Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Etiquetas:   Botella al mar   -   Sección:  

Dakar está en Sudamérica

Fernando Mendikoa
Fernando Mendikoa
jueves, 8 de enero de 2009, 05:46 h (CET)
No pretende ser esta botella al mar de hoy ninguna clase de geografía: ya me dirán ustedes mi futuro como profesor de esta disciplina, después del título elegido. Así no vamos a ninguna parte: y nunca mejor dicho. La razón de dicho título responde, más bien, al destino que esta edición del rally más famoso del mundo ha debido tomar por exigencias del guión. Llegado a su 30ª edición, y tras un año sin disputarse por razones de seguridad (y a la espera de que, quizá, regrese a continente africano en 2010), el Dakar ha hecho las maletas y ha cruzado el charco, en busca de renovadas fuerzas, pero con el objetivo de mantener el espíritu aventurero que le ha hecho mundialmente famoso.

Cuentan las crónicas que Thierry Sabine se perdió en el desierto del Teneré, allá por 1977, cuando disputaba por tercera vez el Rally Costa de Marfil-Costa Azul, entre Abidjan y Niza, a bordo de su Yamaha XT 500. El piloto francés era cuarto, hasta que un error de cálculo le llevó al lugar equivocado: “Me doy cuenta de que mi situación es difícil.. Dos días después, no tengo brújula ni reloj, se estropearon en una caída mientras trataba de hallar la ruta perdida. Son ya dos días y dos noches perdido en el desierto, bajo un sol que comienza a hacerme perder la razón. La total ausencia de sombra es una sensación opresora, que engendra un sentimiento parecido al de la claustrofobia. Entonces, decido alejarme de mi moto. En calcetines y succionando las piedras para provocarme saliva, comprendo que mi vida vale cada vez menos. Y es entonces cuando prometo que, si salgo con vida de esta experiencia, barreré cuanto de superficial contenga mi existencia”, recordaba Sabine en su libro “París-Argel-Dakar”.

Dos años después, en 1979, asistíamos a la 1ª edición del Rally Dakar, cumpliendo así los sueños y las promesas del piloto francés, quien encontraría la muerte el 14 de enero de 1986, cuando el helicóptero de la organización en el que viajaba se estrelló contra una duna, muriendo sus cinco ocupantes. Las cenizas de Thierry Sabine fueron esparcidas por el desierto del Teneré, donde hoy día una placa en un árbol recuerda al creador del Dakar. Desgraciadamente, no han sido estas las únicas muertes habidas en este rally. Más de 50 personas han fallecido desde 1979, entre participantes, periodistas y habitantes de las zonas de paso de la prueba, lo que ha llevado a diferentes organizaciones a pedir en repetidas ocasiones la suspensión de la carrera, alegando que se trata de un montaje publicitario en el continente de la pobreza, el hambre y el endeudamiento..

Y, sinceramente, no les falta razón a los que vierten dichas acusaciones, en uno y otro sentido. Por lo general, ineludiblemente acaba sucediendo lo mismo en este mundo nuestro: todo se acaba convirtiendo en el vil metal, para alegría y desgracia de los mismos actores de siempre, mil veces repetidos. Y, asimismo, casi todo se acaba haciendo por idéntico motivo, bien sean fraudes en Bolsa, o genocidios en cualquier lugar de África, en Palestina o en Irak, donde de nuevo vemos a los mismos eternos vencedores y perdedores. Y conste que, en este caso que hoy nos ocupa, responsabilidad de su creador, ninguna, para ser plenamente honestos. Cuando Thierry Sabine buscaba un rayo de esperanza entre los infinitos e implacables rayos del sol del desierto, no pensaba en dinero, ni en fama, a la hora de “barrer cuanto de superficial contuviera su existencia”. De hecho, es casi seguro que lo primero a barrer fuera precisamente eso.

Llegados a la hora final, o a la hora que uno cree final (que, a efectos prácticos, viene a ser lo mismo), lo último de la lista de deseos y sueños es el dinero; lo primero, sin la menor duda, es la vida. Vivir y, muy posiblemente, voltear de forma absoluta, y ya para siempre, los valores que uno tenía por tótems intocables hasta entonces. Sabine solo pensaba en aportar su granito de arena (la del desierto) a lo que él entendía como forma de ver el deporte, el mundo y la vida, y eso jamás podrá criticársele: más bien al contrario. Y es que, en verdad, lo que después hagan con la obra de uno no corresponde a su creador. La diferencia es que los que hoy día están detrás del Dakar piensan que su cuenta corriente vale cada vez más, y no que su vida valga cada vez menos, como pensó Sabine en el desierto del Teneré donde descansa eternamente, o como hoy día piensan millones de personas en el mundo, comenzando por la devastada y saqueada África.

Noticias relacionadas

El lado golpista del Frente Guasu

Los seguidores del cura papá Fernando Lugo acusan de golpistas a varios entes, empresas y medios con los cuales siguen vinculados

Telecinco condenada por el Tribunal Supremo por realizar publicidad encubierta

Clemente Ferrer

Empecemos a soñar con Madrid 2020

Los votantes del COI tienen un sentimiento de deuda con la candidatura española

Se acabó la Liga escocesa

Habrá que acostumbrarse a ver como el dueto Madrid-Barcelona, nuevamente, lucha por ganar la próxima Liga, mientras que los demás juegan y pelean por la “otra liga”

¿Cristiano o Messi? Y tú ¿De quién eres?

María Xosé Martínez
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris