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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Acontecimiento intransferible

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 22 de diciembre de 2008, 12:27 h (CET)
NO hay UN culto, son muchísimos. Y diversas las manera de practicarlos. La conjunción de unos caracteres con otros, quizá llegue a generar unas formas de culto practicadas por un mayor número de individuos. Aún digo más, cuando pretendemos hablar de un mismo culto, cada uno de los participantes en él ofrecerá una versión personal; un gesto, una mano alzada, un puño cerrado, no expresan todo lo que vive y practica el participante. Por mucho que nos entretengamos con las apariencias, estas no pasan de constituir una pequeña parte de cada actuación personal. No conviene que nos dejemos engañar por el gregarismo, con una visión amputada, sectaria, de los hechos; en el meollo de las acciones humanas intervienen matices insospechados.

Si pretenden vendernos esa idea de un hombre de partido, de una religión determinada, de una ligazón firme a una profesión o aficción; aún así, el cultivo de cada característica humana ofrece otros vericuetos, insospechados en no pocas ocasiones. Por lo tanto, la apariencia de un culto concreto, corre el riesgo de falsear, en vez de reflejar con precisión la entidad de una persona. Tampoco expresa la realidad la sola mención del culto en los ámbitos religiosos; son muy notorios los cultos a personas o cosas, modas o dinero, con frecuencia de manera exagerada. Las formalidades estructuradas son un punto de apoyo, son necesarias para conocerse mejor; ahora bien, sin pasarse; son sólo uno de los aspectos. Bastará un simple contacto con los ambientes contemporáneos, destacan cultos impropios y exagerados, al estilo de los que vengo comentando.

NO existe UNA moral. Su existencia se basa en el sujeto activo, son sus actitudes morales o no; por lo tanto, múltiples maneras de practicar actos morales o inmorales. Cada alma, cada entramado mental, funciona con unos resortes concretos; recurre a sus propiedades particulares. Unos piensan más rápido, disponen de unos reflejos vivos para reaccionar ante los retos de la vida; otros son de una sensibilidad finísima, mientras los hay muy toscos; como surgen apetencias de lo más encontradas. En ese mar interior se genera un frágil equilibrio insustituible. Desde esa pausa estable brota la decisión adoptada. Sólo con esa íntima actuación tiene valor la moralidad. Por consiguiente, no podrá ser global, ese constituyente personal es su esencia. Para entendernos mejor, quizá convenga esa precisión de actos morales, frente a un concepto de moral excesivamente reglamentado.

NO se trata de UNA creencia. Son tantas como las formas de interpretarlas y vivirlas los individuos. Esa vibración individual adquiere tintes de autenticidad. Por que orientados hacia la pretensión de una creencia monolítica, se tiende a la propensión hacia unas personas desligadas de su labor activa. Puede pensarse que con la adscripción a una determinada creencia general ya se ha cumplido. Es decir, si no existe la vibración mencionada, poco valdrá ese sentimiento; mientras que su existencia genera impepinablemente matices incomparables, sobre todo porque cada persona lleva un mundo en su interior.

Cuando un Culto, una Moral o una Creencia se convierten en una estructura firme, se olvida lo esencial, el carácter personal de la ética y de la moralidad. Se va a las reglas, a las imposiciones, y ese no es el camino. Y eso a pesar de los errores, desmanes y barbaridades que cada uno pueda originar cuando actua con una cierta independencia. Por eso son importantes los CORRECTIVOS establecidos por el conjunto de los individuos -Educación, costumbres, leyes, sanciones-; son necesarios para una convivencia aceptable. Considerar estas correcciones no sustituye la idea inicial. Los grupos aún son capaces de desmanes peores, prescindiendo de aquellos que le estorban. ¿Entonces, quién sería el elemento corrector? Pese a la heterogeneidad se impone el respeto por las acciones personales. De lo contrario, ¿Dónde iremos a parar? Tenemos ejemplos históricos de todas las tendencias, con las justificaciones encubridoras, con manipulaciones; pero no suplantan el hecho individual que subsiste con las dificultades o aplastamientos generados.

A la hora de actuar se genera un ACONTECIMIENTO ÚNICO. A partir de ahí se podrá educar, dialogar, colaborar... Las dimensiones son inacabables, conceptuales, técnicas, funcionales. Por mucho que lo intentemos, el árbol de cada persona se mantendrá separado, con sus peculiaridades y también con sus aspectos comunes a los demás.

Del mismo modo, son innegables las INFLUENCIAS. La unidad de la que hacía referencia, tampoco puede eliminar las consecuencias de ciertos contactos o acontecimientos. Son como un ensamblaje que afecta a todas las áreas vitales, desde la genética hasta el conocimiento científico, desde la sensibilidad hasta las crueldades más nefastas. Queda planteado siempre el interrogante constitutivo, ¿Cómo recibirá cada uno las sensaciones venidas de fuera? ¿Cuál será su reacción? Es evidente la enorme complejidad de esa dinámica. Compleja, variada, inabarcable en su totalidad; sin ninguna duda.

Es un ACONTECIMIENTO ABIERTO desde la definición, a sus características o fines. El acontecimiento de redescubrir; lo bello, lo auténtico, el espacio, la materia, lo espiritual o las reacciones puramente físicas. Los grandes logros sociales de todo tipo, desde la ciencia, al arte o la política, abren las posibilidades para cada sujeto; pero su capacidad de obstaculización puede alcanzar tintes alarmantes. Con las trabas que se quiera, la apertura de cada sujeto es un manantial incesante. Para buenas actuaciones o para maldades; ahora no hablamos del juicio a que se hagan acreedoras esas acciones personales.

¿Valoraciones difíciles? Pues sí, que duda cabe. No existen dos expresiones absolutamente idénticas. ¿Cómo sistematizaremos esas realidades humanas? Lo complejo resulta luego relativamente sencillo, bastará con entender que no se puede meter a todos en la misma descripción. Como imperativo decisivo, hemos de asumir esa variedad constituyente de lo humano. Es una esencia vital a descubrir, con todas las dimensiones de la vida implícitas en sus posibilidades expresivas. Es un ARTE, del que cada sujeto disfrutará en diferente medida. Se necesita mucha sensibilidad compartida. Enriquecerse mutuamente para percibir más y mejores perspectivas artísticas y seguir buscando y captando. Hasta de una misma obra, y de esas pequeñas obras diarias en las que todos nos veremos involucrados.

Si pudiéramos llenar de ACONTECIMIENTOS sucesivos cada vida, cada minuto, la vida de cada cual ... , ganaríamos muchos enteros, por que se trataría de una autenticidad genial. Las rutinas y seguidismos ciegos, reducen la fascinante participación; con la consiguiente indolencia y desconexión con el resto de la sociedad.

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