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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Camino de la federalización de España?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 1 de enero de 2009, 15:57 h (CET)
Poco a poco se van descubriendo los inconfesables propósitos del señor Rodríguez Zapatero. Mientras una serie de malas noticias económicas nos están advirtiendo de que ya hemos entrado, oficialmente, en recesión y, el propio Banco de España, nos alerta del elevado déficit que, el propio Solbes admite, que a finales de este año alcanzará el 3% del PI; al tiempo que nos vamos apercibiendo de que el déficit exterior de España está situado sobre un 4’3%, alcanzando la cifra de 89.749 millones de euros; los activos netos del Banco de España frente al exterior descendieron en 14.127 millones de euros y el desplome de las inversiones directas de España en el exterior que, durante los diez primeros meses del 2008, sólo registraron salidas de 41.228 millones de euros, frente a los 78.401 millones del mismo período del año anterior (datos sacados de Libertad Digital); hoy nos hemos enterado de lo que se traían entre manos el señor ZP y el señor Solbes para sacarse de encima la presión de los nacionalistas y, de paso, evitar los agravios comparativos del resto de las autonomías.

El nuevo sistema de financiación tiene todas las características, según se desprende de las primeras informaciones aparecidas en prensa, de un paso más hacia la disminución del peso del Estado en las autonomías, de un reforzamiento de las más ricas, las que engendran más riqueza sobre las que engendran menos y, en tercer lugar, una mayor autonomía fiscal que permitirá que cada autonomía haga de su capa un sayo, lo que quiere decir que los ciudadanos quedarán en manos de quienes gobiernen en cada una de ellas en cuanto a los impuestos que deban pagar. Si la autonomía depende menos del Estado, si tiene más medios de recaudar impuestos y si tiene más libertad para gastarse lo recaudado según estime oportuno, si dispone de todas las transferencias fundamentales, entre otras, las relativas a una Justicia propia y una Hacienda independiente; deberemos reconocer que el papel del Gobierno Central va a quedar reducido a algo meramente representativo y testimonial.

Si el 90% por ciento de los recursos de las autonomías, como parece que se pretende, van a proceder de los impuestos cedidos ( frente al 70% actual) no entendemos muy bien como piensa el señor ZP y su vicepresidente de Economía que, con el 10% restante, les va a quedar margen para compensar a las economías más pobres, aquellas cuya industria sea deficiente, las que dependan del primer sector o sea de la agricultura, con poca densidad de población y con rentas bajas sobre las cuales les va a ser muy difícil establecer más cargas. A esta situación el señor Solbes le atribuye la particularidad de permitir que se produzca “un ajuste espontáneo” del sistema de financiación de cada comunidad. Ya sé que, como simple ciudadano de a pie no me corresponde estar a la altura de nuestros gobernantes y que, mis escasos conocimientos en materia económica, pueden llevarme a hacer un análisis equivocado de la situación pero, así y todo, tengo mis dudas de que, tal y como nos lo han explicado, este invento que se han sacado de la manga, tenga la virtud de compensar las desigualdades entre las distintas autonomías y, mucho me temo, que las más poderosas, las que generan más IVA e IRPF, van a ser las que se lleven la parte del león, cosa que no nos debería extrañar puesto que, por ejemplo, Catalunya, sigue teniendo la clave, con sus 25 diputados del PSC, de la gobernabilidad de la nación y el señor Montilla, siendo un simple monigote elevado a la categoría de mandamás, está subordinado a las presiones que sus socios de gobierno ejercen sobre él, para obligarle a forzar a ZP para que se rinda a sus peticiones, con el contundente argumento de que, en caso contrario, Catalunya pudiera dejar de sostenerlo en el gobierno.

No quiero ni imaginarme el panorama que se nos presenta si, como parece que se está pergeñando, en lugar de que el Estado vaya recuperando fuerza, recobrando la autoridad que, a lo largo de estos años, ha ido cediendo a través de cesiones a los nacionalistas, de claudicaciones en materia de estatutos, de incumplimientos consentidos de los preceptos constitucionales y de presiones directas sobre las instituciones de la Administración de Justicia, para influir en sus resoluciones o retrasar sus sentencias con el fin de evitar que la aplicación de la ley pudiera perjudicar sus proyectos de convertir a España en una república federal, en manos de los gobernantes de las distintas autonomías; con lo cual se pudiera dar el caso de que, cada una de ellas, tuviera un distinto sistema de gobierno, según quienes fueren los que hubieran salido elegidos en las urnas locales.

Al no existir, como en los mismos EE.UU, un eje común que aglutine a los distintos estados ( léase autonomías), que los vertebre, como ocurre en dicho país en el que, el sentimiento patriótico está muy arraigado y el amor a la bandera, que representa la unidad de la nación, es patente en todos los ciudadanos; es evidente que, en el caso de nuestro país, esta circunstancia no se da, especialmente, en algunas autonomías como Catalunya, País Vasco, Galicia y Baleares, lo que, con toda probabilidad, sólo crearía una situación transitoria, un paso intermedio hacia las aspiraciones secesionistas, que continuarían latentes a la espera de la situación propicia para dar el último paso hacia su completa separación de la madre patria. Me temo que estamos entrando en un terreno resbaladizo al que nos han arrastrado, sin ninguna necesidad, estos señores del PSOE que, bajo la influencia de un iluminado, se han metido en un berenjenal que es muy posible que acabe como, en otras ocasiones de nuestra historia, concluyeron experimentos de la misma índole. Es penoso que los haya que no sean capaces de aprender de la historia y se empeñen en darse de cabezazos con la misma roca de la terquedad y empecinamiento, hasta que acaban por partirse la crisma. Lo malo es que luego pagan justos por pecadores.

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