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Etiquetas:   Internacional   Paraguay   -   Sección:   Opinión

El Telegrama de Nanawa, 83 años después

El legendario defensor de Nanawa envió un telegrama burlón a Estigarribia, quien se tomó por aludido y lo marginó causando grave perjuicio al Paraguay
Luis Agüero Wagner
@Dreyfusard
miércoles, 20 de enero de 2016, 07:45 h (CET)
Cada día se conoce mejor y con datos más precisos que la guerra entre Paraguay y Bolivia, de 1932 a 1935, estalló como consecuencia de una disputa interpetrolera entre la empresa estadounidense Standard Oil y la británica Shell.

Una de las denuncias más estruendosas al respecto se haría en el mismo Congreso de Estados Unidos, en la voz y palabra del senador estadounidense Huey Long, quien en sensacionales discursos pronunciados en mayo y junio de 1934 acusó a la Standard Oil de haber desencadenado el conflicto, buscando una salida al río Paraguay para el petróleo boliviano.

Fue precisamente por estas mismas fechas de enero que Bolivia se acercó a ese objetivo como ya no lo haría en toda la guerra. De forzar el paso defendido por los paraguayos en Nanawa, los bolivianos se encontrarían cercanos al río y en las puertas de Concepción.

Pero el Paraguay tenía en el momento y lugar indicado al hombre indicado, que como pocos sabría estar a la altura de las circunstancias.

Luis Irrazábal Barboza, el soldado prohibido, alcanzó a ser un legendario guerrero sin duda, pero también un vástago digno de su prosapia. Su padre, Mariano Irrazábal, era nada menos que un veterano de Cerro Corá, herido en la última batalla que se había librado en el último confín de la patria, y donde el adalid postrero del Paraguay independiente eligió morir antes que capitular.

Varios testimonios relatan cómo Irrazábal, a pesar de lo crítico de la situación, la falta de municiones y otras carencias y lo pavoroso del ataque boliviano, rechazó varios ofrecimientos para huir del cerco enemigo y salvar su vida. Tajantemente, había respondido que moriría con honor en el puesto que le habían asignado para defender.

El prusiano Hans Kundt, su contrafigura, pondría toda la carne en el asador en pos de su objetivo. Por si ya no bastasen lo seis regimientos bolivianos con cañones de 75 mm, aviación, tanques y lanzallamas que se lanzaban contra la posición, el día 24 de enero el comando boliviano convocó a escena al aguerrido regimiento del coronel David Toro. Jamás se hubiera imaginado el general alemán que casi toda la parafernalia bélica de siete regimientos acabaría rindiéndose ante la surrealista y casi onírica aparición de los bien afilados machetes paraguayos. Fue una prueba más de que las batallas las ganan los hombres, y no las armas.

El mismo comandante en jefe paraguayo señala consternado que visitó el escenario luego de concluida la batalla, y pudo ver en él “lo más horroroso de la guerra”. Relata que miembros y otras partes de cuerpos humanos amputados en las explosiones, colgaban esparcidos en las ramas de los árboles del lugar.

El jefe alemán del ejército boliviano no se daría por vencido, y repetería su ataque más tarde, con idénticos resultados. Como dice una popular canción paraguaya en guaraní, el cantar de gesta “13 Tuyutí”, “el gringo tonto (Hans Kundt) se rompió la nariz en las puertas de Nanawa”, y los bolivianos perdieron el camino para llegar el río.

La falta de reconocimiento por parte de las autoridades del gobierno paraguayo, generarían recelos y malestar en los jefes paraguayos, dado que a pesar de no ser el único meritorio, el único que lograba medallas y ascensos era el máximo jefe militar paraguayo.

El jefe paraguayo Luis Irrazábal expresaría su contrariedad ante los mandos paraguayos, insinuando que a pesar de los méritos y triunfos en que no tenía parte, el único ascendido resultaba ser el general José Félix Estigarribia. “Seguiremos obteniendo las victorias para que usted siga conquistando ascensos”, le había espetado el héroe de Nanawa a quien luego sería elevado a la presidencia por el Partido Liberal, para autoproclamarse dictador en 1940. El resultado sería la marginación de Irrazábal por el resto de la contienda, que privaría al Paraguay de uno de sus mejores cuadros, que había probado su valía en los mismos campos de batalla.

No era extraño este comportamiento de quienes en agosto de 1924 habían determinado la salida del meritorio general Schenoni del ejército. Schenoni definía al firmante de esa orden, el presidente Eusebio Ayala, como “un hombre que no ha hecho sino hablar mal del Ejército cuantas veces ha podido” y que sólo enfrentó al levantamiento que llevó a la guerra civil en 1922 “para defender su candidatura contra la de Chirife”.

Como escribiera Merardo Castagnino al mismo Irrazábal en un despacho privado del 24 de agosto de 1930: “Las mejores voluntades, iniciativas e inteligencias se malogran, y los lazos de amistad y camaradería que tanto se pregonan, no son sino bellas palabras que sirven para mimetizar la hipocresía y deslealtad que se gastan en nuestro medio”. Fue así que muchos de los principales responsables del éxito paraguayo en la defensa del Chaco como Irrazábal, Merardo Castagnino, Juan Bautista Ayala o Rafael Franco acabarían sufriendo marginamiento, destierro o prisión. Aunque los momentos no eran los más oportunos para prescindir de patriotas de semejante calibre.

Las consecuencias de que tales figuras hayan sido relegadas a la penumbra son visibles echando luz sobre la historia, y no es difícil conjeturar que el errático rumbo que tomó el país en 1940 fue una de sus derivaciones. Razonando en el mismo sentido, es evidente que aquellos jefes distaban de ser capaces de permitir muchos de los infames sucesos de la pos guerra del Chaco, como la entrega de la zona petrolífera a Bolivia bajo la forma vergonzosa de un tratado secreto a espaldas del pueblo, sólo para que la Standard Oil se quede con el petróleo que encendió la mecha de la guerra.

Pero así son las pasiones humanas que construyen la historia, tan humanas como la contradicción. Muchas veces los símbolos nacionales se rasgan y por mucho menos que un airado telegrama de protesta. Los héroes prohibidos de la defensa épica de Nanawa, a quienes nadie recuerda pero tampoco nadie olvida, montan guardia y esperan respuesta.
Comentarios
Angel 20/ene/17    21:50 h.
Law Dreyfusard 20/ene/17    20:42 h.
Rodrigo rosa 20/ene/17    15:46 h.
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