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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

La crisis del capitalismo

Mario López
Mario López
jueves, 25 de diciembre de 2008, 07:58 h (CET)
Recuerdo los años de la Transición, también conocidos por los años del desmadre, durante los que poco a poco cada cual fue sacando su ideología política del armario.

Uno de los casos que más me aombraron fue el de mi tía Lola. De la noche a la mañana surgió con un estruendo insospechado abanderando un socialismo radical que ni siquiera podía encontrarse en el catálogo de partidos que por entonces conformaban una auténtica sopa de letras. Yo creo que la mujer no leyó en su vida literatura alguna relacionada con el marxismo, la lucha de clases o el movimiento obrero, pero afirmaba con absoluta autoridad aparente que “el ahorro es la base del capital” Hoy que estamos de refundación del susodicho capital, inmersos en una crisis que inopinadamente nos ha puesto el precio de las cosas más barato, haciéndonos de alguna manera más llevadera la precariedad económica a la que el sistema nos tiene condenados, resulta interesante hablar del ahorro y del capital. Marx aseguraba que el primero es la base del segundo y la verdad es que siempre se han reputado los capitalistas como grandes ahorradores y los trabajadores como consumidores compulsivos. De hecho, la banca ha vendido sus propiedades inmuebles y ha echado el cerrojo al crédito, retomando sus más arraigados hábitos de ahorro. Mientras tanto, el gobierno nos insta a los trabajadores a consumir para salvar la crisis. Con lo que queda demostrado que el sistema capitalista se basa en el trabajo y consumo de los humildes y el ahorro de los ricos. Si queremos emprender una revolución verdaderamente eficaz que acabe para siempre con el sistema capitalista, nos bastaría con dejar de consumir por encima de lo estrictamente necesario, trabajar un número justo de horas y recibir un salario digno. El sistema capitalista se basa en la precariedad laboral y el endeudamiento de los trabajadores. El resultado es que el trabajador cada vez es más esclavo del sistema y la clase ociosa cada día más libre y más dueña del mundo. Pero este estado de cosas ha llegado a un punto insostenible y posiblemente, por primera vez en la historia, los capitalistas van a tener que renunciar a su desproporcionada existencia.

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