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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

¿Por qué dejaron de ser de izquierdas?

Mario López
Mario López
sábado, 3 de enero de 2009, 15:24 h (CET)
La capacidad de los perpetuos reaccionarios para darle la vuelta al calcetín, para hacer acopio del lenguaje y la estética de sus más acérrimos adversarios -los denostados progres- es algo sobradamente conocido y que no puede llamarnos a engaño. Los pedantes arrogantes que en tiempos fueron militantes diletantes de una izquierda que aún estaba construyendo sus propios cimientos, en el umbral de nuestra recien recuperada democracia, son los que ahora se hacen llamar liberales y parece que acaban de descubrir las bondades infinitas de la economía de mercado, de su profeta americano y su particular versión de la Pax Romana, justo en el momento en el que parece que el Imperio hace aguas por sus cuatro costados.

Estos personajes de origen burgués, que coquetearon con el mundo obrero en sus años mozos y a un nivel exclusivamente onírico, hoy siguen donde siempre han estado, aunque, evidentemente, no sean conscientes de ello. Sólo en su fantasía han pasado por la izquierda y, súbitamente, han decidido resonsabilizar al socialismo del desbarjuste mental que han padecido y que creen, en un alarde de optimismo, haber superado y que es únicamente producto de su atribulado esnobismo juvenil. Y ahora nos quieren convencer de que son unos iluminados que militaron de buena fe en la izquierda hasta que huyeron de ella en cuanto descubrieron las perversiones del socialismo; perversiones de las que únicamente ellos se apercibieron porque sólo ellos estuvieron en el meollo del asunto, claro está. Su delirio resultaría irritante si no fuera porque, en realidad, es consecuencia exclusiva de una frivolidad pueril llevada al paroxismo y, más que otra cosa, lo que provoca es compasión. Estos personajes que ahora nos quieren explicar porqué dejaron de ser de izquierdas se pueden ahorrar el esfuerzo. Nunca fueron de izquierdas y el socialismo que conocieron andaba a medio camino entre el socialismo de salón -de su salón- y el que poco a poco se ha ido reconstruyendo, a pesar de ellos, tras salir de la clandestinidad. Hoy aún queda mucho por hacer para conseguir la izquierda que los trabajadores nos merecemos, pero estamos en ello. En cambio, ellos, los iluminados neoliberales, hoy como ayer están en la frivolidad, perpetuando un esnobismo que en un adolescente puede resultar simpático, pero que en un anciano resulta patético. Son tristes secuelas del franquismo. Y, como buenos conversos, absolutamente poseidos por el fanatismo inducido a través de una revelación tan falsa y ridícula como ellos mismos.

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