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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Felices Pascuas?

Ángel Morillo (Badajoz)
Redacción
jueves, 25 de diciembre de 2008, 14:49 h (CET)
Un año más estamos a las puertas de las fiestas por excelencia: las pascuas.

Servidor que no es precisamente muy creyente, a pesar de que los años influyen bastante en esa faceta y uno va ya para arriba, siente deseo de escribir –bueno, deseos no faltan nunca- algo no tan reivindicativo como lo que escribe casi a diario y, con el respeto hacia todos, hacerlo de las pascuas. Pero estas no son como la mayoría, pues la sociedad las va a acoger de diferente manera según se esté o no afectado por la dichosa crisis. Aunque, es cierto, que para algunos siempre hay crisis y para otros nunca.

Así, los provocadores de la misma (sobre todo, banqueros que siguen subiéndose el sueldo, cobrando bonus y blindajes que sólo condonan deudas a la política protectora) los que han recibido el mejor “aguinaldo” gubernamental vía avales (¿Avalar no es poner la cara por alguien? ¿Avalar no es fiarse? ¿Cómo hacerlo de quienes no se fían entre ellos mismos?) y quienes les apoyan, con el dinero de todos, pasarán las fiestas, paradójicamente, disfrutando del buen marisco, del buen jamón, de los mejores turrones y el dom perignon (¿se escribe así? Como no he visto ninguna botella todavía…), el vino de reserva o gran reserva y harán a sus familiares los correspondientes regalos de las mejores boutiques y las mejores joyerías, sin olvidar esas colonias que huelen durante todo un día y que tienen un precio de escándalo.

Los otros, los afectados (a los que sí debería avalar el gobierno, ya que, es su responsabilidad y que son víctimas, así mismo, del socialismo para ricos que manda en España) se tendrán que conformar con algún polvorón almendrado, el turrón de Carrefour (en el mejor de los casos), el vino de la pitarra del abuelo bandurria y poco más. Y eso sí, con la alegría sana de la conciencia tranquila y, por supuesto, la zambomba y la pandereta y quizás la botella de anís para cantar el “saca la bota María que me voy a emborrachar”.

En fin, a pesar de todo lo que está pasando, es la pascua y nace el NIÑO JESÚS que –en este País-, se sea creyente o no, es el símbolo de la pobreza, de la humildad, de la decencia, de la honradez, de la paz, de la concordia, de la solidaridad y de todas las virtudes que atesoran millones de familias que a todos desean lo mejor. Incluidos –¡también!- los que con su avaricia les han despojado de lo poco que tenían.

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