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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Qué martirio! Otra vez la ministra de Fomento

Miguel Massanet
Miguel Massanet
miércoles, 24 de diciembre de 2008, 10:19 h (CET)
Evidentemente el gobierno del señor ZP no está dispuesto a tener que gobernar con una oposición que lo esté incordiando. No está preparado para ello, como tampoco lo está para tener un intercambio de opiniones, una confrontación de argumentos con el resto de partidos de la oposición y ya no hablemos cuando se trata de cruzar espadas con su rival político, el partido del señor Rajoy que, aunque estén en horas bajas, es el único resto de oposición que existe. Yo no sé lo que opinarían de los debates que, hoy en día, se están produciendo en el Congreso de Diputados , los señores Castelar, Pi Figueras, Salmerón y todos aquellos fecundos parlamentarios que, cuando se produjo la abdicación de Amadeo de Saboya, se pusieron de acuerdo para proclamar la I República de 11 de febrero de 1873. Lo que se puede decir de aquellos políticos es que sabían desenvolverse entre los estrados con mucha más solvencia que los actuales y que, salvando la distancia y los cambios sociales que se han producido desde aquellos tiempos, los debates que sostenían entre ellos todavía podrían servir de ejemplo a nuestros diputados, que han convertido el hemiciclo del Parlamento en una especie de gallinero donde, en lugar de trabajar por el bien del país, se dedican a insultarse, descalificarse y mortificarse entre ellos, sin importarles un bledo que los temas, verdaderamente preocupantes, que afectan al pueblo español, se vayan enquistando y deteriorando cada vez más; debido a que, los politiqueos parlamentarios, las presiones de las minorías nacionalistas y el empecinamiento del Gobierno en disimular sus errores e impedir que la oposición se anote algún punto a su favor, negándose, sistemáticamente, a tomar en consideración cualquier idea que provenga del banco de enfrente, aunque pudiera resultar provechosa para los ciudadanos.

Por esto, cuando observamos a determinados miembros del Gobierno dar cuenta de su gestión ante la representación del pueblo, identificada en los señores parlamentarios, y escuchamos a una señora ministra expresarse como una simple mercadera, utilizando el lenguaje poco refinado y basto, más propio de gente de poca cultura y escasa educación que de un alto cargo de la Administración; no podemos menos que preguntarnos ¿en manos de quién estamos? Porque, señores, esta señora que, con tanto desparpajo, usando el idioma de forma tan vulgar y empleando modos tan desabridos para dirigirse a sus rivales políticos es, nada más y nada menos, que la ministra de Fomento, doña Magdalena Álvarez; lo que supone que por sus manos pasan los millones de las arcas del Estado en mayor cantidad y con más fluidez que en cualquier otro ministerio del Gobierno. A esta señora, a esta ministra a la que el señor Zapatero, a pesar de su nefasta gestión en la primera legislatura, en la que fue elegido presidente; sólo por negarse a admitir que se había equivocado eligiéndola, por empeñarse en mantener esta estupidez de la paridad por género o por negarse a admitir que la oposición estaba en lo cierto cuando la reprobaron; la volvió a repescar para ocupar el mismo cargo en el que fracasó ya una vez.

Sería muy sano, muy conveniente y esclarecedor que, desde el Gobierno, se nos diera cuenta a los ciudadanos de lo que nos ha costado de nuestros impuestos el que, esta señora, haya sido pionera en que las obras a cargo de su ministerio, empezando por el AVE y acabando por los percances en los aeropuertos, estén cuajadas de accidentes, derrumbes, retrasos, reconstrucciones y errores garrafales que convertido su gestión en una especie de tapiz de Penélope que se teje y desteje sin que nunca acabe por terminarse. Si a su incompetencia manifiesta, a su fanatismo ideológico y a su admiración y sumisión absoluta al señor Zapatero (ella misma declaró que era una “pieza” de Zapatero, con lo cual no sabemos a lo que se referiría la buena señora porque, como todos sabemos, es un término polisémico al que se le pueden dar muchas interpretaciones, algunas buenas y otras no tanto) En todo caso, lo que es patente es que, un ministerio tan importante, del que dependen las infraestructuras públicas de toda la nación; que tiene en sus manos la mayor parte del gasto público contemplado en los PGE y, en la situación actual, que tiene sobre sus espaldas administrativas el proporcionar ocupación a los desempleados, que ya son legión; de ninguna manera puede estar en manos de alguien que dice cosas de un calibre semejante como: “ Tengo la cabeza que tengo” para justificarse cuando se olvidó que Galicia tenía cuatro provincias y cuatro capitales de provincia y sólo mencionó tres de ellas, ( no debería representar mucho esfuerzo para una ministra aprender un poco de geografía) o, cuando se puso más chula que un ocho y se defendió con uñas y dientes mientras le llovían críticas desde todo el estamento político por su deficiente gestión en el ministerio de Fomento; entonces, sacando su genio innato, dejando fluir libremente sus más íntimas raíces populacheras y aprovechándose por estar rodeada de sus afines del partido socialista, dijo aquella frase inmortal: “Antes partía que doblada” que la valió una ovación cerrada de todos aquellos que se encuentran muy a gusto entre la horterada y la ordinariez.

Pero todas estas salidas de tono; todas estas expresiones barriobajeras y de mal gusto, no bastarían para juzgar a una ministra si su actuación fuera brillante; si administrara con decoro los bienes que se le han confiado; si las obras no se le eternizaran y, cuando consigue inaugurarlas, no se le vayan cayendo a pedazos; si evitara estar tan desinformada como ella misma parece admitir; si supiera rectificar y aprender de sus errores, pero, señores, nada esto ocurre porque parece ser que, en el PSOE, nadie reconoce sus equivocaciones y su forma habitual de justificarlos es intentando darle la culpa de ellos a la oposición que, si bien ahora está pachucha y debilitada, en tiempos de Aznar supo hacer bien las cosas y aprovechar el tiempo para sanear la economía, con ministros tan eficaces como el señor Álvarez Cascos, un ingeniero de caminos que sabía lo que se llevaba entre manos cosa que no se puede decir de la señora Álvarez a quien, por lo visto, le faltaría algo del contenido gris del “casco” de su predecesor del PP.

Es intolerable que, por muy graciosa que esta señora le pueda resultar al señor Zapatero, estando el país como está, simplemente por una cuestión de tozudez, tan propia, por otra parte, de nuestro Presidente; resulte que se mantenga a esta señora en un puesto de tanta responsabilidad y de tanto peso económico para las cuentas del Estado, como es el ministerio de Fomento. Ya es hora de que alguien le sople al señor ZP que, con semejante bagaje intelectual entre sus allegados del gobierno, las posibilidades de que remontemos la recesión pueden convertirse en algo ilusorio. ¡Ah!, eso sí, saben cuidar con mucho mimo a los grandes banqueros y a sus familias, no sea que se les vayan a enfadar y les corten la financiación del partido. Por eso les permiten cotizar al 18% por IRPF, en lugar del 43%, sobre sus réditos de la compra de bonos, intereses de recapitalización de sus empresas etc. Mientras tanto, el resto de empresas sin créditos, sin financiación y en clara discriminación con las entidades financieras al tener que tributar el 43% sobre sus intereses mobiliarios. ¡Unos tanto y otros tan poco! Sí señores, este es el paraíso socialista que nos promete este gurú que tenemos en el gobierno de la nación, el señor Rodríguez Zapatero, que con sus mantras quiere llevarnos a todos al huerto del comunismo del más rancio abolengo.

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