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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Una buena noticia

María Romo de Oca
Redacción
jueves, 25 de diciembre de 2008, 14:49 h (CET)
¡Hola amigos! Una buena noticia para celebrar el día de la Navidad con alegría. Este año, millares de peregrinos han llegado a Belén. La mayor seguridad atrae a los visitantes después de años de grave sequía turística.

Los cristianos de Tierra Santa corren riesgo de extinción ¿Os dais cuenta que en la tierra de Cristo no haya cristianos? Llevaban allí siglos y por dificultades económicas, la guerra o persecución del resto de los árabes se ven obligados a emigrar.

Este año, alegría. Como hace 2000 años, las posadas de Belén están llenas. Los 19 hoteles de la ciudad han colgado el cartel de “completo” hasta finales de Enero.

Estos días se esperan ¡30.000! visitantes. Un buen balón de oxigeno. Pero hay que ayudar a los cristianos nativos que sufren mucho. Estos días suelen hacerse colectas ¡Sed generosos!

Para animaros, os cuento una experiencia que no olvidaré nunca: la primera vez que vi Belén. Fue hace bastantes años. Estuvimos quince días en Tierra Santa, Mirufa Zuloaga, como fotógrafa y yo como redactora y directora de AMA.

Publicamos prácticamente, un serial y hasta extranjeros llamaban a la revista para pedir la continuación…Nuestro destino, encontrar un carpintero en Belén con mujer y niño recién nacido. Se cumplió, gracias al alcalde católico de la ciudad y a todo el pueblo. Después, gran cena de las autoridades con cosas típicas.

La emoción al llegar, es ver las casas diminutas que se agrupan sobre las colinas como si una mano infantil las hubiera colocado caprichosamente. No falta el cielo de papel azul, ni las nubes pintadas, ni la vieja fortaleza de Herodes.

Caminan lentamente burros tan pequeños que los hombres parecen cabalgar andando. Al pie de un olivo, un pastor vestido de beduino custodia dos ovejas. Esto es Belén. Por no sé que extraña y deliciosa transposición, las gentes tienen el sello inconfundible de las figurillas de barro. Suben unas mujeres con el cántaro en la cabeza, que nos resultan conocidas porque las vimos, año tras año, en los puestos de la plaza Mayor o en la feria de Santa Lucía. Realmente hay que felicitar a los belenistas: cada Belén es exacto a Betlehem.

He visto la ciudad bendita desde todos los ángulos. Como si fuera una pintura de fray Angélico, todo está dibujado con mano simple, ungida de claridad celestial. Hay parcelas insignificantes, dignas de un miniaturista, higueras retorcidas, olivos de plata y viñas: todo un lujo de verdes brillantes para adornar una tierra de miel.

Son magníficos los crepúsculos. El sol, que no quiere marcharse, tiñe de malva la cordillera de Moab, un festón que se pierde a lo lejos.

Cuando llega la noche, Belén es un puñado de luces temblorosas como la humilde instalación de nuestros belenes. Pero nada tan bonito como el amanecer.

Todo se transfigura bajo la primera claridad, y hasta los pequeños rumores cotidianos tienen una solemnidad fantástica. Primero un rebuzno largo, impresionante; después el cantar lejano de un gallo; más tarde el llanto de un niño y la lucha de un motor que no arranca… Cuando las cosas tienen su perfil exacto, las calles se llenan de vida.

El pueblo de Belén tiene fama de hospitalario. Son acogedores sus habitantes y saben borrar aquel «No hubo lugar para ellos en el mesón».

No falta en las casas el «tabum» especie de horno subterráneo donde se cuece el
pan. Las mujeres amasan todos los días; con los solemnes movimientos de un rito. ¿No significa Belén «casa del pan»?Antiguamente, el misterioso sentido de estas palabras hacía llorar a los peregrinos cuando surgía, ante ellos, la ciudad: «¡Yo te saludo Belén, casa del pan, donde vio la luz de la tierra el pan que descendió del cielo!».

Cuando las campanas de Belén tocan a medianoche, comienza en la gruta de la Navidad la Misa solemne de Nochebuena. Las familias católicas acuden a la llamada y se confunden entre los cientos de peregrinos que llegan de todo el mundo.

Aquí todo gira en torno al misterio de Dios hecho Niño, desde la Basílica y la Gruta, hasta las figurillas talladas en madera de los nacimientos, fuente importante de ingresos. Todo habla de nacer, todo invita a renacer. ¿No es éste el mensaje de la Navidad? Que sea muy feliz para todos, os desea.

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Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana
 
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