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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Como gotas de agua

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 26 de diciembre de 2008, 01:46 h (CET)
¡Lástima grande … que no fuera verdad tanta belleza! Como dijo el Petrarca.

Esta de hoy es una experiencia sencilla, está al alcance de cualquiera y es expresiva en sí misma. Se trata de una vivencia montañera. Una simple observación de la naturaleza, de las diferentes formas adquiridas por las gotas de agua en los distintos puntos del recorrido, en el ascenso o en el descenso, que tanto da, hacia la cumbre del monte GORBEA, o desde allí hasta el llano. Eso de, como una gota de agua, se muestra aquí con una espléndida serie de variaciones; como veremos, cada una de ellas compitiendo por una belleza y una vivacidad inigualable. Por una vez, cuando varían los aspectos, no topamos con rechazos incongruentes u olvidos de sus esencias; siemplemente observamos unas manifestaciones complementarias, cada una en su sitio y momento. Veamos si cabe entresacar algún paralelismo de cara a los comportamientos humanos, tan dados a lo excluyente, tan complicados.

Son tiempos fríos estos, como tantos otros, y más en estas elevadas cimas. El goteo de las nubes se transforma enseguida en minúsculos CRISTALES helados, duros y estimulantes en su poercusión sobre la piel del excursionista. El frío solidifica su textura, es lo natural, no sorprende a nadie. Constituyen el registro de una situación concreta ante la coincidencia de unas circunstancias determinadas, altura, temperatura, etc. ; no son apropiados para otras variables. La dureza domina en esta primera muestra. Quizá no diríamos lo mismo de esas mentes gélidas que responden duramente a la aproximación de los demás, no dan opción al calentamiento por cercanía. Esa “respuesta helada” que destacaba Ängel González, de tanta proliferación en los ambientes modernos.

Cuando abordamos los primeros metros del descenso, en ese comienzo de la ladera, las gotas han suavizado su consistencia y cambian de formato, se ahuecan como el , conforman los COPOS basculantes; blanquean el horizonte, modifican la agresividad del ambiente. Ahora, la frialdad se volvió más simpática, al menos, de tonos atenuados. No nos engañemos, sabemos de la fuerza que entraña su acumulación; apelmazados, pueden conrformar bancos de nieve, amenazantes y peligrosos. También en esto, entre la frialdad y la dureza, el muestrario ofrece una escala de bellezas, peligros y cualidades asombrosas. Como en tantos otros aspectos, los excesos constituirán el riesgo fundamental. Se blanqueó el ambiente, pero continua la frialdad; eso sí, sin perder un ápice de su naturalidad. Los humanos introduciríamos otras facetas peores, sobre todo a la vista de los sucesos y la frialdad de las relaciones habituales.

En estas cotas elevadas, sobre todo norteñas, también surge la indecisión. De pronto nos sobrevienen oleadas neblinosas de espesamiento progresivo; quedamos cercados, sin tiempo para una reacción adecuada, nos hemos metido de lleno entre una NIEBLA cerrada, su densidad impide hasta la visión; no distinguimos ni nun tronco, ni un precipicio, a tan sólo dos metros. La humedad no delimita las gotas. ¿Existen? ¿Son mera fantasía? Tal parece, como una simple pérdida del sentido visual, en la que no importaran el resto de los fenómenos, el resto de los sucesos acaecidos en su seno. Esas apreciaciones nos conducen enseguida al paralelismo con algunas de las personas del entorno. Echen, echen una miradita no más. Son ese tipo de gente de espíritu neblinoso, fuerte niebla en lo referente a muchas de sus conductas; no se definen, no se muestran, difuminándose por los mil resquicios de la sociedad. ¿Para bien? ¿Para mal? Quién lo podrá asegurar con semejantes ambigüedades; pero no será posible dudar de su existencia.

Acabamos de rozarnos con las formas indecisas de la niebla y dejamos atrás, poco a poco, las tongadas blancas de la nieve helada. Lo encrespado de la zona no está reñido con la presencia de ciertas zonas de recogimiento, más aplanadas, en las cuales se acumulan las aguas derretidas, que también nos acompañan por los derroteros del descenso. Entre los movimientos ajetreados, bien por los cambios de temperatura, bien por otros fenómenos atmostéricos; se agradecen estos remansos, estas pausas casi benéficas. Las gotas confluyen en los primeras CHARCAS de agua contenida, con fangos, sin urgencias. Son los primeros contactos con una cierta calma, en ellos se muestra la acumulación líquida, se comienza a sentir la necesidad de su evacuación. ¿Por qué caminos? ¿Qué escapatorias? Como ocurre con los individuos, se percibe la masificación, sin perfiles definidos, dispuestos al seguimiento gregario en cuanto se disponga de las primeras vías de escape. La significación se difumina dentro de la masa; es otra imagen de lo que acontece, no la única, con ventajas e inconvenientes.

Se van sumando los contenidos de las torrenteras, las gotas se han transformado en caudales de unas andaduras, cantarinas primero y ruidosas en cuanto incrementan su volumen. Los desniveles aún predominan, provocando los FRAGORES de esta agua que no pueden contenerse. Su rumor se escucha en una amplia contornada. Si exceptuamos el ruido y la belleza del momento, no hay lugar para muchas otras consideraciones; se impone el dominio de estas escenas. Es lo que ocurre con las actuaciones estrepitosas, apagan el eco de otras sensibilidades; si a ello añadimos la celeridad de los movimientos, no son posibles ni los mínimos controles. El espectáculo natural es inconmensurable, pero el sentido de tales movimientos dependerá de otras circunstancias y de las consecuencias derivadas, objetivos cumplidos o desperfectos originados. En estas secuencias, los saltos de agua representan un cambio de ubicación cargado de interrogantes. ¿En cuántas ocasiones nos vemos así, precipitados? Los riesgos son evidentes, difíciles de prever o amortiguar.

La belleza y la riqueza de matices de la naturaleza, en este seguimiento de las gotas de agua, no representa una exposición total. Aunque es evidente, aquí se muestra por enésima ocasión la existencia de parcelas ocultas, cuya importancia pudiera ser enorme y su repercusión abarca a toda la vida en el planeta. Cito como ejemplo, en el ciclo del agua, a las gotas que pudiéramos denominar NUTRICIAS. No son tan exhibicionistas como las referidas en los párrafos previos. Su ubicación tiende al subsuelo, empapando los terrones, participando en las savias alimentadoras y en las diferentes formas de vida. Existe una cierta disociación entre la existencia discreta y la fama de lo visible. No son incompatibles si se valora el conjunto; ahora bien, es tentador el encandilamiento detrás de las apariencias.

“Cuántos caminos debe un hombre recorrer …” ¿Se acuerdan de la famosa canción de Bob Dylan. Esto ya no es un cruce de caminos, es una madeja complicada. La magia de ciertos parajes, así como el fondo subyacente, nos ayudan en los planteamientos. ¿Las evidencias copan en exclusiva el panorama? ¿Cuál es el trasfondo? ¿Misterio? La magia se abre sobre un FONDO de ESPERANZA, íntimo y conectado con las profundidades.

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