriedad nos hace a la vez vulnerables y fuertes” Anónimo
Miguel Massanet
miércoles, 3 de febrero de 2016, 00:20 h (CET)
En este laberinto político en el que, sin querer, por mor de los resultados electorales del 20D, nos encontramos los ciudadanos españoles, parece que va a resultar complicado encontrar la salida, si es que no queremos apelar a destrozar el seto que nos separa de la libertad o, en su caso, del más tremendo remedo del terrorífico Hades político, del que todos intentamos huir pero, como si estuviéramos atrapados por una pesadilla, por mucho que corramos no hay manera de alejarse de él. Cada día que pasa, cada nueva noticia o cada movimiento que tiene lugar en este campo de Agramante, en el que una multitud de pequeños diosezuelos de la política se están empeñando en destruir todo el laborioso edificio de nuestra democracia; vemos, con mayor pesimismo, que la senda que se nos obliga a tomar no lleva a ningún otro destino que el que nos creíamos que habíamos dejado atrás, quizás sólo como una esperanza de todo punto irrealizable.

Lo cierto es que, si Dios no lo remedia, nuestros políticos se encuentran en un impasse, cuando se ha llegado al término de la segunda ronda de consultas con SM el Rey, para intentar desatasca el proceso de investidura del nuevo presidente del gobierno y, al parecer, faltando sólo la entrevista con el señor Rajoy, seguimos atascados sin que exista nadie, aunque el Rey llegara encomendarle al señor Sánchez del PSOE que intentara defender su investidura, capaz de salir airoso del reto. Si tenemos que hacer caso a las declaraciones que, durante estos días, hemos escuchado de los distintos líderes de los partidos con opción a constituir o ayudar a formar un gobierno, ya fuere de coalición o con apoyos puntuales; parece que el conseguir aunar posiciones, renunciar a discrepancias insalvables o prescindir de tabús partidistas, se puede llegar a convertir, tanto para P.Sánchez como para cualquier otra de las formaciones en liza, en algo superior a sus fuerzas, de modo que, el final que parece ser más posible y al que nos dirigimos o dirigiremos, tarde o temprano, será el repetir las elecciones legislativas, olvidándonos de todo el proceso que se ha venido desarrollando desde el día en que tuvieron lugar los pasados comicios.

Resulta difícil aceptar que, un dirigente de un partido político de la solera del PSOE, por simple prurito personal o por miedo a que, los que le votaron, le reprochen los desastrosos resultado de su partido, el peor de la historia del socialismo, en los últimos comicios; el caso es que, según se deduce de lo que se ha conocido de la reunión de la Comisión Ejecutiva del PSOE, celebrada el sábado pasado, mucho nos tememos que la confianza que, al final y con condiciones, se le otorgó por los asistentes, y el adelanto de la fecha del Congreso del partido al mes de Mayo, tiene más bien el carácter de ultimátum para que PS pueda demostrar que es capaz de acceder a la presidencia del gobierno y ello, teniendo en cuenta unas líneas rojas que se centran en especial en que, cualquier pacto que pudiera celebrar para conseguir la investidura, no estuviera lastrado por el apoyo o la abstención de los nacionalistas catalanes o supusiera, si el pacto fuera con Podemos, el aceptar su proyecto de permitir el referéndum por “el derecho a decidir” de los catalanes o, lo que es lo mismo, este ministerio, que el señor Pablo Iglesias se sacó de la manga, para gestionar la “plurinacionalidad” dentro de España.

Y en este punto, en este momento en el que da la sensación de que, todas las puertas para acuerdos, se han cerrado; que el empecinamiento y las negativa de unos partidos a discutir acuerdos con otros, especialmente grave en el caso del PSOE, que viene anunciando su predisposición a tratar con el resto de fuerzas políticas y, sin embargo, en un ejemplo de las contradicciones a las que son capaces de llegar los políticos, se niega en redondo a hablar con un partido que ha obtenido el mejor resultado electoral, que ha conseguido los votos de más de siete millones de españoles y que, si no se hubiera empeñado la izquierda en eliminar al PP como partido de gobierno; en estos momentos nadie pondría en cuestión su derecho a gobernar, como ha venido sucediendo en otros casos similares, a lo largo de toda la democracia española. En este momento, repetimos, el único partido que pudiera intentar desbloquear la situación, es el del señor Rivera, Ciudadanos, vemos que parece dispuesto a iniciar un juego que no sabemos muy bien a dónde conduce. ¿Qué quiere decir Albert Ribera cuando no para de repetir que, lo que anda buscando, es formar un gobierno “de transición”?

A algunos ya nos parece que la “transición” y la tardanza en formar un gobierno estable y, por tanto, dispuesto a agotar toda la legislatura, se está pasando de rosca y que, lo que en realidad viene haciendo falta, es que se forme un gobierno lo suficientemente sincronizado, con los apoyos necesarios, capaz de seguir realizando los esfuerzos precisos para que España siga la senda de la recuperación, como ha venido sucediendo durante los últimos tiempos; con la intención de llevar a cabo las reformas necesarias, no para deshacer todo lo hecho, sino para buscar los medios de reducir el desempleo, potenciar a nuestras empresas y emprender aquellos desafíos que, hasta ahora, no han sido posibles a causa del enfrentamiento, en ocasiones simplemente partidista, para poner en marcha leyes como, por ejemplo, la de educación, consensuada para evitar lo que viene ocurriendo con la alternancia de partidos, de modo que, cada nuevo gobierno se saca de la mano una reforma propia con lo que los estudiantes nunca saben lo que va a ocurrir con su plan de estudios.

Seguramente el señor Rivera es, en verdad, la única persona que pudiera hacer entrar en razón a los socialistas si no fuera porque, esta formación política, lleva repitiendo casi a diario que no están dispuestos, en forma alguna, a apoyar un gobierno del PP; ya sea con Rajoy o sin él. Pero aún, en el hipotético caso de que lograra el milagro, es evidente que, si no es que a él, como líder de Ciudadanos, lo que le conviniera o, al menos lo pueda creer, es que el nuevo gobierno sólo tuviera una duración limitada que le permitiera recuperar aquellos votos que dejó desperdigado en las últimas elecciones que, por cierto, le han privado de aquello que venía intentando: convertirse en un verdadero partido bisagra que estuviera en condiciones de imponer su voluntad sobre quienes precisaran de sus votos; en caso contrario, cuesta entender el empeño de que el gobierno sea de transición cuando lo que precisan los españoles es sosiego, acabar con la amenaza de sedición catalana, trabajar, tener paz y dejar los sobresaltos que, en estos últimos años, han constituido el pan nuestro de cada día del pueblo español. En todo caso, por lo que se dice, por lo que comentan los tertulianos y por lo que se escucha en los mentideros políticos, la convocatoria de unas nuevas elecciones parece que les causa grima a partidos como es el PSOE o a los mismos Ciudadanos, que parece que temen que una nueva consulta electoral podría ser el final del PSOE, absorbido por el partido de Pablo Iglesias y, casi seguro, superado en votos por él. En cuanto al PP, uno ya no se atreve a opinar dado que parece que, cada día, aparecen noticias que le achacan nuevos casos de corrupción, algunas de ellas, permítaseme que lo diga, con claras apariencias de haber sido instrumentadas y convertidas en, como se acostumbra a decir hoy en día, trending topyc que, como es evidente, a quienes beneficia más es, sin duda, a sus rivales políticos. Es posible que, a pesar de todo, ante la magnitud del desastre que se nos avecinaría si el país cayera en manos de Podemos, con o sin el PSOE y el resto de partidos de la izquierda, es evidente que habría muchos votantes que optarían por el mal menor y el PP fuera el partido que más garantías de estabilidad ofreciera a quienes ya están hartos de la política y lo que están deseando es recuperar el sosiego y su vida normal.

O así es como, señores desde la óptica de un ciudadano de a pie, ya nos resignamos a ser llamados, una vez más, a expresar nuestra opinión en las urnas. Mucho nos tememos que las otras posibles soluciones, todas ellas en el alero del tejado, tienen pocas o ninguna probabilidad de tener éxito, a no ser que ocurra un hecho inesperado que sea capaz de darnos otro sobresalto lo que, si debemos ser francos, ya comienza a convertirse en una desagradable costumbre.
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