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Descortesía borbónica

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 22 de diciembre de 2008, 12:27 h (CET)
Estas fiestas navideñas nos hacen ir a todos de cabeza con el tema de las felicitaciones, los regalos y la lotería que nos puede hacer salir de pobres, pero no somos tan sólo los plebeyos los que al llegar la Navidad nos encontramos con la disyuntiva de qué felicitación navideña elegir para enviar a nuestros familiares, amigos, conocidos y saludados, ellos, los de más arriba, los detentadores de la llamada sangre azul también en llegando estos felices días, donde todos somos más buenos y queremos más a todo el mundo, deben optar por un modelo de felicitación para enviar a sus familiares, conocidos y amigos, descarto a los saludados dado que estos son miles cada vez que salen en viaje oficial por los pueblos y tierras de España. Si, señores, aunque ustedes no lo crean en Zarzuela, residencia real, también dedican una parte del tiempo prenavideño a elegir la forma en que felicitarán la Navidad.

No recuerdo las felicitaciones de los primeros años del actual reinado de los Borbones, hace ya más de treinta años de ello y no tengo tiempo de acudir a las hemerotecas, pero seguro que enviarían una foto familiar con los mejores deseos de felicidad, por aquel entonces la familia real constaba de pocos miembros, eran casi casi como cualquier otra familia española: un matrimonio y tres hijos pequeños. Pasó el tiempo, la institución monárquica se afianzó en España y Juan Carlos pasó de ser aquel primerizo “Juan Carlos El Breve”, como le bautizó una parte de la oposición política, a ser respetado hasta por aquel Santiago Carrillo al que nos habían representado republicano hasta las cachas y con cuernos, rabo y oliendo a azufre. Tal vez aquellos primeros años de la transición fueron los más dulces para la Monarquía si exceptuamos el susto que dieron los tanques de Milans paseando, con nocturnidad y alevosía, un frío día del mes de Febrero por las calles de Valencia. Después los hijos crecieron, la familia se multiplicó y comenzaron a aparecer los problemas al tiempo que las generaciones que no conocieron el franquismo comenzaban a cuestionarse una institución tan obsoleta como la Monarquía.

Y aunque todavía los veranos toda la familia pasaba alguna semana juntos y en santa reunión en aguas de Mallorca luego ya era más difícil lograr tenerlos a todos juntos para la tradicional foto familiar, ya eran muchos y diversos y con múltiples ocupaciones que les impedían acudir el mismo día a comer a casa de papá para la foto oficial. Pese a todo el pasado año todavía hubo foto conjunta para la felicitación navideña aunque luego nos enteramos que la dichosa foto tenía trampa, la Reina Doña Sofía se había dedicado a la noble tarea de “cortar y pegar” consiguiendo unir en el disco duro del ordenador lo que era difícil unir en la práctica. La verdad es que los españoles tenemos una Reina muy apañada, como dijo su esposo “es una Reina muy buena profesional”.

Pero un tiempo después se descubrió el pastel y este año las felicitaciones navideñas de los miembros de la Casa Real son una por cada familia y diferentes aunque con clara preponderancia de los niños. Los mayores, los Reyes, han optado por una imagen de una Adoración de los Reyes y un texto en castellano, los siguientes en el orden protocolario y sucesorio, los Príncipes de Asturias, han enviado una foto de sus dos hijas con un texto en castellano e inglés, la Infanta Elena también felicita la Navidad con una foto de sus dos hijos y al castellano e inglés añade el francés tal vez en un toque de cosmopolitismo y los Urdangarin utilizan tan sólo el castellano en la felicitación en la que aparecen sus cuatro hijos. Hasta aquí todo muy normal, como cualquier otra familia.

Pero la familia Borbón no es cualquier otra familia española, es, por ley, la primera familia de España, la máxima representación estatal y como tal debería ser más cuidadosa con los pequeños detalles. En España se hablan más lenguas, además del castellano, y ninguna de ellas ha sido utilizada por los Borbones en sus felicitaciones navideñas. Si, como han explicado fuentes de Zarzuela, se han usado idiomas extranjeros en las felicitaciones como una mera cortesía hacia gentes de otros países, hubiera sido un gesto, también de cortesía, hacia millones de ciudadanos españoles utilizar la que también es su lengua en las reales felicitaciones navideñas. No ha sido así y ha sido una descortesía para los que además del castellano también tenemos otra lengua. No quiero recordar que un Borbón, Felipe V, mandó hablar tan sólo castellano en Cataluña, Baleares y el País Valenciano por el simple “derecho de conquista”, afortunadamente la dinastía Borbón actual no tienen en común con Felipe V más que el apellido pero no está de más recordarles que hace treinta y tantos años, casi desde que volvieron al trono, dejamos de ser súbditos para pasar a ser ciudadanos. Esperemos que el próximo año feliciten las Navidades también en euskera, gallego y catalán además del castellano, inglés, francés y todas las otras lenguas que quieran poner. Al fin y al cabo las felicitaciones las pagamos a escote todos los ciudadanos españoles.

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