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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

En todas partes no cuecen habas

Sergio Brosa
Sergio Brosa
martes, 30 de diciembre de 2008, 13:05 h (CET)
En Nueva York se han parado proyectos de desarrollo por cerca de 500.000 millones de dólares debido a la crisis y la recesión crediticia. Un revés extraordinario a una industria que el año pasado aportó 130.000 empleos de afiliados sindicales, según crónica de Christine Haughney en The New York Times.

Los retrasos en el desarrollo de la ciudad, tal vez su mayor fuerza económica en las dos últimas décadas, significa que el aspecto de Nueva York permanecerá inalterado en los próximos dos años, porque no hay manera de financiar un proyecto.

Diversos indicadores muestran que los proyectos de desarrollo a escala nacional también se han visto afectados por las estrecheces de los mercados de préstamos. La tasa de crecimiento para la construcción y préstamos asociados para la promoción del suelo ha encogido drásticamente este año, al 0,08 % en septiembre, comparado con el 11,3 % para todo 2007 y el 25,7 % en 2006, según datos registrados por el Federal Deposit Insurance Corporation (FDIC) que es la entidad que conserva y promueve la confianza pública en el sistema financiero estadounidense, asegurando depósitos en bancos e instituciones de ahorro, por hasta 250.000 dólares; identificando, supervisando y orientando sus riesgos a los fondos de seguro de depósito y limitando el efecto en la economía y el sistema financiero cuando una institución bancaria entra en dificultades. Ellos sabrán de lo que hablan.

Pero en nuestro país no cuecen las mismas habas que en otras partes. Aquí huimos hacia delante desbocadamente sin freno alguno y a costa de subir los impuestos para que en esta época de crisis y recesión siga siendo el ciudadano quien pague los desmanes y delirios de grandeza de nuestros inútiles administradores públicos que carecen del más elemental conocimiento y experiencia de cómo gestionar no ya un ayuntamiento como el de Barcelona, sino el más minúsculo chiringuito.

Barcelona ya incrementó el 7,4% la recogida selectiva de basuras. El transporte urbano sube ahora por encima de la inflación; el 4,16 las autopistas de la Generalitat; el 6% en trenes de Renfe. Se mantiene en Catalunya el impuesto de sucesiones y un largo etc. Y el Ayuntamiento mantiene en marcha inútiles megaproyectos como el de hacer pasar el tren de alta velocidad por el centro de Barcelona, a riesgo de severas averías en la corteza urbana y al templo de la Sagrada Familia. Pero no importa que toda la vecindad se queje y los repruebe, nuestros ediles arrasan con todo ello porque es incierto que representen los intereses de la ciudadanía e imponen su poco sustentada voluntad, mirando únicamente sus intereses de partido y personales.

No hace ninguna falta esa obra a través de la ciudad, pues la Estación de Francia de toda la vida, remodelada y puesta en servicio como está, es la estación natural del AVE, pues está conectada a todas las líneas de ferrocarril de los alrededores, en todas direcciones.

También el alcalde Jordi Hereu pretende gastar que no invertir centenares de millones de euros en reconvertir la Diagonal en una avenida para el tranvía, vehículo obsoleto en este caso y caro… carísimo; imposible de amortizar ni con el beneficio social que supuestamente aportaría.

Para armonizar la circulación en el centro de Barcelona, habría que recurrir a la Congestion Charge de Londres, a fin de que los vehículos, sobre todo los de otros municipios que son la mayoría en las horas centrales del día, contribuyan a mantener los gastos de las vías de circulación y su descongestión.

O también, por qué no, recurrir al Pico y Placa, de Bogotá. Esta norma de tránsito impone una restricción de circulación obligatoria en el área urbana a automóviles particulares y de servicio público en horarios "pico" (horarios con mayor afluencia de tráfico), dependiendo del último número de placa el automóvil. Dentro de su aplicación, cada año se rota el día de restricción de acuerdo con el número de placa del vehículo. Si bien es cierto que uno allí puede escoger el número de matrícula –placa– de su coche.

Es claro que en tiempos de crisis como la actual, los proyectos urbanos no perentorios deben quedar postergados para la bonanza económica y utilizar los escasos recursos económicos y financieros de los que se dispone para potenciar la creación de empleo a base de ayudas estructurales a las pequeñas y medianas empresas, auténtico tejido industrial que ya fue capaz en su momento de protagonizar la revolución industrial en España, con la industria algodonera catalana, entre 1784 y 1861.

No se trata de volver al telar sino de volver a innovar. Con el actual nivel tecnológico se está en situación de crecer a partir de la buena gestión de ideas innovadoras. Ahí es donde han de converger los esfuerzos de los sabios pensantes que desde luego, ninguno de ellos ostenta cargo alguno en la política ni en los ayuntamientos. Pero los políticos han de estar más atentos a lo que se dice en las escuelas de negocios, sobre todo a aquellas propuestas que vienen de quienes han ostentado cargos de responsabilidad en corporaciones que han superado dificultades y ahora comparten su experiencia y propuestas con el mundo de la economía real.

Mi deseo para este Año Nuevo que se avecina es: Menos dosis de autocomplacencia por la redacción de proyectos urbanos con delirios de grandeza y más dosis de realidad cotidiana.

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