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Etiquetas:   Entrevista   -   Sección:   Entrevistas

“Lo que define al cantautor es la búsqueda del equilibrio entre lo que se díce y cómo se dice”

Ismael Serrano, cantautor
Redacción
miércoles, 25 de marzo de 2009, 11:20 h (CET)
Si una carrera en el mundo de la música ya es difícilmente accesible para todos esos grupos de pop y rock amateurs que tratan de hincar el diente al pastel, cada vez con menos porciones, del estrellato musical, el éxito aun resulta más complicado para esos solitarios a los que llamamos cantautores, que han de conjugar una voz inconfundible, altas dotes poéticas y un fuerte carisma para atraer la atención de un público seducido por los mensajes poco exigentes a los que le ha acostumbrado la industria musical. Ismael Serrano, cantante y poeta a partes iguales, acaba de cumplir once años de “este sueño de vivir de la música”, y lo celebra con un disco+DVD que, bajo el título “Un lugar soñado”, repasa en formato de directo todos esos temas con los que ha ido ganándose el respeto del público hasta convertirse en uno de los cantautores ”oficiales” de este país. Quizá lo haya logrado porque tras siete discos, y giras interminables por toda la geografía española, ha convencido a aquellos que han querido escucharle de que todavía hay cosas que denunciar y por las que merece la pena luchar. Él lo hace de esa forma tan sutil, pero efectiva, que es el canto, y tras cantar a tantas y tantas injusticias a lo largo de la última década sigue creyendo, como decía Cela, que “quien resiste gana”.




Ismael Serrano.


Mikel Chamizo / SIGLO XXI

Con "Un lugar soñado" hace repaso a sus once años de carrera. Muchos artistas no llegan tan lejos. ¿Se lo esperaba usted cuando empezó en el mundo de la música?

La verdad es que no. Haciendo repaso de lo que he vivido tengo que darme cuenta de que soy un privilegiado y que tengo que estar muy agradecido por todas las cosas que me han pasado. Primero por la posibilidad de haber editado siete discos y por haber hecho tantas giras, porque tener continuidad en la música es algo muy difícil, sobre todo en estos tiempos en que es tratada como un objeto de consumo, algo de usar y tirar. Llevar once años viajando por España y Latinoamérica; conocer a mucha gente que eran referentes con los que había crecido, y no solo musicales, también ideológicos; entrar en contacto con otras realidades y, en definitiva, haber podido vivir intensamente gracias a la música me hace pensar que se ha cumplido el sueño, aquél sueño que, cuando estaba empezando en esto, lo veía como algo lejano y poco accesible. Difícilmente podía imaginar que me iban a ocurrir tantas cosas.

Usted viene de una familia con sensibilidad poética, ya que tanto su padre como su hermano escriben poesía. ¿Cómo es que a usted le dio por música?

La verdad es que siempre tuve vocación musical. De pequeño me gustaba tocar la guitarra y pronto me apuntaron a clases de piano y de solfeo. Desde que tengo uso de rezón he tenido inquietud por la música. Ya con quince años tocaba en un grupo de mi barrio, de Vallecas, que se llamaba "Delitos y faltas" y con el que hacíamos conciertos en asociaciones culturales y demás. Así que con quince años ya había empezado a componer, a esa edad en que te asaltan una seria de preguntas para las que no hay respuesta, y yo buscaba una terapia en la escritura de canciones. He de reconocer que también el entorno me ayudó. Como bien has dicho mi padre escribía poesía y yo tenía acceso a muchos libros, además de a música de cantautores que se escuchaban mucho en casa. Supongo que todo eso influenció sobre mi carácter, mi forma de ser y mi forma de entender la vida.

¿Qué relación sentimental guarda con aquellas primeras canciones que le hicieron conocido? ¿Se sigue sintiendo cercano a su mensaje o el paso de los años le ha hecho cambiar su punto de vista?

Sigo sintiéndolas cerca y las sigo cantando, gran parte de ellas en el escenario, porque pertenecen a una parte de mi vida de la que no me puedo desentender. Me sigo reconociendo en ellas y creo que siguen teniendo vigencia, aunque algunas sí que las miro ahora desde otra perspectiva, aunque eso no significa que por ello pierdan su carga de emociones. Por ejemplo, "Papa cuéntamente otra vez", es una canción que difícilmente puedo cantar con la misma perspectiva ahora que tengo treinta y cuatro años. Habla de la bronca generacional, es un reproche a una generación, la de mis padres, que se olvidó de sus sueños y sus ideales, y es muy caradura seguir haciéndoles ese reproche cuando se supone que ahora es a mi generación a la que le toca agarrar las riendas del planeta en el que vivimos. Sí se canta con la misma condición, porque sigo creyendo en esa mezcla de desencanto, esperanza e ideales que aparecen en el texto, pero la perspectiva ha cambiado un poco. Muchas canciones mías han tomado otra dimensión, sin que por ello dejen de formar parte de mis emociones y mis principios.

En siete disco y once años ha tenido tiempo para hablar, prácticamente, sobre todo. No obstante, en "Sueños de un hombre despierto", su último disco con nuevas canciones, todavía le queda imaginación para hablar sobre cosas tan variadas como la opinión pública, de eutanasia, de las culturas oprimidas de Sudamérica, del cine de su barrio y hasta de las sondas Voyager. ¿Cómo trabaja su mente para sacar el lado poético de sujetos e historias tan distintos?

Yo creo que lo más fácil, precisamente, es encontrar el tema. Finalmente, yo canto a lo que me emociona, y porque soy así o porque el ser humano es así, uno no deja de emocionarse mientras sigue vivo y encuentra referencias que producen sentimientos constantemente. Si haces repaso de tu historia encontrarás muchos paisajes y muchas vivencias que te siguen emocionando y que se traducen en canciones, como 'Sesión contínua', que habla sobre el viejo cine de mi barrio. También me gusta inventar historias, incluso de ciencia ficción, como es el caso de 'Habitantes de Alfa-Centauro". Observo la realidad y la visión de un mundo desigual genera en mí sentimientos. De la misma manera que van surgiendo noticias que nutren los periódicos cada día, van a seguir surgiendo canciones que hablen de ellos siempre y cuando uno sea capaz de emocionarse. Es más, yo creo que el reto es no perder el contacto con esa realidad, sobre todo en un oficio como este en el que corres el riesgo de estar siempre de paso, embarcado en una gira y recibiendo el afecto de la gente, algo maravilloso pero que te puede impermeabilizar de la realidad. Siempre hay que estar atento. Pero una vez que se te ha ocurrido un tema, otra cosa es darle esa dimensión poética que uno cree que tiene. Ahí sí que hay un trabajo que hay que encarar con más calma y donde está la clave de la composición. Se trata un proceso de descubrimiento de lo poético que se esconde tras las cosas del día a día, como si fueras un restaurador que tiene que quitar el barniz que imponen estos tiempos para encontrar esa poesía que no siempre somos capaces de descubrir a simple vista.

La calidad de las letras de sus canciones está tan cuidada que mucha gente piensa que usted, antes que cantante, es un poeta. ¿Cómo se considera usted, y cómo se conjugan música y texto cuando se sienta a componer?

A mí me gustaría pensar que lo que define al cantautor es la búsqueda del equilibrio entre lo que se dice y cómo se dice. Somos autores de canciones, y una canción se compone de melodía, armonía y texto, por lo tanto no debiéramos nunca descuidar ninguna de esas partes. En cuanto a los textos, la lectura es un ejercicio saludable. Leer, evidentemente, te ayuda a escribir, aunque luego tengas que buscar tu propia voz. Pero el proceso de composición… es difícil, es de las pocas cosas para las que necesito una calma absoluta. Digamos que parto de ideas dispersas que viven en mi cabeza y que me persiguen. A esas ideas las espero, con la guitarra, papel y lápiz, cuando estoy en casa en calma y en soledad, porque es de las pocas cosas que hay que hacer sólo, aunque paradójicamente se compone para huir de la soledad. Queda muy literario, pero es que realmente es difícil expresarlo porque es un proceso muy íntimo. Yo lo describiría como un experimento de alquimia, en el que se mezclan diferentes cosas y finalmente tienes que esperar con calma a que cristalicen, a que decanten en forma de canción.

¿Se siente como una necesidad?

Sí, es una necesidad y, de hecho, es también muy liberador. Cuando encuentras las palabras precisas, terminas una canción y la cantas –aunque no esté del todo terminada, porque una canción se va puliendo con el tiempo-, cuando por fin dices lo que querías decir, te sientes muy liberado.

Las letras de sus canciones se inclinan, casi siempre, por indagar en temáticas sociales, de los problemas reales del día a día, algo muy diferente al discurso, generalmente neutro, de la música pop. Sin embargo, parece que la figura del cantautor se va haciendo progresivamente una cosa más singular, por escasa, en estos tiempos. ¿Por qué cree que es necesario seguir hablando de estos temas de la forma en que usted lo hace?

Yo creo que la canción de autor es un género musical por sí mismo, así que hablar de la necesidad o no de un género es un tanto absurdo, es como en términos de literatura hablar de la necesidad, o no, de la novela policiaca, de la poesía social o de cualquier otro género. Pero por otro lado las estructuras de los géneros no están definidas de forma rigurosa, el autor crea su obra traspasando esas fronteras, que no son hipermeables. Así que hablar de la vigencia de la canción de autor es absurdo, porque siempre va a haber un tipo que coja una guitarra y haga la crónica social y sentimental del mundo desde una perspectiva crítica y exigente. Eso siempre va a existir. Lo que tiene que hacer el cantautor, fundamentalmente, es romper la burbuja que nos aísla y entender que nuestra esencia de animales sociales también genera sentimientos que merecen ser comentados en terceros. No se trata solo de apelar a lo individual y a lo autobiográfico, sino también a la historia colectiva, y encontrar en nuestra faceta colectiva elementos que merecen ser incluidos en una canción. Yo pienso que es algo natural, y que no debería haber un posicionamiento político a priori a la hora de agarrar la guitarra. No se trata de una cuestión de pura militancia. De hecho cuando se aborda desde ese punto de vista se queda en eso, en un simple ejercicio de militancia, y la realidad demuestra que esa gente, al final, termina dedicándose más a la política, profesionalmente hablando, que a la música. Aunque hay un factor de militancia lo importante es la cuestión sentimental, el no permanecer ajeno a aquellas cosas de la vida que generan en ti sentimientos. Un cantautor tiene que tener esa capacidad de observar en lo social. Y a mí siempre me ha gustado comprobar cómo los fenómenos globales casi siempre tienen su repercusión en lo cotidiano, y he tratado de comprender cómo están atadas las cosas, cómo hasta nuestra vida sentimental está sujeta a los avatares del mundo.

En una de sus canciones más conocidas habla de la “alegre guerrilla urbana en pantalones de campana”. Ahora parece que se han vuelto a poner de moda los pantalones pitillo entre los jóvenes. ¿Cómo ve de comprometida con los problemas sociales a la nueva generación?

Entiendo que `Papá cuéntamente otra vez’ es un reproche un tanto despiadado hacia la generación de mis padres, porque allí mucha gente, al fin y al cabo, se jugó el tipo, y nuestra generación no puede decir tanto, aunque tampoco nos ha hecho falta. Estoy contento de vivir en un régimen de libertades que me permite cantar lo que canto y decir lo que me salga de las narices. Creo que mi generación es la de las democracias participativas, la de los movimientos altermundistas y antiglobalización, la de las ONGs, que aunque haya algunas que funcionan como proyectos empresariales, las hay también que trabajan muy dignamente por transformar la realidad. Creo que se han formado redes maravillosas de comunicación a través de internet, e incluso de lucha en algún punto. Mi generación es muy heterogénea, pero también ha tenido como factor determinante el estar sujeta a la precariedad constante. Hemos sido aislados en burbujas por una precariedad que aparecía en todos los ámbitos de nuestra vida, desde el laboral hasta nuestra integridad física, por aquello de la amenaza terrorista permanente. Esto nos ha hecho movernos mucho por el miedo, aunque sea por el miedo a perder el trabajo, generándose un individualismo atroz que nos hace desentendernos de todo y nos hace sucumbir a formas de esclavitud modernas. Aunque hay gente que se compromete y trata de cambiar las cosas, la mayoría pasa de todo.

Cuando he salido del metro, en Avenida de la Paz, había un joven de color vendiendo su disco en el top manta. Tengo curiosidad por saber cómo, precisamente usted, trataría este problema en una de sus canciones.

Yo tengo una opinión muy clara sobre este asunto, pero también soy muy consciente de que la realidad en torno a la piratería es muy compleja. En cuanto a esta persona que estaba vendiendo mi disco, entiendo que toda persona merece tener un trabajo remunerado en unas condiciones que otorguen dignidad al trabajador, y en el caso de ese señor que vende piratería probablemente no ocurra así. Pero el trabajo del autor, del compositor de esas canciones también merece ser remunerado. Si buscamos el porqué de la piratería, si tratamos de entender cómo surge este fenómeno en España –no tanto en Latinoamérica, donde se puede hablar directamente de una cuestión de necesidad: la gente piratea porque no tiene pasta-, pero en España, al menos hasta ahora, ese no era el caso. La gente suele hacer de la piratería un acto de militancia en contra de la industria, a la que se ve continuamente como el enemigo. ¿Pero por qué es así? Si uno analiza las campañas contra la piratería ve mensajes como “Sé legal, apuesta por la música”. Pero difícilmente podemos apelar a la responsabilidad del consumidor cuando este puede pensar: “¿Por qué voy a apostar yo por la música cuando la industria no lo hace?” Si la industria ha impuesto como criterio la rentabilidad más inmediata sin entrar en consideraciones artísticas de ningún tipo, difícilmente puede exigir una responsabilidad moral de este tipo al consumidor. La industria debe asumir también una responsabilidad, y cuidado, cuando digo la industria no me refiero sólo a la discográficas, los medios de comunicación musicales convencionales también tienen su parte de responsabilidad. Habría que ver que parte de su parrilla dejan para las novedades y para la pluralidad en términos generales, para alternativas distintas a las que se imponen… En general, lo que estamos viendo los que somos amantes de la música es que la propia industria trabaja en contra en cuanto no crea plataformas de difusión que realmente respete la pluralidad, donde todos tengan espacio y oportunidades y donde la demanda plural de la gente se vea satisfecha. Pero por otro lado eso no justifica, a mi modo de ver, la piratería. Yo creo que el trabajo de un tipo que se dedica a escribir canciones, que puede ser un tipo que no ha cantado ni ha dado un concierto en su puta vida porque canta como el culo, pero es un autor maravilloso de canciones… esa persona merece ver remunuredo su esfuerzo.

Hay un debate perverso en torno a la piratería, que soterradamente introduce la idea de que la música debe de ser gratis. A mí me gustaría saber por qué. Una cosa es que la música tenga que ser gratis y otra la accesibilidad a la cultura, que son cosas muy diferentes. Claro que pienso que la música tiene que ser accesible, como tiene que serlo también la cesta de la compra. El problema con la música es que es intangible en muchos aspectos, y fundamentalmente que el disco es susceptible de ser pirateado, y punto. Si ocurriera con otros productos, como tu grabadora, el debate sería en torno a las grabadoras.

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