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Etiquetas:   Cristianismo originario   -   Sección:   Opinión

Paz a los hombres y mujeres de buena voluntad

Santiago Marañón
Vida Universal
martes, 6 de enero de 2009, 18:27 h (CET)
¿Por qué hay tanta violencia en nuestro mundo, cuando, en el fondo de nuestro corazón, la mayoría de la humanidad anhelamos la paz? Cada día los medios de comunicación nos dan a conocer más y más casos de agresividad, odio, violencia y muerte. Nos llaman la atención porque estos comportamientos agresivos y, muchas veces crueles, tienen que ver con seres humanos: guerras, asesinatos, terrorismo, etc. ¿Pero nos hemos parado a pensar si estos hechos, aparentemente aislados unos de otros, no se enmarcan en un modo de actuación incrustado desde hace siglos en nuestro mundo, en nuestra sociedad y a fin de cuentas en nosotros mismos? ¿No es violencia el modo en que los seres humanos tratamos a la madre Naturaleza y a sus criaturas, sobre todo a los animales? Los seres humanos justificamos la violencia contra la Naturaleza y sus criaturas, muchos incluso justifican la guerra. Con todo, la violencia es violencia no importa de dónde venga ni cuál sea su destino.

Nuestra sociedad se llama a sí misma cristiana. A nuestros hijos se les enseña en sus colegios los grandes progresos de la civilización cristiana. Hablando con seriedad, es una burla el hecho de denominarse cristiano, cuando hacemos justamente lo contrario de lo que Cristo nos enseñó: "Bendice a los que te maldicen, haz el bien a los que te odian". Él enseñó el pacifismo del corazón, pacifismo que surge del amor a toda la creación, del respeto a toda la vida, a todos los seres, no importa si son más grandes o más pequeños, pues "lo que hagáis a la más pequeña de las criaturas, me lo estáis haciendo a Mí".

La Navidad está cerca, nuestras ciudades y pueblos comienzan a adornarse con luces y las tiendas comenzarán a llenarse de clientes y nuestras mesas de manjares. Sin embargo, tristemente, la violencia seguirá su curso implacable sobre los animales, convertidos en cadáveres y servidos en nuestras mesas, sobre la naturaleza, expoliada y maltratada, y se ejercerá violencia sobre los seres humanos, mayor cuanto más débiles e indefensos sean. Ahora que nuestra sociedad está entrando cada vez más en una crisis económica y muchos seres humanos ya no podamos celebrar la Navidad como deseáramos, sería bueno, incluso necesario que recordáramos el mensaje que vino a traernos Jesucristo, el mensaje del amor y de la paz. "Paz a los hombres de buena voluntad".

La guerra, la violencia en general no surge de la buena voluntad que trae la paz, sino de la voluntad propia egoísta, que desea lo que el prójimo tiene, o que no acepta lo que el prójimo dice o hace, o que no le importa cuáles sean las consecuencias, siempre que consiga aquello que desea...

Ya la presión que se ejerce sobre uno mismo o sobre los demás puede considerarse violencia. Quizás un comportamiento cruel y violento tiene su comienzo en una pequeña presión sobre nuestro sistema nervioso. Está comprobado que por esta presión, en forma de codicia, deseos exagerados, odio y enemistad «a través del sistema nervioso se eliminan entonces sustancias venenosas. Estas van al cuerpo. Se podría entonces decir que la guerra empieza primero en nuestros pensamientos. A menudo empieza por deseos, por ansiedades, por pasiones. Si no se satisfacen, …, surge la agresión, luego el odio, la envidia, la hostilidad». Esta cita ha sido tomada de un excelente programa de TV en Astra « Die Neue Zeit - El Nuevo Tiempo », que explica estas relaciones con detalles hasta ahora no considerados por la ciencia. Y todo este caos termina por instaurarse en el propio cuerpo en forma de enfermedades o golpes del destino.

Cada uno ha de decidirse: a favor de la paz o a favor de la guerra, no hay nada más en medio. Para aquellos hombres y mujeres de buena voluntad que aman la paz, Dios dio grandes ayudas que la humanidad ha despreciado y que no obstante son nuestra única salvación: Los Diez Mandamientos y el Sermón de la Montaña que nos trajo Jesús.

"Contribuya a la no violencia. Traiga la paz a su vida, a su entorno... y si quiere, cuentenos cómo lo hace".

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