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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Kenia: escapar a la más cruel de las mutilaciones

Maite Vaquero (Pamplona)
Redacción
martes, 30 de diciembre de 2008, 02:28 h (CET)
Centenares de niñas, de edades comprendidas entre 7 y 17 años, han encontrado refugio en el recinto de dos iglesias de Kuria para escapar al ritual de la mutilación genital femenina, una práctica corriente, aunque ilegal en ese país, según nos informaba la agencia de noticias IRIN (www.irinnews.org) hace unos días.

El alto responsable de la UNICEF se ha desplazado al lugar, en las regiones de Kuria Este y Kuria Oeste a comienzos del mes de diciembre para evaluar la situación y las necesidades, en términos de protección de 340 niñas, que habían huido para evitar la mutilación genital femenina. La mayoría de estas chicas han sido confiadas a las iglesias por sus padres, que se oponían a las presiones ejercidas por sus comunidades, los ancianos y los abuelos, para llevar a cabo la mutilación.

Según el responsable, la MGF es un problema grande y esas niñas, refugiadas en dos iglesias, no representan más que un pequeño número de víctimas potenciales de esta práctica. Es posible que varios centenares de niñas de 15 o 16 años hayan sufrido la mutilación. Se ha realizado un gran esfuerzo para sensibilizar a las niñas y a la comunidad en su conjunto acerca de los peligros de esta práctica, pero hay que asegurarse de que los que animan a realizar la MGF respondan ante la ley, ya que está prohibida por la Sección 14 de la ley sobre la infancia.
Según Ahmed Hussein, director de los servicios de protección de la infancia, el gobierno ya ha proporcionado los víveres suficientes para que las niñas puedan alimentarse durante dos semanas, pero lo importante ahora es que estas niñas, no sólo estén seguras en las iglesias, sino que puedan volver a su casa y continúen con su formación en la escuela. Habría que asegurarse de que estas niñas no sean golpeadas ni sufran ablación al volver a casa.

Según un estudio llevado a cabo por la UNICEF, esta práctica se realiza todavía en la mayor parte de las regiones de Kenia. Las pruebas de que se dispone indican que la mutilación es moneda corriente, especialmente en las zonas rurales y entre las mujeres con menos formación. La tasa de MGF en las dos regiones de Kuria se sitúa entre el 75 y el 90 por ciento, variando la edad de las chicas entre los 12 y los 14 años. Parece que la comunidad se refugia tras una historia, una tradición y culturas que dictan que una chica, si no sufre la ablación, puede quedarse embarazada y deshonrar a su familia. Se constata igualmente una estigmatización de las chicas que no se someten a la MGF. El estudio recomienda educar a los padres y a la comunidad, para que estas chicas no sufran discriminación.

Cada día, unas 6.000 niñas sufren mutilación genital. Se realiza casi siempre sin anestesia, y puede tener consecuencias en cuanto a la salud para toda la vida. Se dan infecciones crónicas, dolor en las relaciones sexuales y durante el parto. Muchas niñas mueren durante el corte, por la pérdida de sangre o por infecciones. El trauma psicológico dura toda la vida.

En todo el mundo se calcula que unos 100 millones de niñas han sufrido la ablación del clítoris. Se realiza de distintas formas, desde el corte del clítoris hasta la extracción de todo el aparato genital externo, dejando sólo una pequeña apertura vaginal, lo que se llama infibulación. Esta práctica se considera un rito de iniciación y es requisito para el matrimonio. Se asocia frecuentemente con el Islam, pero no hay mandato alguno en el Corán que aconseje su práctica. Se extiende en el centro del continente africano, en algunos países asiáticos y entre los inmigrantes de Europa y América del Norte.

Los movimientos para erradicar esta práctica están en aumento, aunque los apoyos de los organismos internacionales son mínimos. Menos de un 0,1% del presupuesto de UNICEF se destina a prevenir la mutilación genital femenina.

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