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Etiquetas:   Democracia   España   -   Sección:   Opinión

Pericles y la democracia española

Juan López Benito
domingo, 17 de enero de 2016, 23:35 h (CET)
“Tenemos un régimen de gobierno que no envidia las leyes de otras ciudades, sino que más somos ejemplo para otros imitadores de los demás. Su nombre es democracia, por no depender el gobierno de pocos, sino de un número mayor; de acuerdo con nuestras leyes, cada cual está en situación de igualdad de derechos en las disensiones privadas, mientras que según el renombre que cada uno, a juicio de la estimación pública, tiene en algún respecto, así es honrado en la cosa pública; y no tanto por la clase social a que pertenece como por su mérito, ni tampoco, en caso de pobreza, si uno puede hacer cualquier beneficio a la ciudad, se le impide por la oscuridad de su fama"

Y nos regimos liberalmente no sólo en lo relativo a los negocios públicos, sino también en lo que se refiere a las sospechas recíprocas sobre la vida diaria, no tomando a mal al prójimo que obre según su gusto, ni poniendo rostros llenos de reproche, que no son un castigo, pero sí penosos de ver. Y al tiempo que no estorbamos en las relaciones privadas, no infringimos la ley en los asuntos públicos, más que nada por un temor respetuoso, ya que obedecemos a los que en cada ocasión desempeñan las magistraturas y a las leyes, y de entre ellas, sobre todo a las que están legisladas en beneficio de los que sufren la injusticia, y a las que por su calidad de leyes escritas, traen una vergüenza manifiesta al que las incumple…”

Este delicioso texto es un conocido fragmento de la obra de Tucídides. En él pretende el genial historiador plasmar su pensamiento, a través de un discurso presuntamente pronunciado por Pericles. Lo cierto es que el autor de la “Historia del Peloponeso” no ocultará a lo largo de su trayectoria intelectual, su admiración por el político ateniense. Traigo a colación este pasaje porque refleja una serie propósitos que dada la actual coyuntura política, sería muy conveniente a mi juicio no sólo evocar, interiorizar y aplaudir sino también y esto es lo más sustancial aplicar: orgullo cívico, igualdad jurídica entre ciudadanos, meritocracia y respeto y acatamiento de la ley. Sirva este alegato que atesora ¡dos milenios y medio de antigüedad! para hacernos reflexionar sobre el camino que estamos siguiendo en nuestra España contemporánea.
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