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Etiquetas:   Entrevista   -   Sección:   Entrevistas

Rebeca Tabales y Félix J. Palma, ganadores de los Premios Ateneo Joven y Ateneo de Sevilla

Herme Cerezo
Herme Cerezo
miércoles, 25 de marzo de 2009, 11:19 h (CET)
Ella, Rebeca Tabales, es madrileña y licenciada en Psicología. Tras haber publicado sus textos en revistas españolas y extranjeras y obtenido menciones en distintos premios literarios, ha hecho de la escritura el eje de su vida. Su primera novela, ‘Eres bella y brutal’, acaba de ser galardonada con el Premio Ateneo Joven de Sevilla. Él, Félix J. Palma, es gaditano de Sanlúcar de Barrameda. Está reconocido como uno de los escritores de cuentos más brillantes, originales y premiados de nuestro país. Ha publicado cuatro libros de relatos (‘El vigilante de la Salamandra’, ‘Métodos de supervivencia’, ‘Las interioridades’ y ‘Los arácnidos’), todos ellos acogidos elogiosamente por la crítica. Su carrera como novelista la inició con ‘La Hormiga que quiso ser astronauta’ y ‘Las corrientes oceánicas’. ‘El mapa del tiempo’, su tercera obra, ha ganado el prestigioso Premio Ateneo de Sevilla. Con ella, con él, en un revuelto literario a tres bandas animado por dos botellas de agua y un cortado, hablamos de sus novelas, de sus proyectos y de su literatura.

¿Cómo se os ocurrió participar en el premio Ateneo de Sevilla?

Félix J. Palma (FP). Si ves mi trayectoria prácticamente salgo a libro por premio. Creo que los concursos han perdido su razón de ser: ya no sirven para descubrir nuevos valores sino para visualizar al escritor de turno en medio de la marejada de autores que hay. Había trabajado dos años con ‘El mapa del tiempo’ y pensé que si publicaba esta novela de un modo normal, pasaría más desapercibida que si ganaba un premio. La envié al Ateneo de Sevilla, esperé ... y gané.

Rebeca Tabales (RT). He participado en premios más pequeños de ayuntamientos, diputaciones y asociaciones culturales, pero nunca a este nivel. En narrativa era el primer concurso en el que tomaba parte. Escribí ‘Eres bella y brutal’ tomándomelo como si se tratase de un ejercicio literario. Pensaba acabarla y guardarla, pero vi que no la terminaba y busqué un premio para concursar y fijarme una fecha límite. El Ateneo Joven de Sevilla se ajustaba a las características de mi novela y a mi edad y decidí enviarla.





"Soy un cuentista casual que no reniega en absoluto de la novela" (Félix J. Palma)


Félix, lo tuyo hasta ahora han sido los cuentos, un género difícil y, sobre todo, muy distinto a la novela.

FP. Bastante distinto. Lo que ocurre es que al haber publicado cuatro libros de cuentos de un tirón, la gente piensa que soy un cuentista militante. Y no es así. Yo me defino como cuentista casual que no reniega en absoluto de la novela. Cuando comencé a escribir necesitaba una retribución rápida de lo que escribía y los certámenes literarios de cuentos suponían un medio para ejercitar la escritura y una recompensa, si había suerte, claro, sin olvidar que el género de los cuentos me gusta mucho. Pienso que cada historia debe tener la extensión que ella misma demande. Yo he intentado que mi novela tenga la osamenta de un cuento, pero al ser una trama más compleja su extensión es mucho mayor.

Eres licenciada en Psicología, ¿eso te ha ayudado en la caracterización de tus personajes?

RT. Creo que ha sido más bien al revés. Me interesé por la Psicología porque quería observar a las personas para poder crear personajes, porque me servía para escribir. Yo quería ser escritora antes que psicóloga.

¿Desde cuándo escribes?

RT. He escrito desde siempre. Ya sé que suena a tópico pero es verdad: siempre tuve el impulso se narrar. Lo que ocurre es que, cuando todavía no sabía escribir bien, hacía historias de dibujos, una especie de novela gráfica, en las que contaba historias. A los doce o trece años intenté una novela, luego pasé por la poesía hasta que vi que definitivamente lo mío era la narrativa.

¿Qué es más fácil publicar: cuentos o novelas?

FP. Es mucho más difícil publicar cuentos. En España vivimos una situación en la que el cuento no vende al mismo nivel que la novela, aunque a veces nos tropezamos con libros como ‘Los girasoles ciegos’ de Alberto Méndez que son éxitos de ventas. Son signos que denotan que las cosas pueden cambiar, pero es difícil porque no hay una crítica especializada en cuentos y mientras el público lector no esté educado en este género no hay mucho que hacer. Algunas editoriales han cerrado las puertas al cuento, pero hay otras que han hecho lo contrario y se han especializado precisamente en ellos. Así que los cuentistas ahora mismo no podemos quejarnos demasiado. De todos modos, como decía, las expectativas de ventas de los cuentos no van a ser nunca las de una novela. Por eso, si pasamos a escribir novelas no es por una actitud artística, sino por la necesidad de llegar a un público más amplio y no quedarnos en esa minoría que son los lectores de cuentos, muchos de los cuales, además, son los propios cuentistas.

Pero, dadas sus características, el cuento casi sería el modelo literario perfecto para el vivir apresurado de hoy ¿no?

FP. No estoy de acuerdo con esa afirmación porque el cuento te exige leerlo de una sola sentada y hoy los lectores raramente disponen de tiempo para hacer eso. La gente lee en el Metro y en casa y cierra al libro cuando baja o le entra sueño. En ese sentido una novela gruesa es perfecta: la tiene ahí y la lee cuando quiere. En realidad, la brevedad del cuento es un arma de doble filo.





"Yo quería ser escritora antes que psicóloga" (Rebeca Tabares)



¿No creéis que la novela, por su extensión y complejidad, puede inducir al lector a perder el hilo argumental con mayor facilidad que un cuento?

RT. Lo cierto es que la novela tiene su propia forma de memoria. En cualquier sitio la coges y, fácilmente, retomas la acción. Sin embargo, el cuento, como dice Félix, ha de ser una píldora.

FJ. Hay gente que, mientras lee un cuento, de repente tiene que marcharse y dice que le falta una página por leer. Eso con la novela no ocurre, porque son los mismos personajes, la misma peripecia. He visto entrar clientes en una librería para llevarse un solo libro para un viaje. No le importaba cuál, pero lo querían grueso. El cuento siempre pierde ante la novela, al menos en nuestro país donde no hay tradición de cuentistas.

Rebeca, publicar poesía todavía está peor, ¿no?

RT. Bueno, ocurre como con el cuento pero en un círculo más cerrado. La gente que lee poesía es la que compra poesía y la que decide qué es publicable y qué no. Es un mundo endogámico, que exige mucha vocación. Yo quería narrar a través de la poesía, porque era la forma de expresión que tenía más a mano, hasta que me di cuenta que no era esa la apuesta que yo tenía que hacer para contar historias.

Explícanos de qué va ‘Eres bella y brutal’.

RT. Son tres los personajes que intervienen. La primera voz que encuentra el lector es la de una niña, de 13 años, superdotada, con un carácter muy especial, con mucho miedo a enfrentarse a la vida, a la que ve como un sitio cerrado al que hay que entrar. Para relacionarse con el mundo a través de las palabras, decide escribir una enciclopedia escolar en primera persona, al tiempo que narra la historia de otra niña que es su negativo: ignorante, bella y cruel. Por otro lado está Teo, monja estricta y profesora de Literatura, a quien la niña dirige sus escritos y Mateo, hermano de la monja, que vive en Ruanda donde estalla la guerra y se ve obligado a escoger entre permanecer allí o regresar a España.

Tu novela está narrada en primera y tercera personas, ¿qué buscabas con ello?

RT. La niña habla siempre en primera persona y los otros personajes lo hacen desde fuera. El mundo de la niña es muy personal y no puede entenderse si no te lo cuenta ella misma. Además los fragmentos de su enciclopedia se los envía a la única persona capaz de entender sus altos pensares. La monja ve en ellos el plan de un secuestro, de un posible crimen, y como tiene ínfulas detectivescas reprimidas decide investigarlo. La figura de Mateo me permite narrar la violencia del conflicto que ocurrió en Ruanda entre los tutsis y los hutus allá por los años sesenta y setenta.

¿’El mapa del tiempo’ es un homenaje a H.G. Wells?

FP. Sí, pero esa idea surgió después, no era mi objetivo primordial, aunque es bien cierto que esta novela se la debo a Wells y su máquina del tiempo. La acción transcurre en 1895, en el Londres victoriano, una época donde la ciencia había progresado a un nivel espectacular y sembrado el mundo de maravillas: la electricidad, el teléfono, el ferrocarril... En ese contexto era ideal que surgiera un agencia de viajes especial, dispuesta a convertir en realidad lo que el escritor británico había contado antes: el deseo del hombre de viajar en el tiempo. Para crear los personajes fui tanteando hasta descubrir a Andrew Harrington, a quien Jack el Destripador acababa de asesinar a su novia y estaba interesado en regresar al pasado para salvarla, y a Claire Haggerty, muchacha romántica e insatisfecha, que ansiaba encontrar el amor de su vida, sin importarle para ello asomarse al futuro. Claro que, cuando regresó a su presente, se dio cuenta de que se había enamorado de alguien que no existía aún y tuve que ingeniármelas para que estos personajes vivieran su historia de amor a pesar de habitar distintas épocas. También aparecen otros seres reales del momento, como el Hombre Elefante o el propio Wells a quien un tipo intentará asesinar y decidirá huir hacia el futuro. Los que quieran saber quién era Jack el Destripador lo descubrirán leyendo ‘El mapa del tiempo’ y también podrán encontrar una descripción de la II Guerra Mundial hecha por una persona de la época victoriana. Y este es el resumen apresurado de seiscientas veinticinco páginas.

¿Dónde se proyecta Rebeca, en qué personaje: en la niña, en la monja o un poco en todos?

RT. Hay un poco en todos, pero no de mí sino de mi trabajo de observación y de mi deseo de que la primera imagen de la novela que se me metió en la cabeza, la de unas niñas metidas en una habitación, fumando y criticando a otra porque era guapa y le suponían una vida fabulosa, la conociese el lector desde el punto de vista de los personajes. Todos mis esfuerzos fueron encaminados a conseguir que aquel humo de los cigarrillos y aquella ira pudieran olerse y palparse.

¿Tenías un guión establecido de antemano o la historia tiró de ti?

RT. Tenía bastante clara la historia base del conflicto de la niña. Después fueron surgiendo los demás como eco de esa historia, porque yo no deseaba quedarme sólo en la primera persona, con el personaje de la niña desquiciada. No quería limitarme, quería aportar la visión de un adulto de esa misma belleza y esa misma violencia, pero en un contexto mucho más real donde la violencia es a gran escala, como la Guerra de Ruanda. Me interesaba que el lector pudiera contrastar esos grandes marcos de belleza y de brutalidad y las visiones de todos los demás personajes.

‘El mapa del tiempo’ entra dentro del territorio de lo fantástico o de la ciencia ficción, ¿qué te atrae a ti de la ciencia ficción?

FP. Siempre digo que la ciencia ficción es mi género favorito, el que más me gusta y donde comencé a escribir. En mis inicios como lector, la novela negra no me decía nada, sin embargo, todo lo que tuviera un componente fantástico me atraía sobremanera. No obstante, yo no calificaría ‘El mapa del tiempo’ como ciencia ficción. En primer lugar, porque no quiero imponerle una etiqueta restrictiva y, en segundo, porque no sólo es un homenaje a la ciencia ficción sino también a la novela romántica, la detectivesca, la humorística … Es un homenaje a un tipo de literatura popular que conecta con el lector y que pretende sobre todo entretener. Aunque pueda parecer un bestseller, quiero que en mi novela se perciba una escritura cuidada, unos personajes psicológicamente bien trazados y profundas reflexiones sobre la condición humana y el tiempo.

¿Qué escritores os interesan particularmente?

FP. A mí H. G. Wells, Ray Bradbury, Robert Silverberg, James G. Ballard, Clifford D. Simak y algunos otros.

RT. En general me gustan autores que prestan más atención no tanto a la peripecia sino a los personajes y al estilo, como Dostoievsky, Mishima, Stevenson, Borges, Cortázar, Cheeveers, Isighuro, John Barnes... En los últimos tiempos me ha marcado mucho la novela ‘Las correcciones’ de Jonathan Franzen. Después de haberla escrito, Franzen ya se podría echar a dormir.

¿Piensas dedicarte a partir de ahora a la escritura únicamente?

RT. Desde luego voy a seguir escribiendo, ya estoy tomando notas para otra novela. Hasta ahora he sacrificado mis estudios y mi carrera profesional para trabajar en cosas que me reportaban pocos ingresos, pero que me permitían escribir. El premio Ateneo Joven me ha dado la posibilidad de administrar el dinero de su importe, de tal manera que ahora tengo un año libre para escribir. Más adelante ya veré si vuelvo al trabajo basura o qué hago.

Y tú, Félix, ¿también estás preparando algo nuevo?

FP. Con la promoción y con las correcciones de la novela llevo bastante tiempo sin escribir. Cuando acabe veré qué proyecto abordo de todos los que tengo. Posiblemente me gustaría trabajar en literatura juvenil. Quiero probar este género que me interesa mucho porque, hoy en día, la fantasía pura se centra en esa literatura en la que puedes escribir sobre un vampiro o un elfo porque tienen valor en sí mismos, cosa que no ocurre en otros territorios literarios. Repito que me atrae mucho ese género y creo que lo próximo que publicaré será otro libro de cuentos.

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