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De cómo sentirse Messi
Antonio Pérez Gómez
Estamos viendo unos días felices para los amantes del fútbol de arte. Desde que Messi ha irrumpido en nuestro fútbol, los que éramos muy jóvenes cuando la eclosión de Maradona, y Pelé y Di Stefano son sólo el título en el lomo de unos dvd´s, ver jugar al fútbol al astro del Barça es una auténtica bendición.
Impresiona.
No hay en este momento ningún jugador en activo sobre la faz de la tierra capaz de hacernos sentir las sensaciones que transmite el pequeño argentino de 21 años. No hay parangón, no hay comparación posible. Ni siquiera el más guapo, elegante y gallardo Cristiano Ronaldo lleva el peligro que lleva Lionel con el balón controlado. Ni por asomo. Las comparaciones de Messi con el Kun son ridículas y dejan en evidencia a las personas o medios que las proponen. Agüero es un buen delantero. Uno de los grandes, si me apuran, pero Messi…Messi es otra cosa. Como escribió Relaño, “Messi sólo discute con la historia”.
Y esto conviene verlo desde una óptica objetiva. Debe ser duro admitirlo para los madridistas o para los poco simpatizantes por el “imperio deportivo-político” que es el Barça, pero Messi es la reencarnación de esa línea de dioses del balón mencionados anteriormente. El último vástago de la estirpe de los privilegiados. Una suerte de súper hombres que tienen un poder que los distingue del resto. Su mente, con un balón en los pies, va a más revoluciones que los otros futbolistas. Piensan más rápido que el resto de sus congéneres, lo ven más claro y fácil, por ello se atreven con lo que otros solo soñamos y, además, lo ejecutan con brillantez.
Yo les digo, sin embargo, que es posible para el resto de los mortales experimentar esa sensación de pensar más rápido, ejecutar con más velocidad y precisión. Yo lo he hehco y les voy a facilitar la fórmula. Si uno quiere vivir la misma sensación que debe recorrer por el cuerpo y la mente de Messi o algunos de esos genios del fútbol, sólo tiene que hacer lo siguiente: coja usted a su hijo pequeño (no más de 6 años, por Dios!!) y, si no tiene usted la dicha de tenerlos, un sobrino, un primillo, un vecinito también valen. Ponga un balón a rodar y hágale perrerías con el balón. Si el niño es especialmente torpe, eso ayudará mucho a la verosimilitud de la emulación. Abuse del toque, haga cañitos, finte hacia la izquierda y váyase por la derecha. Espere a que el niño se aproxime al cuero, creyendo ilusamente que va a tocarlo, y cuando vaya a hacerlo, estire su pierna y recórtelo, yéndose en velocidad después con toda facilidad. Algún sombrerito también es muy recomendable, una bicicleta a la izquierda, otra a la derecha. Si el crío se enrabieta y empieza a soltar patadas y lanzarse al suelo a por usted, ya el nivel de simulación con la realidad alcanzará el paroxismo. En ese momento, cuando deje a su rival en el suelo frustrado por no alcanzarle, sin quererlo ustedes, se les pondrá cara de Messi.
Congratulémonos de estar viviendo la época de Messi, de ser los testigos directos del epítome de una generación de futbolistas. De ver a un jugador entre un millón. Además, de verlo cada domingo en nuestra liga y, gracias a la Sexta, casi siempre gratis.
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