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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

El Ejército que nos prepara la Chacón

Miguel Massanet
Miguel Massanet
viernes, 9 de enero de 2009, 05:46 h (CET)
No puedo llegar a entender como, en Madrid, el señor alcalde, Ruiz Gallardón, ha podido consentir que S.M. el Rey Gaspar le acompañara en la puerta del Ayuntamiento con un pañuelo palestino al cuello. El que, bajo las reales vestiduras de S.M, se escondiera la maléfica influencia de un concejal de IU, un tal Daniel Álvarez, no le quita ni un ápice de responsabilidad al señor Gallardón, que debiera de haber previsto que, para tan importante, representativa, religiosa, delicada y especialmente dedicada a la infancia encomienda, no era la persona de un edil comunista, probablemente ateo y, sin duda, imbuido del tradicional odio hacia Israel y sus pobladores, la más adecuada. Es algo que les supera a estos “esforzados” defensores de la laicidad de la nación, es un sentimiento irreprimible el que les obliga, hasta en la circunstancia menos adecuada, a mostrar su faceta progre y dar suelta a sus más arraigados impulsos reivindicativos, que les hacen ponerse de parte de los terroristas, sólo porque quienes se defienden de ellos lo hacen de la única forma que existe para deshacerse de ellos, como se ha venido demostrando a lo largo de la historia de Palestina e Israel. Claro que, todos ya sabemos lo de la piel camaleónica del señor Gallardón, que lo mismo se encuentra a gusto en una fiesta gay que en una reunión con Zapatero y eso que tiene aspiraciones confesadas e inconfesables a alcanzar la presidencia del PP.

Pero ya estamos curados de espantos y semejantes meteduras de pata ya las aceptamos como normales, como algo cotidiano e inevitable a lo que, si queremos sobrevivir en esta España que están construyendo las nuevas generaciones, no nos quedará más remedio que adaptarnos; aunque ello nos cueste tener que doblegar nuestra moral, renunciar a nuestro instinto patriótico y sepultar en el arcano más profundo de nuestro corazón, aquella imagen entrañable de una nación, solidaria, unida, respetuosa con la Constitución y las leyes, defensora de la familia, las tradiciones, la moral y la religión. Y es que, señores, si me lo hubieran jurado no me lo hubiera creído. Es algo que pudiéramos tener la tentación de tomarlo a broma pero que, si se analiza y se contextúa en lo que hoy se está convirtiendo nuestro Ejército, no sólo es motivo de preocupación para los españoles, sino que, no me cabe la menor duda de que, en sus tumbas, bajo los laureles que premiaron su heroísmo en defensa de la patria, el espíritu de todos aquellos militares que entregaron su vida por España; aquellos héroes legendarios que no tuvieron empacho en sacrificarse por sus conciudadanos; los miles y miles de soldados que supieron arrojarse intrépidos y generosos contra las bayonetas enemigas, para detener a cuerpo limpio el avance de las hordas invasoras que intentaban conquistar nuestro país; se revolverían indignados para reprochar, a quienes hoy ocupan los puestos que ellos dejaron vacantes, el haberse convertido en un remedo de ejército, en algo parecido a unas hermanitas de la caridad, dedicadas a dar biberón a los niños y a hacer calceta cuando se lo ordene la señor ministra; un ejemplo de cómo una pacifista y antibelicista, separatista, ha conseguido ocupar el lugar más alto en aquella institución que, por su raigambre y su historia, ha tenido siempre la misión de defender a España contra quienes quisieron invadirla, sojuzgarla o dividirla.

Hoy, para nuestra ministra de Defensa, lo único que ha de hacer el ejército es tener “una vocación de paz” y “no disparar sobre objetivos militares si por allí hay civiles”, algo muy fácil y bonito de decir, pero muy difícil de ejecutar si lo que se quiere es acabar con la resistencia enemiga. Pues, si esto es todo para lo que ha de servir la milicia, mejor sería suprimirla y así nos ahorramos un buen puñado de euros; porque, a cualquiera que no conociera la manera de pensar de la señora Chacón, se le pudiera ocurrir que los que han de ocuparse de conservar la paz son los políticos y si, a pesar de sus esfuerzos, no se consigue pararles los pies a los terroristas, a aquellos que pretendan doblegarnos; a los que desde el sur pudieran tener ambiciones anexionistas de la parte de España de la que fueron expulsados en 1492; fuera necesario actuares, es de todo punto necesario tener un ejército bien pertrechado, bien armado, dotado de los más modernos medios de defensa y ataque, para que les pueda para los pies y enseñarles que, cualquiera que quiera meterse con nosotros, se va a encontrar con la horma de su zapato. Para Alianza de Civilizaciones ya tenemos a Moratinos y a Zapatero, empeñados ambos en malgastar el dinero de nuestros impuestos para que una serie de paniaguados, inútiles y aprovechados, se llenen las faltriqueras. Vean ustedes los efectos de esta utopía zapateril, que cuando más falta haría que surgiese efecto menos muestras da de servir para algo; como se viene demostrando en los recientes acontecimientos de Oriente Medio que muestran a las claras que pretender arreglar viejos contenciosos procedentes de pleitos enquistados, las conversaciones, los apaños o las buenas intenciones, en la mayoría de veces, no hacen más que alargar los efectos de los odios retenidos. Algo así se está gestando en España con la estupidez que se han empeñado en poner sobre la mesa los del PSOE, con eso de la Memoria Histórica, que ha conseguido revivir viejas heridas, antiguas querellas y atenuados odios entre los dos bandos de la Guerra Civil.

Vean, sin embargo, la contradicción. Mientras la Chacón advierte al Ejército que se deberá apretar el cinturón, porque el presupuesto de defensa ha bajado; por otra parte parece que no les faltará dinero para dedicarlo a propaganda del “diálogo de civilizaciones”. ¡Estupendo! A los soldados les faltarán balas, chalecos o detectores de minas pero, eso sí, podrán llevar una insignia en la que diga “no nos disparen que hemos contribuido al diálogo de civilizaciones”, a ver si los adversarios se enternecen y, en lugar de dispararles con plomo, les lanzan caramelos, como hacen los pajes en las cabalgatas de los Reyes de Oriente. Para la Chacón, que vive en un mundo onírico donde no existe el mal ( supongo que, para ella, eso del aborto de niños en ciernes no es malo), un ejército que sirva para lo que se ha pensado utilizarlo no es lo que le “mola”, ella lo que busca es un ejército de militares que esperen la muerte tranquilamente, porque están en misión de paz ( 20, según la ministra, durante el año pasado), pero que no pueda atacar, contraatacar o matar a los que les están acosando; ejemplo Afganistán. Señora mía, usted lo que quiere no es ser ministra de Defensa; lo que usted busca es convertirse en la madre Teresa de Calcuta y al ejército en un conjunto de damas de la caridad. ¡Pues estamos frescos!

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