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Guerra abierta del PSOE a la Iglesia Católica

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 16 de diciembre de 2008, 22:59 h (CET)
Me hago una pregunta. Me cuesta mucho creer que, entre todos los socialistas o simpatizantes del partido socialistas que votaron al señor Rodríguez Zapatero, el pasado mes de marzo, no haya alguno, un pequeño tanto por ciento o unos cientos de miles que profesen la religión católica y, aún menos me podría creer que, entre toda esta masa de mas de once millones que se consideran socialistas, no los haya que pertenezcan a alguna de las profesiones cristianas, como pudieran ser los protestantes, calvinistas, adventistas, testigos de Jehová y el resto de religiones que tienen como denominador común la fe en la persona de Cristo, del Salvador que se dejó crucificar para purgar los crímenes de la Humanidad. Estamos todos de acuerdo en aquella máxima de “Dad al César lo que pertenece al César y a Dios lo que pertenece a Dios” pero, cuando se trata de escoger entre dos bienes, cuando se debe tomar una decisión trascendental no es posible que para un creyente, el bien supremo, aquel al que debe orientar su existencia y anteponerlo a cualquier otra opción política, material o ética; es el camino que le orienta hacia la propia salvación o sea hacia la trascendencia más allá del fiel de la muerte.

Es por eso que mi pregunta se centra en ¿cómo es posible compaginar las creencias de un cristiano, una persona que sigue la senda del bien y abomina del mal, que cree en la vida, en la caridad, en los derechos de toda criatura a vivir y hacerlo amando a sus semejantes y ocupándose de la justicia, el orden, y los derechos de las personas; con este adoctrinamiento que, desde el PSOE, se quiere impartir, imponiendo a los ciudadanos, con verdadero afán inquisitorial, un laicismo beligerante que nada tiene que ver con lo recogido en nuestra Constitución de 1978, que establece la aconfesionalidad del Estado o lo que es lo mismo, en román paladino, que el Estado no debe entrometerse en el tema religioso ni a favor ni en contra de las distintas confesiones religiosas y, mucho menos, interferir, por activa o por pasiva, en el normal funcionamiento de los distintos cultos, el uso de sus imágenes de culto y práctica de las ceremonias propias, siempre que no constituyan, en sí mismas, un atentado contra la vida, la seguridad, el orden y las libertades del resto de ciudadanos.

Porque, señores, el ensañamiento de este Ejecutivo socialista, que nos gobierna, en contra de la Iglesia Católica es sólo comparable al que puso en práctica la II República por medio del señor Azaña o el, en este caso más sangriento y radical, que llevó a cabo el gobierno del Frente Popular de la República de febrero de 1936. Si, señores, estos fueron aquello polvos, que las izquierdas no quieren reconocer, que provocaron los lodos posteriores que tuvieron su culminación en el alzamiento Nacional del 28 de Julio de 1936; al que muchos indocumentados se empeñan en desacreditar, pintándolo como una rebelión contra la República cuando, en realidad, no fue más que un acto de defensa en contra del caos imperante, del desorden público y de la incapacidad del Gobierno y de sus ministros de garantizar la vida y la seguridad de los ciudadanos de derechas.

El señor Zapatero se ve impelido, por la fuerza de los hechos, a buscar un placebo que sirva para adormecer, entretener, desviar la atención y dar carnaza a estos progres, estos desabridos miembros del librepensamiento; de los domesticados faranduleros, de los que se vale para injuriar, insultar y fomentar el odio de los ciudadanos fácilmente impresionables, en contra de la Iglesia. Para distraer a esa masa de sus votantes desconcertados por la marcha de la economía (aquella que, según el Presidente, estaba a salvo de la crisis), a la vez que aterrorizados ante las perspectivas de más paro, más recesión, más miseria y, por supuesto, nada que ver con el panorama ilusorio y de color de rosa que nos pintaba ZP y que, todavía para más INRI, ahora, cuando el tiempo se ha ocupado de desmentir todos sus anuncios optimistas; sus despectivas frases en contra de los que llamaba “antipatriotas”, porque anticipábamos lo que iba a ocurrir y sus descalificaciones en contra del FMI, el BCE la FED y todos los organismos internacionales que anunciaban la recesión y, por añadidura, nos señalaban a los españoles como uno de los principales afectados por la Burbuja de la construcción y los efectos de la crisis. Con una cara de cemento armado, que no comprendo como pude sostenerla sobre su, más bien, endeble cuerpo; ahora, cuando el tiempo ha confirmado todos los augurios de las instituciones económicas mundiales, sale el sujeto y, en una reunión con empresarios, se atreve a decir que él y su partido ya lo venían anunciando, ya apostaban por la crisis, ¡cuándo el resto de instituciones económicas del mundo, estaban convencidos de que no la habría! Señores, hace falta tener poca vergüenza y, por añadidura, tomarnos a todos por idiotas para atreverse a una bellaquería semejante.

Por eso, para continuar engañando a los cretinos que todavía se lo crean, es por lo que ZP está sacando temas, como es el de la modificación de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa (una ley vigente desde 1980 que nunca ha dado problema alguno) anunciada por la Vice de la Vogue, la señora De la Vega, con la excusa de igualar a todas las religiones instauradas en España. Ya que están en ello y visto que, a la que quieren favorecer, es a la comunidad musulmana, no estaría de más que nos dijeran ¿qué es lo que consideran más molesto para los ciudadanos españoles: los crucifijos que puedan pender de las paredes de las escuelas o la ablación del clítoris de las niñas, la sumisión completa de las mujeres a sus maridos, los azotes como medio de castigo o la jihad islámica como procedimiento cruento de ganarse el paraíso de las huríes, aunque ello suponga que tengan que rodar cabezas cristianas por los templos de los”infieles”? O, deberemos suponer, que ¿se van a pasar por alto todas estas infracciones a la Constitución española, a las leyes penales y a los derechos civiles de los ciudadanos españoles sólo para igualar a la religión católica y la musulmana? Díganos señora vicepresidente si los españoles deberemos aceptar que la inmigración de fuera, nos venga a imponer sus culturas de muerte, sus fanatismos religiosos y sus ansias de reconquista, sin hacer algo para preservar nuestra cultura cristiana heredada de nuestros antepasados y que, por si fuera poco, es la base de toda la cultura de Occidente que hoy está representada por todos los países que constituyen la actual cultura europea; incluso en la atea Rusia de hoy en día, el culto ortodoxo es respetado y se le ha concedido el estatus que antes del advenimiento del bolchevismo ostentaba. Deberán cambiar la Carta Magna si pretenden convertir un estado aconfesional en laico y lo mismo deberán hacer si quieren eliminar de España el culto católico. No les arriendo la ganancia.

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