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Etiquetas:   A pie de calle   -   Sección:   Opinión

La competición (in) y la autovía del Huerna

Paco Milla
Paco Milla
miércoles, 24 de diciembre de 2008, 10:19 h (CET)
Hete aquí, que sin ser visitantes habituales ni religiosos confesos, Fernando Alonso y Melendi, se encontraron a las puertas de una iglesia, no ha tanto tiempo. Al grito-saludo de: ¿pero que faes tu por aquí nenin? ...¡puxa Asturies!, preguntaronse el uno al otro el motivo y ambos coincidieron: vengo a agradecer a la virgen del despegue puntual, vuelo tranquilo y aterrizaje suave, que poseo los maravedies necesarios para llegar a Asturica vía aire , cuando me plazca, sin tener que sufrir la autopista del Huerna.

Y ambos se adentraron en el edificio dedicado al culto. Dicha autopista (o la ausencia de esta en sus vidas), les había unido y adentrado profundamente en la religión, sin que ellos jamás lo hubieran imaginado.

Melendi se introdujo en uno de los confesionarios, para, ya que estaba en dicho lugar...¿qué mejor que honrar a “maria” dando unas caladas?, mientras pensaba que el botafumeiro podría ser el autentico milagro que evitara el paro en España... un par de pasadas y todos colocados de inmediato.

Oianse las carcajadas del Melendi, mientras Alonso susurraba: ¡te agradezco que mi poder adquisitivo me permita no tener que asistir al infierno del peaje del Huerna y que las palabras Aucal no figuren en ninguno de los numerosos tikets que suelo coleccionar.

Es tan bonito el embalse de Barrios de Luna desde el avión...

Ya de vuelta al mundo de los mortales, la nieve caía sobre la cordillera que separa la Pelaya Asturica de la meseta Hispanica.

Todos aquellos que pretendían cruzarla, sabían que a las horas de viaje, tendrían que sumar 20 horas mas, para hacer la cola pertinente e imperdonable que les daría acceso al acto “sumun” de poner unas monedas en la palma del empleado de turno, que pertrechado en su casita de pvc con calefacción sub-parquet, les extendía a cambio, un justificante del tan poco honroso tramite.
¡Y decía el Zapatero que anularía el peaje!- exclamaban los conductores- a lo que la señora acompañante de cada uno de los coches, sistemáticamente respondía:

¡cada día eras mas tonto, Manolin, mira que creerte las promesas políticas, dichas en época pre-electoral... y luego dices que mi madre esta senil!
Pues si, Margarita, llevas toda la razón –respondía el Manolin de turno, mientras agarraba el volante para enfrentarse a una autopista de “alta montaña” que se cerraba de inmediato, cuando los primeros copos hacían acto de presencia.

Mas crecido y a escasos 200 metros del peaje, se encontraba Florentino Rocalinda, constructor afamado, mirando de soslayo y con prepotencia a los pringadillos que no llevaban 250 caballos bajo el capó, mientras hacia rugir (perdón, quería decir relinchar) su potente Mercedes super-mega-guay de la muerte, con tracción a las 4 ruedas y estribos de platino, mientras en el interior, un dispensador de perfume orgasmaba cada 15 minutos un pffff con olor a campo de golf recién segado, que inundaba el habitáculo. Temporales a mi... ¡me rio yo! -pensaba el imbecil- .

Cincuenta años, cincuenta, hacia que Wladimiro Gonzalez de la Ribera del Narcea, habia salido del Musel en un barco con dirección a Rusia y hoy, precisamente hoy, regresaba para conocer a sus primos, a la que había sido su región de nacimiento. Muy emocionado llamó por el móvil a su prima Isolina diciéndole: ya solo nos separa el Huerna primina, a lo que ella contesto: ay fiu del alma, después de 50 años de comunismo, vas a caer en manos de Aucal, no te lo mereces primo, tu yes buena persona...¿por qué no viniste en avión? Pobre rapaz el mi primo. Armate de paciencia nenu, -dijo- rompiendo a llorar de manera desconsolada. Ante lo narrado, Wladimiro diose cuenta que se hallaba ante algo muy serio. El último escalón para llegar a la tierrina, podría muy bien convertirse en el mayor de los obstáculos.

Con dirección a Leon, Illena Eristoff Stalingrado, habia pasado dos dias en Asturica, promocionando su ultimo film titulado “Entre ambos cielos está el Huerna” y allí, precisamente allí, dio a luz a su primer hijo, no recordando estar embarazada al acceder a las inmediaciones del peaje. ¿Pero ya llevamos nueve meses aquí? –le preguntó sorprendida a Ceferino, camionero de Albacete, que hizo las funciones de comadrona-.

Un helicóptero, proveniente de Mansilla de las Mulas, aterrizó sobre el techo de un Alsa, de él descendió un sacerdote ensotanado llamado D. Gregorio Milbotones, que odiaba las cremalleras desde su mas tierna infancia. Había sido avisado de que unos niños, que salieron de excursión al madrileño parque Warner a los seis añitos, deseaban desesperadamente hacer la comunión en el autocar, dado que las primeras pelusillas se dibujaban en sus rostros y querían cumplir el tramite, antes de pecar carnalmente con el sexo opuesto, que también ocupaba el habitáculo.

El chofer del mismo, Jacinto Verdesvalles, se había jubilado tres meses antes, via fax, dado que el “sesenta plazas Tua” que conducía, contaba con todos los adelantos. Ya había dado la noticia a su mujer que le esperaba en casa ansiosa, aunque ya le dijo: si hoy es 10 de diciembre, calculo que llegaré sobre el miércoles santo.

Claro, claro, eso como muy pronto –sentencio ella-.

Pero todos ellos ignoraban que Crescencio Venasfrias, apodado "el serpiente" en su barrio y alrededores, divisaba la escena tras el parabrisas de su Passat en azulado color, ya que habia adquirido unas gafas en una tienda “de chinos” de la Invicta Ovetum, que según la oriental dependienta “silven pala vel limpia el agua del mal”.

Sobrado y crecido, el se sabia el único con el remedio mas eficaz para evitar el gran atasco de cada año.

Yo lo tengo... yo tengo el remedio. Es un power point y lo tengo en mi buzón. Ja ja ja... las carcajadas tronaban en la oscuridad de la noche y el eco, que también estaba atascado en el atascoso atasco, exclamó: Ja ja ja ja (es que el eco nunca descansa, oiga).

Quien quiera saber como solucionar el problema del Huerna que me pida el remedio. Y dando una pipada a su farias recien encendido por cuarta vez, se dispuso a escuchar el programa deportivo, mientras en el exterior, los copos caían como copones, que es lo mismo pero mas grandes.

Subiose la manga izquierda de su gabardina y las luces del alba fueron testigos de que en su antebrazo, un tatuaje delataba la catadura moral del personaje: una gran serpiente estaba enrollada en una columna corintia en cuyo cuerpo principal estaban grabadas fuego las siglas malditas: AP-66. Un enorme relampago lo inundo todo... ah no perdón, era el radar que cada 2 minutos hace una foto haya o no trafico. Recaudar, bendita palabra. Mis disculpas.

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