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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

Celebran una Constitución a la que desmoronan

Miguel Massanet
Miguel Massanet
martes, 16 de diciembre de 2008, 22:59 h (CET)
Te veo besugo que tienes el ojo claro. Esta frase sería muy adecuada para espetársela a todos estos que tanto se han esmerado en demostrar su aversión, odio y desprecio por la Constitución que nos proporcionamos, los españoles, recién estrenada la transición; con la evidente intención, con la inaplazable finalidad y con la más absoluta urgencia de conseguir un instrumento adecuado, legal y consensuado que permitiera, precisamente, pararles los pies, bajarles los humos y cerrarles el paso a estos eternos descontentos, a esta pequeña pero bulliciosa tribu de los rencorosos ( contra sí mismos, me imagino, o contra sus correligionarios que perdieron la guerra civil cuando tenían en sus manos todos los triunfos para ganarla) y a aquellos nostálgicos de los tiempos de Masiá o Companys ( en ambos casos rubricados por sonoros fracaso) en los que se pretendió aquella utopía de crear el famoso “Estad catalá”.

No obstante, no nos queda más remedio que aceptar que, la mala simiente que han sembrado en Catalunya, Baleares, País Vasco y, más recientemente, en Galicia, estos corpúsculos activistas, a los que se les ha permitido actuar con plena independencia e impunidad, está dando sus frutos y, donde apenas existían unos pequeños rescoldos de insatisfacción, unas escasas briznas de pasto independentista y asomos de nacionalismo, basados en la defensa de las lenguas locales; se están recolectando, yo diría que con más éxito del que nunca se pudieron imaginar los que instigaron el virus nacionalista, un amplio movimiento de simpatía y apoyo a la causa, que propugna un nacionalismo acendrado y, lo que todavía resulta más preocupante, una aversión de ciertas regiones hacia las del resto de España, a las que consideran culpables –por apoyar, decididamente, el sentido de una patria colectiva –, de obstaculizar sus ambiciones de erigirse en estados independientes (regidos por gobiernos locales, mayoritariamente de izquierdas) y de mantener el castellano como lengua vehicular y básica de toda la ciudadanía que las habita como lengua nacional que es.

Lo que más llama la atención de esta situación por la que estamos atravesando, es que, contrariamente a lo que indicaría la lógica más elemental, parece ser que quienes estamos a la defensiva, que los que nos encontramos contra las cuerdas y estamos apunto de ser derrotados por estos minúsculos émulos del David de la honda que derrotó a Goliat, somos los que constituimos la gran mayoría de la ciudadanía española, los que representamos a el mayor número de autonomías y los que estamos apoyados por la Constitución de 1987 y el Estado de Derecho. Pero en política, en esta España de nuestros días, gobernada por aquellos que, como una quinta columna, tienen el objetivo de destruirla desde dentro, para construir sobre sus cenizas otro tipo de sociedad; lo que piensa la mayoría de la población debe ceder ante los intereses partidistas y es evidente que, al PSOE del señor Zapatero, lo que le interesa es dividir en lugar de sumar y, para ello, nada mejor que le hagan el trabajo sucio estos remedos de partidos, estos extremistas dislocados que se buscan naciones donde no hay más que gentes engañadas, mal orientadas, por la demagogia de los políticos, hacia posturas suicidas que, de llevarse a cabo, acabarían por convertirse en el cáncer aniquilador de la nación en la que piensan constituirse.

Pero si escuchamos la desfachatez con la que, algunos de estos “iluminados” que claman por la independencia de Cataluña levantando el puño en alto mientras tiende la otra mano con la palma abierta pidiéndole más dinero al Estado español para subvencionarse; tendremos que llegar a la conclusión de que no existe justicia en España, que el sistema judicial encargado de la aplicación de las normas, está colapsado y es inoperante y que, nuestros fiscales se han contagiado de las doctrinas del señor Bermejo y han decidido aplicar los preceptos constitucionales según le convenga al Gobierno, sin molestar a los terroristas y separatistas, no fuera que se pudieran disgustar y decidieran no pactar con el Gobierno, ¡que es lo que, de veras, está esperando el señor ZP desde que falló la última vez que lo intentó!. Porque, señores, cuando escuchamos al señor secretario general de ERC decir, sin sonrojarse: “¿Qué legitimidad tiene la Constitución?, no nos queda más remedio que preguntarnos si es que pertenece de pleno derecho al grupo de los babiecas o es que nos quiere tomar el pelo a todos. Parece que este Don Quijote de guardarropía, este Joan Ridao, de tan patibulario aspecto, no se ha dado cuenta de que, el que no está legitimado para hablar de legitimación, por estar situado al margen de la ley, por haberse excluido, voluntariamente, de su nacionalidad española y por atentar, con sus actos contra, la propia esencia de España, pretendiendo la independencia de Catalunya; ha dejado, de hecho, de ser un ciudadano español y, por consiguiente, deja de tener derecho opinar, interferir y, mucho menos, dudar de una Ley orgánica, aprobada por una gran mayoría de los españoles, en referéndum vinculante, y que lleva vigente ya hace treinta años. Otra cosa es que, para sus espurias ambiciones personales y sus sueños como secesionista, el hecho de la existencia de la propia Carta Magna sea un obstáculo insuperable. Pero el ha dicho lo que ha dicho y nadie, ni la fiscalía, ni Rubalcaba, ni la oposición han denunciado a este individuo como tampoco lo han hecho cuando el señor Tardá, este filibustero diputado de ERC ha soltado, en un acto público de su partido, el grito de guerra “¡muera el Borbón!”

No es que yo crea que “ el Borbón” se esté luciendo, no, no, al contrario, me parece que ha cogido alguno de los “tics” garbachos de su antecesor, Fernando VII; pero, nos guste o no, representa a la más alta institución de la nación y, cuando se lanza un grito de tal cariz, como el emitido por este Tardá, se está induciendo a cometer actos que constituyen nada más y nada menos que una inducción a cometer un delito de “lesa majestad”; aunque él pueda aducir que no fue esta su intención, sino la de renegar de la monarquía. El otro día hablé de una madre que fue condenada a 9 meses de cárcel y a estar apartada de su hija de 11 años durante dos años porque la había abofeteado por insultar a un pariente y, ahora, les pido que comparen este “gran crimen” de querer corregir a una menor por una falta que había cometido, y me digan si este delito tiene más importancia que el cometido por el señor Tardá ( que ya nos tiene acostumbrados a sus salidas de tono y su poca continencia) o por aquellos que queman en la impunidad imágenes de los monarcas o los que salen, como salvajes, por las calles a quemar, destruir, emborracharse, drogarse y ocupar propiedades ajenas o molestar a los ciudadanos que intentan vivir en tranquilidad y sin problemas. Nadie protege la Constitución, celebran sus 30 años pero deberían celebrar, al mismo tiempo, su despedida; porque nadie quiere cambiarla, pero no es para defenderla, sino para acabar con ella a la chita callando, saltándosela a la torera con la plena colaboración de los Vellido Dolfos en que se han convertido los magistrados del TC, los fiscales,al mando de Conde Pumpido, el señor ministro de Justicia y toda la estela de jueces estrella que se ocupan de allanarles el camino para convertir a España en el paraíso de la izquierda progresista, homosexual y reina del libertinaje laico y amoral. Para esto se hizo obligatoria la famosa Educación para la Ciudadanía, pues ¿qué se creían ustedes?

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