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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Fraga Iribarne, ¿pesador o verdugo?

Pilar Izquierdo y Julio Ortega
Redacción
lunes, 22 de diciembre de 2008, 22:42 h (CET)
Supongo que si uno decide representar el papel de idiota, le resultará igual de fácil asumir que la frase: “hay que ponderarlos (a los nacionalistas) colgándoles de algún sitio...” significa que “es necesario sopesar su importancia en el panorama nacional”, que creerse que alguien dispone de una “Hoja de servicios limpia” a pesar de haber formado parte activa como Ministro o Miembro del Consejo de Estado de un Gobierno totalitarista de corte fascista y de ostentar dicha responsabilidad cuando se firmaron condenas de muerte como las de Julián Grimau, Francisco Granados o Joaquín Delgado.

Me estoy refiriendo por supuesto a Manuel Fraga Iribarne y qué quieren que les diga, yo no sé si sus afirmaciones de ahora son un desliz, un error de cálculo debido a su avanzada edad o si el beneplácito y la complicidad de entonces, ante aquellas ejecuciones se debió a los efectos adelantados de su posterior chapuzón radioactivo en la Localidad de Palomares, pero de lo que estoy seguro es de que en circunstancias similares, no saldría de la boca de quien no alberga en su fuero interno tales inclinaciones y crea en métodos tan expeditivos esas expresiones tendentes a asfixiar – literalmente – cualquier conducta o línea de pensamiento “subversiva”; insinuar que el ejercicio de la libertad merece ser neutralizado rodeándolo con una soga no formaría parte del discurso de quien lucha por ella; al igual que aquel que no tiene la hoja de servicios manchada de sangre no necesita pregonar que está inmaculada, a menos de que hemerotecas, documentación oficial y los recuerdos de muchos vivos asocien un nombre propio a la barbarie y en ese caso, cualquier intento de negar la evidencia es sólo una muestra de que la iniquidad del pasado ha representado una realidad continua y sigue viva en el presente; entre aquellas sentencias de muerte y estos deseos recientes, conviene no olvidar que el que fuera Ministro de la Gobernación del último Gobierno de Carlos Arias Navarro, el “carnicerito” de Málaga, tuvo una responsabilidad muy directa en el horror vivido en el Estado Español, especialmente en el País Vasco, desde diciembre de 1975 hasta Julio de 1976, cuando varias personas cayeron abatidas en diferentes concentraciones por disparos de la policía.

Lo que resulta lamentable y hasta ofensivo es que no sólo un pacto de silencio, un olvido insultante ultrajasen la memoria colectiva y enterrasen de forma cobarde, aún con un sudario constitucional, tanto crimen, saqueo, abusos y violaciones de derechos, tanto exilio, miseria y represión cometidos durante un Régimen en el que el Sr. Fraga Iribarne ocupaba el cargo de Consejero Nacional, Procurador en Cortes o la Cartera de Información y Turismo, sino que es aún más hiriente e intolerable que con un pasado tan deleznable por el que jamás se le han exigido responsabilidades, siga ejerciendo cargos públicos, de poder y permitiéndose analizar cualquier aspecto de la realidad política y social y formando parte de decisiones de alcance en un País que, no lo olvidemos, arrastra todavía consecuencias de casi cuatro décadas sometidos a una forma de Gobierno basada en el terror, una dictadura apoyada y de un modo notable y participativo por el actual Senador octogenario de Partido Popular.

No me conmueven sus 86 años ni su estado físico, él tampoco sintió compasión por las víctimas de Franco y sus adláteres, entre los que se encuentra. En aquel entonces, también seres humanos de avanzada edad como ahora la suya, sufrieron bajo el yugo de un Estado déspota al igual que hoy en día, sobreviven ancianos que perdieron a seres muy queridos a manos de una opresión brutal y continuada. ¿Por qué debería entonces de sentir consideración alguna por este individuo que, a pesar de sus muchos años todavía no ha pedido perdón y ni tan siquiera ha reconocido los desmanes del Régimen de su admirado Caudillo. No ha mostrado la valentía ni la calidad moral necesarias para disculparse ante muchos represaliados directa o indirectamente y sin embargo, hace pocas semanas declaraba que “Franco era severo pero no un criminal que yo sepa...”. Uno de los “Padres” de la Constitución se permite sugerir que hay que “colgar” a los nacionalistas, no reconoce su participación en los crímenes del tardofranquismo y exime de responsabilidad en los mismos al “Comandantín” ferrolano que tantas sentencias de muerte firmó.

Y el Sr. Fraga probablemente abandone este mundo sin que sus actuaciones pasadas y manifestaciones presentes tengan para él la menor consecuencia, como no sea – aunque dudo que eso le afecte a quien representa el endiosamiento y la prepotencia, al “dueño de las calles” – el desprecio de muchos ciudadanos entre los que me incluyo; claro, que frente a nuestra repulsa le queda el amparo y el abrigo cariñoso de sus compañeros populares, tan dispuestos a “linchar” a quien llama “tontosdeloscojones” a los que votan a la derecha pero justificando al que quiere colgar, sí, colgar y no ponderar, a los que defienden ideas políticas contrarias a las suyas.

No hay duda, a la cabra le gusta el monte como al fascista el cadalso y ahora que no puede expresar su conformidad con la aplicación de la pena de muerte, felizmente abolida, le queda el consuelo de cantar sus excelencias rememorando aquellos tiempos pasados que sin duda considera mejores, por el poder de que disfrutaba y los medios de que disponía para ejercerlo sin reparar en términos como derechos, justicia o libertad.

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