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Opinión
Etiquetas:   Sexo  

Adicción al sexo

El deseo sexual es uno de los más devastadores. Jamás dice basta. Cuanto más se le satisface, más exige
Octavi Pereña
martes, 19 de enero de 2016, 00:03 h (CET)
En Confesiones de un adicto al sexo, su autor Rupert Wolfe-Murray, comenta un escrito publicado en Newsweek que le hizo llegar un amigo suyo. Afirma que su lectura le proporcionó una visión del conjunto del problema muy útil. El autor asegura que la adicción al sexo “destroza matrimonios, arruina carreras, y mina la autoestima”. El artículo incluye un relato de una adicta al sexo: “El sexo es una forma de automedicación para eliminar la ansiedad, desespero y un miedo paralizante de su intimidad emocional que le han perseguido desde que fui abandonada en mi infancia”.

Rupert Wolfe-Murrayque trabaja en una clínica de rehabilitación de adicciones dice que lo que describe el artículo de Newsweek es parecido a lo que observa en la clínica en donde trabaja: “Las personas a menudo se inician en el camino de la adicción con alcohol, drogas, o determinados comportamientos como sexo, juego, comida para aliviar el dolor que se siente debido a problemas sicológicos no resueltos: abusos en la infancia, traumas e incluso timidez crónica (una causa muy común del alcoholismo es la confianza que el alcohol da a las personas que sin él no encajarían socialmente). Esto implica que la compulsión sexual se parece a las otras adicciones, lo cual implica que los terapeutas que tratan esta adición pueden curarla”.

Esto habría sido el final de la historia si Wolfe-Murray no hubiese comentado el artículo de Newsweek en Twitter. Le escribió Stan, un hombre de 69 años que le dice: “Soy adicto al sexo y lo he sido desde la adolescencia”. Wolfe-Murray dice: “A mí esto me ha dado una percepción que he encontrado a faltar en los comentarios que he leído hasta el presente”.

Stan resume así su vida: “Durante 50 años he llevado una doble vida, como casado, padre y católico practicante que ha traicionado a su esposa, su familia, sus creencias religiosas y su ética yendo a los prostíbulos y salones de masajes. Esta vida secreta empezó cuando tenia 19 años con mi primera visita a una prostituta, y continuó hasta los 69 cuando mi segunda esposa lo descubrió y me echó de casa”.

Stan describe la adicción al sexo como “una calamidad de nuestro tiempo”, y dice:”La pornografía en Internet ha acelerado gravemente el problema. La adicción al sexo es un compulsivo y progresivo uso de manera mecánica, degradante y peligroso sexo como una manera de aliviar el dolor interno escondido”.

Refiriéndose a Stan, Wolfe-Murray relata: “Dice que el sexo era su droga preferida, estaba aislado en su obsesión e incapaz de mantener relaciones íntimas, impotente para detener su comportamiento insano a pesar del daño que se hacía a sí mismo y a aquellas personas que le eran cercanas. Como muchos adictos al sexo Stan hasta que no admitió que estaba atrapado no empezó a buscar solución a su enfermedad hasta que tocó fondo, con el naufragio de su matrimonio y su vida hecha pedazos”.

El resultado, dice Stan es que me “he librado de una carga de toda la vida que ha ocasionado la destrucción de dos matrimonios y perjudicado a mis esposas, la familia y a otras personas. Por primera vez en mi vida vivo en paz y al fin estoy aprendiendo a vivir la vida espiritual que siempre he deseado y descubro que me convierto en el hombre que he querido ser”.

La primera anilla de la cadena que convirtió a Stan en un adicto al sexo la colocó en su adolescencia cuando a los 19 años hizo su primera visita a una prostituta. Hace 50 años no era tan fácil iniciarse sexualmente de manera prematura como lo s hoy. Actualmente, con Internet, los niños de 12 ó 13 años ya están familiarizados con el sexo pornográfico y se pasan mucho tiempo ante las pantallas imaginando fantasías con la imágenes que contemplan. Hoy, son muchos los adictos al sexo en línea que “llevan una vida secreta tal como yo lo veo”, dice Sharon O’Hara, directora médico del Sexual Recovery Institute, “si las mentiras están ausentes no existe auténtica adicción”.

Todas las adicciones son difíciles de abandonar. La adicción al sexo le acompaña una dificultad añadida. Como dice Benoit Denizet-Lewis , periodista y exadicto al sexo:”Puedes dejar una bebida y las drogas para no verlas más, pero no puedes ir a ninguna parte sin tus genitales o tu cerebro. Es cierto. No es verdad que los genitales o el cerebro tengan que dominar obligatoriamente a la voluntad. La fe en Cristo atorga la fuerza para romper las adicciones que destruyen.
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