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Etiquetas:   Desde Francia   -   Sección:   Revista-arte

Burgueses frente a la muerte.

Elisa Garrido
Redacción
martes, 30 de diciembre de 2008, 23:00 h (CET)





Burgueses de Calais



Es 1437, durante la Guerra de los Cien Años, nos encontramos en el municipio francés de Calais. Tras un sitio que había durado un año, las disputas territoriales dejaban a la ciudad francesa en manos del rey Eduardo III sin víveres ni reservas.
La resistencia del pueblo era fuerte. Pese a verse sometidos a la falta absoluta de abastecimiento, la ciudad llega a imponer condiciones a sus atacantes, optando por proponer a éstos la permisión de entrar en ella a cambio de que sus habitantes pudieran salir libremente. Esto indigna todavía más a los ingleses, seguros de su superioridad.

De esta forma cuenta la historia Jean Froissart en su obra Les Chroniques de France (Crónicas de Francia):

Los de Calais vieron que la ayuda que estaban esperando no llegaba. Celebraron un consejo y les pareció que lo mejor era ponerse a la merced del rey de Inglaterra, si no podían encontrar mayor misericordia, que dejarse morir de hambre uno tras otro.

El rey Eduardo acepta respetar la vida de las gentes de Calais, cobrándose a cambio la dignidad y la vida de los seis hombres más notables de la región que deben rendirse a la voluntad del rey como sacrificio permitiendo la salvación de todos los demás.
Se entregarán en camisón, los pies descalzos, la cabeza descubierta y con una soga atada al cuello, portando la llave de la ciudad en sus manos.

El alcalde explica la situación ante su pueblo que observa enmudecido.
Uno de sus habitantes levanta la cabeza. Es Eustache de Saint-Pierre que se ofrece voluntario.
A él le siguen cinco de los hombres más ricos y notables, que heroicamente toman la decisión de sacrificarse, por voluntad propia, para salvar a su pueblo.

Los seis burgueses se atavían como era voluntad del rey y caminan juntos en una dolorosa procesión, cargando la llave de la ciudad, hacia su muerte.

Cuatro siglos más tarde, en 1840, nace Auguste Rodin en la ciudad de París y tres décadas más tarde se había convertido en uno de los escultores más innovadores de su época.
Su obra "La Edad de Bronce", de 1877, se comenta en todos los círculos artísticos por su realismo casi humano, algo que le costó la vergüenza de ser acusado (sin más pruebas que su talento para crear esculturas casi vivientes) de haber utilizado un modelo vivo para realizarla.

En 1884, el municipio de Calais le elige para ser el autor de una escultura que conmemore el dramático hecho acontecido en el pasado siglo XV y relatado después en Les Chroniques de France.

Rodin lee la obra de Froissart con interés e investiga sobre la personalidad de cada uno, centrándose en representar el sentimiento que invade a cada tipo de hombre en el momento en el que sabe que la muerte está cerca.

El resultado es un grupo escultórico cuya tensión dramática no tiene precedentes.
Cada personaje tiene una expresión individual y sin embargo, los seis están unidos por el sacrificio colectivo.
El encargo pretendía ser una memoria a la heroicidad y la liberación.
Eustache de Saint-Pierre había sido el primer burgués en presentarse voluntario y su figura debía destacarse entre las demás en una composición piramidal, pero el escultor decide colocar las figuras en la misma jerarquía y haciendo caso omiso a las críticas, se centra en expresar los sentimientos más profundos que cada individuo tiene ante su inminente final.

Frente a la escultura experimentamos las sensaciones del hombre resignado ante la muerte, el que está desesperado, el angustiado, el apático, el más joven al que le invade la indecisión y en el centro, Eustache, el que fue primer voluntario y el más anciano, que camina con una decisión impasible.

Uno de ellos porta entre las manos la enorme llave de la ciudad que es una alusión al sometimiento y rendición de Calais.

En lugar de resultar una escultura heroica, el realismo y la humanidad que las manos de Rodin dieron a los rostros y los gestos de los burgueses, la convierte en un monumento al sufrimiento humano y su impotencia ante la muerte.
Frente a ella, las figuras a tamaño natural que caminan hacia su final con enormes pies, te hacen sentir la verdadera impotencia ante el final y la fugacidad irremediable de esto a lo que llamamos vida.

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