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Justicia, ¿pero, qué se ha hecho de ella?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 27 de diciembre de 2008, 23:07 h (CET)
Soy humano y por ello comparto gran parte de los defectos que tal cualidad comporta. Debo confesar que, como les ocurre a tantos millones de compatriotas, me dejo arrastrar por los placeres de la carne… de la carne del pavo y del lechón, quiero decir, y de los turrones, el buen vino y el cava fresco y burbujeante; y, como es natural, estos excesos a determinadas edades si bien, todavía, no han podido conmigo; es cierto que me producen un cierto estado mental pre-catatónico en el que me resulta harto complicado poder concentrarme en un trabajo determinado. Pero no hay pereza ni atracón que se resista a un café bien cargado y al feo vicio de leer alguna prensa que, vean por donde, tiene la rara cualidad de servir de revulsivo, incluso para la persona menos dispuesta a alterarse.

Y es evidente que, cuando en un país el Gobierno de la nación empieza a actuar como si, en lugar de gobernar, fuera la oposición y en el momento en que, la oposición, en lugar de ejercer su crítica despiadada contra los errores gubernamentales, entra en catarsis y empieza a darse golpes de pecho, abjurando de sus principios y convirtiéndose en el más firme apoyo del partido en el poder; no nos debería extrañar que el país vaya dando tumbos y los pobres e indefensos ciudadanos de a pie, empiecen a pensar que hemos entrado en el caos, el agujero negro del que ni los fotones pueden escapar, el horrible lugar del Infierno, llamado Antenora, donde los traidores a la patria purgan sus delitos, castañeando los dientes a causa del inmenso frío provocado por el hielo de sus propios corazones. Así, no nos debería sorprender un ápice el que, si quienes llevan las riendas de la nación y aquellos otros que debieran ocuparse de vigilar que los corceles que “tiran del carro” –utilizando la, un tanto plebeya, expresión empleada por S.M. el Rey, en atinada alusión a lo que debiera ser el esfuerzo conjunto de todas las fuerzas políticas del país, para intentar superar la recesión –; resulta que no son capaces de seguir el rumbo correcto, porque están en aquello de “si son galgos o podencos”; entonces, señores, no nos llevemos las manos a la cabeza si la Justicia se politiza.

Porque, resulta poco menos que incomprensible, que el CGPJ hay acordado dejar la sanción al juez Tirado en una simple multa de mil quinientos euros, por una negligencia en ejecutar la condena de un señor, por llamarle de alguna manera, declarado pederasta, que aprovechó el estar en libertad para dedicarse al ejercicio de su desviación con la fatal consecuencia de la muerte de una pobre niña inocente. Yo no sé si la estricta aplicación de la ley puede llegar a conducir a semejante aberración o si el corporativismo de clase pueda haber influido en no castigar, adecuadamente, la falta; pero lo que sí sé es que, toda la condescendencia que se ha aplicado a resolver este caso, toda la “escrupulosa” defensa de los derechos del juez Tirado y toda la magnanimidad de los juzgadores en dejar convertida la sanción merecida por la infracción cometida, a la mísera cifra de 1.500 euros de multa; parece que, en otros casos, no han sido tenidos en cuenta..

No obstante, donde se produce la verdadera injusticia; donde salen a relucir las influencias del poder político sobre el judicial; donde se aprecia un verdadero ensañamiento en los juzgadores y una desproporción manifiesta en la forma de entender la culpabilidad de un determinado juez respecto del otro –que ha cometido una negligencia consecuencia de la cual una niña es asesinada –; ha sido en la resolución que se ha dictado en el caso de un juez de Murcia, don Fernando Ferrín Calamita, al que, el Tribunal Superior de Justicia de la región de Murcia, ha condenado a dos años, tres meses y un día de inhabilitación para empleo o cargo público. Y ustedes seguramente se preguntarán, intrigados, ¿qué hizo este hombre para que se le aplicara una sanción tan rigurosa?, ¿acaso dejó huir a un criminal peligroso?, ¿puede que permitiera salir a un violador peligroso que inmediatamente violó a una menor? No, señores, nada de esto, este juez se limitó a querer enterarse si dos lesbianas que querían adoptar a una niña, reunían las condiciones para garantizar que, dicha menor, sería educada y atendida debidamente, ¡Sólo esto!.

Pero claro, aquí entramos en terreno privado del PSOE, aquí rozamos la piel sensible del socialismo militante, que ha legislado a favor de los homosexuales y lesbianas; aquí tocamos la fibra sensible de la Bibiana Aído y de todas las ministras feministas del Ejecutivo. ¡Se debe actuar con dureza, no importa si los menores puedan se inducidos a la aberración de la homosexualidad porque, los socialistas, los doctrinarios de la revancha contra la moral y la religión cristiana, se han ocupado de legislar para que, estos señores, puedan casarse y formar un hogar como si esto fuera lo más natural del mundo! Y hete aquí que, el alto tribunal murciano, ha juzgado oportuno machacar a un juez, al que su conciencia le impedía aceptar que, una criatura normal, pudiera caer en manos de una familia constituida por dos madres que no podían engendrar, porque no hay forma de que dos mujeres, por muchas guarradas que hagan, puedan concebir, si no es con la ayuda del sémen del hombre. Observen ustedes ambos casos y díganme si es posible que el primero se salga de rositas pagando sólo 1.500 euros y, el otro, un juez que ha demostrado tener sentido común, ser responsable en su cometido, intentando proteger un bien jurídico, como es el del derecho del menor de crecer en una familia normal, y ser educado de forma que tenga libertad para elegir, por sí mismo, su opción sexual, sin que venga condicionado por estar inmerso en un ambiente contra natura.

Luego se extrañarán, se lamentarán de ser criticados, nos saldrán con aquello de que la ley no permitía otra salida y todas estas zarandajas de leguleyos, pero que no son más que trucos legales, desviaciones políticas y mangoneos de la izquierda, para intentar subvertir la mentalidad de la ciudadanía española, para que se vaya acostumbrando a aceptar su dogmatismo; su adoctrinamiento ( vean el caso de la asignatura “ Educación para la Ciudadanía”); su revanchismo en contra de la religión, su principal enemigo, y su pretensión de convertir a un país “aconfesional” en uno hecho a su imagen y semejanza; en el que imperen la libertad para abortar; la facilidad para librarse de los ancianos (eutanasia) la permisividad para todo tipo de excentricidades y desviaciones sexuales, todo ello encaminado a tener domesticada a la población y a implantar un nuevo tipo de sociedad de “pensamiento único” donde ni la moral ni la ética ni el sentimiento religioso, tengan cabida, sustituidos por un materialismo laicista que les permita librarse ( ya lo están consiguiendo) de la familia tradicional y de cualquier valor o principio que vaya en contra de sus instintos igualitarios y totalitarios. Y es que vamos camino de que suceda lo que ya decía Unamuno: “El hombre es un producto social y la sociedad debe impedir que se pierda para ella”. Hasta ahora parece que hacemos poco para impedir que así sea.

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