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Etiquetas:   Perspectiva de Levante   -   Sección:   Opinión

Israel ataca de nuevo

Domingo Delgado
Domingo Delgado
martes, 30 de diciembre de 2008, 13:05 h (CET)
Nuevamente el Estado hebreo ha cumplido sus amenazas de intervención militar en Palestina, tras los ataques desde territorio palestino con cohetes, y de nuevo la muerte se ha sembrado en oriente medio.

De forma que el conflicto palestino-israelí –que forma parte de un conflicto más general: el árabe-israelí- acomete un nuevo episodio bélico, que pone de manifiesto la herida abierta en la zona, una de las más calientes del planeta, y a la que no se le da solución pacífica por más conferencias y rondas de negociación que se realicen, pues el odio de los colectivos en lucha es de unas dimensiones escatológicas. Puesto que las soluciones bélicas sólo generan más violencia.

Así pues, se puede entender el derecho del Estado judío a su legítima defensa, ante el frecuente hostigamiento de grupos beligerantes palestinos, pero lo que no se puede admitir es una rotunda desproporción en el uso de la fuerza, como lo han hecho los hebreos, en una operación militar de respuesta que ya ha costado cerca de trescientos muertos, entre los que se encuentra población civil inocente.

Habrá quien diga que si Israel no hubiera respondido contundentemente, como suele ser costumbre en sus respuestas militares, hace tiempo que sus vecinos árabes lo habrían eliminado de la faz de la tierra, pero habrá que considerar que el derecho a su defensa y a su existencia nacional, no conlleva necesariamente que estén legitimados a dar respuestas de fuerza desmesuradas. Ya se sabe que el Estado judío aplica su conocida “ley del talión” con sus vecinos, pero la desproporcionalidad en el uso de la fuerza militar, y en sus resultados dañosos en vidas humanas, debe hacer que la Comunidad Internacional ponga mesura y razón donde parece no haberla. De ahí los lógicos y justos reproches de algunos Estados Europeos, como Alemania, señalando esa injusta desproporción. Aunque otros actores internacionales permanezcan en silencio en relación a la sobredimensión de la operación militar israelí.
Y resulta que ese silencio de algunas potencias occidentales, como el caso estadounidense –tradicional aliado de Israel-, le presenta como cómplice ante el mundo árabe, lo cual cae como gasolina ante las “brasas activas” del fundamentalismo islámico, incendiando de odio a un importante sector de la población mundial, que se ha movilizado en el terrorismo internacional, aumentando la inestabilidad de la seguridad mundial.
Por otro lado, en el área de la caótica autoridad palestina, desde el cese del liderazgo de Arafat –ya desaparecido-, con la concurrencia en el poder palestino de grupos extremistas como Hamás –auténtico Estado, dentro del Estado-, lejos de buscar una pacificación del conflicto, sólo se dedican a cultivar el odio antijudío y antioccidental, promoviendo acciones terroristas contra sus vecinos israelitas, que a su vez, se ven obligados a tomar medidas defensivas, que acaban –como en el presente caso- en una ofensiva militar en toda regla, generándose una diabólica espiral de odio y violencia inacabable, envenenado las relaciones de gran parte del mundo árabe con occidente. Y como si de una dinamo se tratara, van cargando mutuamente, y de forma progresiva un ambiente, ya de por sí enrarecido, que acaba por estallar en cualquier momento, y con cualquier motivo. Siendo este episodio uno de esos “chispazos de la dinamo infernal” que se ha instaurado en las relaciones de vecindad del lugar.

De manera, que alguien debe poner racionalidad y serenidad, en medio de tanta irracionalidad y violencia, para que se alumbre una solución de consenso entre las partes en conflicto, que tenga una eficacia y perdurabilidad mayor de la que le dieron los “Acuerdos de Camp David”. Que necesariamente habrá de pasar por “desparasitar” la zona de fanatismo y de odio, dando paso a medidas de desarrollo económico y estabilidad política en Palestina. Pues la paz debe asegurarse con el progreso económico-social y con la justicia, para que resulte estable. Algo en lo que tendrá que ponerse a trabajar seriamente Estados Unidos, si no quiere que este perenne conflicto se extienda de forma más acusada, en confrontación antioccidental en el mundo árabe, y en el terrorismo internacional.

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