Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Algo más que palabras   -   Sección:   Opinión

Soledades que matan

Víctor Corcoba
Víctor Corcoba
lunes, 5 de enero de 2009, 14:20 h (CET)
La legión de soledades sigue en alza. Es el batallón de la muerte. La soledad del niño en el cuarto de máquinas, su madre con otro y su padre con otra, y él en ninguna parte como juguete de feria. La soledad de las víctimas por la violencia de género. Mucho decir político, pero poco obrar poético. Los jueces piden ahora, después de vidas sesgadas, que se comunique a la víctima si el agresor sale en libertad. La soledad de familias que ni se miran a los ojos. La soledad del enamorado cuando sólo es él quien ama. Ciudades grandes, soledades inmensas. Colmenas humanas, avisperos de soledad. En soledad soy nadie, en compañía mucho menos. ¿Qué hacer con tantas soledades impuestas? ¿Qué hacer con tantos silencios tragados, echando tristeza por los labios? Gloria Fuertes tenía su propia receta, que transcribo: “Desde este desierto de mi piso/ amo en soledad a todos/ y rezo un poema por los analfabetos del amor”. Vivir a base de darme, de darnos y abrazarnos, se ha perdido y este desajuste pasa factura.

Me pregunto, pues, ¿por qué sigue en ascenso la soledad que mata y no el amor que resucita? Resulta paradójico y perverso que en la era de la mundialización, cuando las posibilidades de comunicación e interacción con los demás han alcanzado una dimensión que las generaciones precedentes apenas podían imaginar, tantas vidas humanas sientan los muros de la soledad en el alma de su propia existencia. Se ha perdido la mirada tierna, la mano tendida, el buen día de los gestos. A cambio se ha ganado la mirada que fusila, la mano que golpea, y el corte de mangas como saludo. Olvidamos el abecedario del alma, sólo nos importa la semántica del cuerpo, el yo soy por encima de los demás, cuando lo importante es nuestro intelecto, nuestro discernimiento, nuestra sensibilidad. Sin duda alguna, precisamos romper con el hechizo de los bienes materiales y centrarnos, en cambio, en los valores que susciten acogida para que, en un futuro, sólo haya soledades de vocación. A fuego lento de amor se curan todos los virus, es la única salida.

Noticias relacionadas

Opus Dei: Comentario crítico a una carta (XLI)

Poderoso señor es don Dinero

Cuando ruge la marabunta

Este 18 de julio me ha evocado la película de Byron Haskin (1954)

Límites de la justicia

​Discrepamos del enfoque del abogado Carles Mundó, político adscrito a ERC, respecto a las consecuencias del 155 en el cambio de orientación de las perspectivas

El 155 factor determinante en la recuperación de Cataluña.

“En el mercado libre es natural la victoria del fuerte y legitima la aniquilación del débil. Así se eleva el racismo a la categoría de doctrina económica” Eduardo Galeano

Genios anhelados

Son imprescindibles; pero abundan las tergi versaciones
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris