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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Cuando el silencio tenía todas las cosas del suelo

María Romo de Oca
Redacción
lunes, 22 de diciembre de 2008, 22:42 h (CET)
Puestos a dar textos bonitos, os envío este que me encanta. ¿No encontráis que hay silencios muy especiales? La gente suele decir “ha pasado un ángel”. Pero han pasado muchas cosas más.

Yo soy hincha de los grandes silencios, esos que llegan al corazón del tiempo. Y entiendo que los más extraordinarios son los que, a fuerza de silencio, se toca lo inmóvil de la eternidad.

Es lo que ocurre en esas irrupciones del Espíritu Santo que va por libre. Es un don reconocido por los teólogos y no tan difícil de vivir. Al poeta Góngora se le escapó en un villancico. El silencio único del Nacimiento, lo detuvo todo. La Biblia habla de ese momento en el corazón de la noche en que en el impresionante silencio el cielo se unió a la tierra ante el asombro de las estrellas.

Pero aun más impresionante es este texto del Protoevangelio de Santiago:

“Y al llegar a la mitad del camino, dijo María, “Bájame, porque el fruto de mis entrañas pugna por venir a luz”. “¿Dónde podría yo llevarte para resguardar tu pudor?, porque estamos al descampado”.

Y yo, José, me eché a andar, pero no podía avanzar; y al elevar mis ojos
al espacio, me pareció ver como si el aire estuviera estremecido de asombro; y cuando fijé mi vista en el firmamento, lo encontré estático y los pájaros del cielo inmóviles.

Y al dirigir mi mirada hacia la tierra, vi un recipiente en el suelo y
unos trabajadores echados en actitud de comer, con sus manos en la vasija.

Pero los que parecían estar en actitud de tomar la comida, no la sacaban del plato; y, los que parecían introducir los manjares en la boca, no lo hacían, sino que todos tenían sus rostros mirando hacia arriba.

También había unas ovejas que iban siendo arreadas, pero no daban un paso sino que estaban paradas, y el pastor levantó su diestra para bastonearlas con el cayado, pero quedó su mano tendida en el aire.

Y, al dirigir mi vista hacia la corriente del río, vi cómo unos cabritillos ponían en ella sus hocicos, pero no bebían En una palabra, todas las cosas eran un momento apartadas de su curso normal”.

Ojala este silencio que aparece en los Evangelios Apócrifos publicada por la BAC, lo experimentemos alguna vez. Ojala podamos decir inconscientemente. ¡Por favor que nada se mueva!

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