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Etiquetas:   Con el telar a cuestas   -   Sección:   Opinión

Lo entenderás ipso facto, "Bego"

Ángel Sáez
Ángel Sáez
sábado, 3 de enero de 2009, 15:24 h (CET)
Dilecta “Bego(ñac)”:

Lo entenderás (ya lo verás) a las primeras de cambio, con ocasión de la prima lectura, o sea, ipso facto. Te agradecí sobremanera que no me hicieras perder el tiempo, oro que me hicieron dilapidar otras escoliastas antes a espuertas, a manos llenas. Te pondré un señero ejemplo. Es sólo una hipótesis de trabajo, un supuesto. Imagina que otrora tú y el menda fuimos novios. Tú tuviste un desliz y me lo contaste y comentaste. Dejé de ser al momento tu pareja sentimental, pero te estuve, estoy y estaré “eviternamente” agradecido, porque fuiste sincera conmigo. A pesar del bofetón recibido, siempre tendré reservado para ti un lugar especial en mi caletre y te rememoraré con cariño, porque (puedes estar segura de ello), si me llego a enterar de tu resbalón por tercera persona y la susodicha metedura de gamba hubiera sido ratificada por otros testigos y, luego, al preguntarte por ella, confirmada por ti, el recuerdo que tendría ahora de tu persona sería el inverso o contrario, el envés o negativo del que es. Creo que así habrá quedado claro, cristalino.

Cierto. Sólo el primer correo que te remití no contenía mi firma electrónica. El resto la contendrán. Tengo varios amigos que me reprenderán por seguir, erre que erre, confiando en mis comunicantes, pero alguien debe dar el primer y ejemplar paso, si queremos que las cosas cambien a mejor e internet deje de ser, además de una estupenda herramienta de trabajo, esa empresa que fabrica aranas, medias verdades, o como quieras llamar a los embelecos, a tutiplén. Has deducido lo correcto.

Reconozco que el hecho de que te hayas sentido identificada conmigo y mis textos, que hayas experimentado apego y aprecio por mí, es algo que le ha venido, de perillas y de maravillas, a mi autoestima, que intento controlar al máximo y llevar, en todo “cronotopos”, sus riendas, para que no se (me) desmande.

El hombre (en genérico, sin hacer distingos por razón de sexo), “Bego” (estoy convencido de ello), es capaz de lo mejor y de lo peor, dependiendo de un motivo, colección o rimero de causas. Nada de lo humano nos es ajeno, escribió Terencio, si no marro. Hay y habrá actitudes que no cuadran ni encajarán ¿jamás? conmigo, pero, llegado el caso, la situación en concreto, veremos. Suele venírseme a las mientes muy a menudo el “yo soy yo y mi circunstancia; y, si no la salvo a ella, no me salvo yo” de Ortega y Gasset. Pero sospecho y sostengo que hay y habrá situaciones en las que tal idea no podrá llevarse a cabo de esa guisa, por razonamiento simple o argumentación compleja.

Me tengo por buena persona, pero (me temo que) quien me conozca el día que esté enfadado con todo el mundo e incluso conmigo mismo es lógico y normal que la opinión que saque de mí sea negativa, la peor seguramente. Y con razón (pues es la que le asiste y posee en ese concreto momento).

No desprecié la vida. Nunca lo hice, a pesar de mi, de ordinario, esquivo peregrinaje por este valle de lágrimas. Si la hubiera despreciado, “Bego”, alguna vez, de veras, no me contaría ni encontraría entre los vivos. He sufrido situaciones que me han puesto o llevado al borde mismo de la muerte (si me lees desde hace algún tiempo, sabrás de mis cánceres y variopintas intervenciones quirúrgicas —primero dije adiós a medio metro de colon, luego a lo que quedaba de él; más tarde...; actualmente porto una bolsa de ileostomía; ¡casi nada para el cuerpo!, ¿verdad?— y pruebas médicas —pronto me harán una nueva TAC de control— sin cuento).

Y debo terminar aquí ésta, porque cierran el Centro Cívico “Lestonnac”. Además de los de éste, suelo usar, de lunes a viernes, durante una hora al día (el tiempo máximo permitido), de bóbilis, los ordenadores de la biblioteca pública de Tudela (Algaso, en la ficción) y los de otro C. C., el de Lourdes, que está en el barrio del mismo nombre, donde resido.

No sé si será mañana, pasado o al otro, pero, desde ya, me comprometo (hago votos para que sea cuanto antes) a contestar convenientemente a todo lo que ha quedado en el aire, sin responder.

Recibe (y siente) el beso que te (man)da

Félix Unamuno.

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