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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Felicidad en estado puro

Nuria Rubio (Madrid)
Redacción
viernes, 9 de enero de 2009, 06:01 h (CET)
Mientras redacto este texto, la Cabalgata de Reyes recorre alguna de las principales calles de Madrid, así como de otros muchos lugares de la amplia geografía española. Este peregrinaje de carrozas -derroche de luz y fantasía- constituye el broche final de las fiestas navideñas.

La noche del cinco de Enero es por excelencia la noche de los niños y de aquellos adultos que, por unas horas, buceamos en nuestro interior en busca de ese espíritu infantil que soñamos no haber perdido.

Esta noche quisiera poder borrar el paso del tiempo y ser esa niña que, tras ver la Cabalgata, se acostaba con la ilusión de que, a la mañana siguiente, todo lo que había pedido -con letra posiblemente ininteligible- en su "Carta a los Reyes Magos" estaría en el salón de casa. Quisiera poder asegurar -con esa certeza tierna que sólo nace de una fantasiosa mirada pueril- haber visto al Rey Baltasar (siempre fue mi favorito) colocar con sigilo los regalos. Quisiera poder, apenas clareara la luz del día, abrir con evidente excitación cada paquete antes de desayunar, como reza la tradición, una porción de delicioso roscón.

Si todo ello fuera posible, si fuera posible recuperar la ingenuidad y la inocencia de antaño, si fuera posible creer en mi Rey Baltasar con la fe ciega que creía entonces, le escribiría hoy una tardía carta en la que sólo anotaría -con letra enorme y lo más clara posible-: "Me conformo con ser feliz a ratos". Le pediría, eso sí, que me trajera la felicidad envuelta en papel de regalo, como si de un objeto tangible se tratase, al que pudiera tocar, abrazar con fuerza como a mis antiguas muñecas, para que no escapara con facilidad entre mis dedos... Entonces, únicamente entonces, degustaría esa porción de roscón con el añorado paladar de la infancia, con la alegría intacta de quien todavía no conoce el lado amargo de la vida, ese que ningún niño del mundo debería conocer jamás.

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