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Opinión
Etiquetas:   Cartas a un ex guerrillero  

¡Con el hambriento!...

Sor Clara Tricio
Sor Clara Tricio
lunes, 5 de enero de 2009, 14:20 h (CET)
Querido Efraín: Vino el Señor mismo, como doctor en caridad y rebosante de ella, compendiando, como de él se predijo, la palabra sobre la tierra, y puso de manifiesto que tanto la ley como los profetas radican en los dos preceptos de la caridad.

Recordad conmigo aquellos dos preceptos. Pues, en efecto; tienen que resultaros en extremo familiares, no sólo veniros a la memoria cuando ahora los recordemos, sino que deben permanecer siempre grabados en el corazón. Nunca olvidéis que hay que “amar a Dios” y “al prójimo”: a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser; y al prójimo, como a uno mismo.

He aquí lo que hay que pensar y tener en cuenta, lo que hay que mantener vivo en el pensamiento y en la acción, lo que ha de llevarse hasta el fin. El amor de Dios es el primero en la jerarquía del precepto, pero el amor al prójimo es el primero en la acción. Pues el que te impuso este amor en dos preceptos no había de proponerte primero al prójimo y luego a Dios, sino al revés; a Dios primero y al prójimo después.

Pero tú, que todavía no ves a Dios, amando al prójimo haces méritos para verlo; con el amor al prójimo aclaras tu pupila para mirar a Dios, como sin lugar a dudas dice Juan: “Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve”.

No es más que una manera de decirte: Ama a Dios. Y si me dices: "Señálame a quién he de amar", ¿qué otra cosa he de responderte sino lo que dice el mismo Juan?: A Dios nadie lo ha visto jamás. Y para que no se te ocurra creerte totalmente ajeno a la visión de Dios: Dios -dice- es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios. Ama por tanto al prójimo, y trata de averiguar dentro de ti el origen de ese amor; en él verás, tal y como ahora te es posible, al mismo Dios.

Comienza, pues, por amar al prójimo. Parte tu pan con el hambriento, y hospeda a los pobres sin techo; viste al que veas desnudo, y no te cierres a tu propia carne.

¿Qué será lo que consigas si haces esto? Entonces romperá tu luz como la aurora. Tu luz, que es tu Dios, tu aurora, que vendrá hacia ti tras la noche de este mundo pues Dios ni surge ni se pone, sino que siempre permanece.

Al amar a tu prójimo y cuidarte de él, vas haciendo tu camino. ¿Y hacia dónde caminas sino hacia el Señor Dios, el mismo a quien tenemos que amar con todo el corazón con toda el alma, con todo el ser? Es verdad que no hemos llegado todavía hasta nuestro Señor, pero sí que tenemos con nosotros al prójimo. Ayuda, por tanto, a aquel con quien caminas, para que llegues hasta aquel con quien deseas quedarte para siempre.

Os envío los mejores deseos, y con la esperanza de que sigáis todos bien, recibir un cariñoso saludo, CTA

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