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Etiquetas:   Reportaje   -   Sección:  

Barceló Raval, una isla elíptica

Teresa Berengueras y Rafa Esteve-Casanova
Teresa Berengueras
@berealsina
sábado, 18 de abril de 2009, 06:33 h (CET)
Las ciudades y sus barrios cambian con el tiempo, especialmente en aquellos distritos en los que el paso del mismo va dejando una amplia huella, y esto se nota, especialmente, en el barrio del Raval en Barcelona, una barriada que fue calificada a finales del siglo XVIII y hasta mitad del siglo siguiente como el distrito obrero más grande de Europa. Más tarde el escritor francés Jean Genet dio a conocer al mundo un Raval bohemio, golfo y con un punto “canalla” con aquel barrio chino por el que paseaba Melina Mercuri, muchos años antes de ser Ministra de Cultura en Grecia, en la película “Los pianos mecánicos”. Hoy el Raval barcelonés está, afortunadamente, lavando su cara gracias a las intervenciones urbanísticas del Ayuntamiento que con sus actuaciones quiere hacer de esta parte de Ciutat Vella una zona en la que los barceloneses, los de siempre y los acabados de llegar, puedan vivir con comodidad y paseen por sus calles sin temor a nada ni a nadie.




Exterior del Barceló Raval.


Todo comenzó hace pocos años con la creación de la Rambla del Raval y la urbanización de la llamada Illa de Robadors. El nuevo urbanismo abrió una amplia y ajardinada arteria que insufló una nueva vida al barrio al tiempo que esponjaba calles y plazas creando nuevos espacios allá donde antes tan sólo había calles estrechas, oscuras e insalubres refugio del último escalón de la prostitución y el “lumpen”.

Hoy el Raval es el barrio multirracial por excelencia y el más cool de Barcelona, un barrio que, como el Born en su día, refleja la evolución de la ciudad y que ya se ha convertido en punto de referencia para los visitantes de la capital catalana. Y uno de los iconos de esta nueva imagen del Raval barcelonés es el hotel Barceló Raval situado en plena Rambla del Raval y en una ubicación estratégica que le coloca en pleno centro de la ciudad. A pocos minutos de la puerta del hotel el visitante encuentra centros museísticos como el MACBA o el CCCB, la Biblioteca de Catalunya, la Facultad de Geografía e Historia o el conservatorio del Gran Teatre del Liceu, y, además, dentro de unos meses justo al lado del hotel se alzará el edificio que albergará la Filmoteca de Cataluya. Un corto paseo lleva al visitante hasta las concurridas Ramblas atravesando calles en las que se respira el ambiente multicultural del Raval con carnicerías halal o pastelerías con los mostradores llenos de dulces árabes mientras un shij con turbante nos cede el paso en la acera.




B. Lounge y comedor.


La visión de los 10.000 metros cuadrados del Barceló Raval es impactante, su planta elíptica de más de treinta y siete metros de altura llama la atención con una fachada de doble piel en la que se aprecia una cortina de cristal oscuro y una lámina que hace las funciones de aislante acústico, todo ello recubierto por una malla de acero inoxidable que sirve de protección contra los rayos solares. En el interior y nada más entrar encontramos el B. Lounge, un espacio creado por el interiorista Joan Gali, en el que reposar tomando una copa mientras se escucha buena música o animar el cuerpo con alguna de las tapas o platos que desde el mediodía a la medianoche ofrece la cocina del Barceló Raval asesorada por Antonio Bellés, actual chef propietario del famoso restaurante londinense Lola Rojo. Este B. Lounge supone un nuevo concepto urbano y cosmopolita de restaurante-bar y coctelería, todo en uno, en cuya carta es posible encontrar los toques multiculturales que definen el barrio del Raval. Este espacio, en cuya decoración aparecen rojos ositos o pequeños cerditos plateados con una ranura en el lomo en la que los visitantes depositan sus monedas de la buena suerte y los deseos, se convierte en las horas nocturnas en un paraíso de la coctelería sirviendo de zona de paso a la terraza sita en la literaria plaza de Vázquez Montalbán a pocos pasos del restaurante Casa Leopoldo donde tantas veladas gastronómicas disfrutó el fallecido escritor.




Cerdito de la suerte.


El hotel, cuya dirección de obra corrió a cargo del prestigioso arquitecto Josep María Blanco en colaboración con el estudio CMVA Arquitectes, dispone de 186 habitaciones dobles, cuatro suites y cuatro salas para congresos y reuniones empresariales. Todas las habitaciones, adaptadas a la forma elíptica del edificio, son totalmente diáfanas y sus amplios ventanales disponen de cortinas motorizadas, el papel pintado en colores fucsia, verde, blanco y negro les da un aire pop lleno de frescura al que acompaña el exclusivo diseño escogido para el mobiliario. Desde la terraza, con solarium y piscina, se disfruta de una excepcional vista de 360 º de la ciudad, toda Barcelona puesta a los pies del visitante desde este magnifico mirador sito en el onceavo piso del Barcelona Raval donde cuatro catalejos acercan cualquier rincón ciudadano a la mirada del observador. Y si lo que el huésped necesita es un descanso reparador nada mejor que descender hasta el sótano donde puede relajarse y cuidar de su cuerpo en la sala fitness donde dispone de sauna y camilla de masaje.




Vista de Barcelona desde la terraza.


Para saber más cosas de este hotel nos reunimos con su director Ismael Descalzo, un hombre de la casa y que ahora tiene la responsabilidad de llevar adelante el Barceló Raval al que él mismo califica como “la perla de la corona”. Ismael Descalzo es un hombre del Raval, sus padres tuvieron durante largos años una pollería en la zona donde ahora se asienta el hotel, por tanto nadie mejor que él para que nos explique cómo ha sido aceptado el hotel entre los vecinos del barrio, “no hemos tenido problemas de ningún tipo con el vecindario y estamos colaborando con el barrio por medio de la entidad Tot Raval donde se engloban diversas instituciones dedicadas al barrio y sus vecinos, queremos que nuestros trabajadores se sientan implicados en el Raval y por tanto siempre que podemos elegimos para los puestos de trabajo a gente que sea vecina de la zona”, en la actualidad los clientes son recibidos a las puertas del hotel por un portero shij, naturalmente con su turbante, o bien por un portero negro natural de Guinea. Y este detalle no es una simple pose de la dirección sino una buena muestra de la política de personal de la misma y del sentimiento multicultural que se vive en el Raval.




Teresa Berengueras con el director del Hotel.


Mientras hablamos con el director del hotel un ir y venir continuo de gentes expresándose en diversos idiomas pasa por nuestro lado a la par que el señor Descalzo nos dice que actualmente acuden al hotel clientes de toda Europa en busca de nuevas sensaciones y de un hotel céntrico como este que reúne ambas condiciones. Entre los proyectos más inmediatos a realizar Ismael Descalzo nos habla de su intención de reforzar la noche en el B. Lounge donde se pueda tomar la penúltima copa hasta bien entrada la madrugada, y también de la posibilidad que ofrece la terraza para poder celebrar en la misma “pool parties” aprovechando la buena temperatura que habitualmente tenemos en Barcelona.

Desde el Ayuntamiento todos los políticos han mostrado su interés en este hotel dado que es una pieza más, y muy importante, en la normalización urbanística y ciudadana de esta parte de la ciudad. Cuando dejamos atrás las puertas del Hotel podemos realizar tres rutas por la ciudad acompañados de un pequeño libro que se entrega a los visitantes junto con la llave de la habitación, los itinerarios facilitados por la situación estratégica del Barceló Raval están diseñados para hacerlos caminando bien en una ruta modernista, en un paseo por el Barrio Gótico o en la llamada Ruta Raval, seguro que con estos paseos el visitante conocerá mucho mejor Barcelona y se marchará de la ciudad un poco más enamorado de ella y con deseos de volver aunque no haya probado el agua de la fuente de Canaletas.

Nosotros dejamos el hotel y nada más cruzar la calle tropezamos con una placa donde se recuerda el asesinato de Salvador Seguí “Noi del Sucre” en el año 1923, justo al lado de la placa se abren las puertas de otro lugar mítico en la ciudad, el restaurante “Casa Leopoldo” donde su propietaria Rosa ha sabido capear aquellos tiempos difíciles en los que pasear por estas calles era poco recomendable. Hoy está contenta con los vecinos de enfrente y, como nos decía Ismael Descalzo, la colaboración entre el restaurante y el hotel es estrecha y amigable.

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