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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Fraga, las cosas del abuelito

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
domingo, 14 de diciembre de 2008, 22:00 h (CET)
La sabiduría popular afirma que los niños, los ancianos y los borrachos son los únicos que dicen la verdad, pero también la mayoría de las veces se exculpan sus palabras, especialmente cuando no vienen a cuento, excusándoles bien por la mucha o poca edad o por los excesos etílicos. “Cosas del abuelo” es la frase que muchas veces sirve para no dar importancia a alguna frase fuera de lugar de los más mayores, y esa parece ser la consigna entre las gentes de la derecha ante la afirmación de Manuel Fraga Iribarne, verdadero dinosaurio de la política española, de que a los nacionalistas “habría que colgarles de algún sitio”, intentan quitar importancia a la frase olvidando el pasado del durmiente senador quien en sus tiempos de franquista no llegó a ordenar colgar a ninguno de sus adversarios en el patíbulo de cualquier plaza pero si que se sentó en un Consejo de Ministros que firmó una orden de fusilamiento, la de Julián Grimau.

De Fraga siempre se nos ha querido mostrar su cara más simpática, la del político que, con la boca llena, se preguntaba por el precio de los garbanzos y las lentejas, la de un Fraga todavía joven embutido en un enorme calzón- “meyba” les llamaban por aquellas calendas- bañándose en Palomares para demostrar que no existía contaminación nuclear después de la caída de bombas yanquis en aquellos lugares, o la de un Fraga más humano que nunca practicando el nudismo en un playa tapando con las manos sus bajos ante la llegada de un autobús de monjas mientras su fiel Pío Cabanillas le gritaba, “la cara, la cara, Don Manuel” para que el eterno político se tapará la cara y las monjitas no les reconocieran. O un Fraga entrañable jugando al dominó cada verano junto con sus paisanos. Todas imágenes simpáticas de un político que en cualquier democracia hubiera sido enviado a tomar el sol de la jubilación desde el mismo momento del advenimiento de un sistema de libertades que él negó a los españoles durante tantos y tantos años pero que aquí sigue disfrutando de coche oficial como hace cincuenta años.

Ahora, Don Manoliño, como le llaman sus paisanos, quiere colgar de algún sitio a los nacionalistas, pero sólo a los periféricos. No se si del cuello, de las muñecas o de los cojones que eso no lo especificó, pero a quien tantos años se sentó junto a Franco en el Consejo de Ministros le ha salido de dentro el franquista que siempre fue y ha arremetido contra el nacionalismo y las nacionalidades olvidando que él fue uno de los padres de esa Constitución que en su articulado recoge el termino “nacionalidades”. El senador Fraga Iribarne no es un tierno ancianito lleno de ternura y simpatía, el senador Fraga Iribarne nunca aclaró sus responsabilidades políticas en las muertes de Vitoria y Montejurra donde la policía y los sicarios del fascismo sembraron de sangre esa calle que a voz en grito el senador Fraga Iribarne proclamaba como suya.

Hoy este viejo político franquista y totalitario, antiguo servidor de la dictadura más larga padecida por España y actual mascarón de proa del Partido Popular ha mostrado, una vez más, su verdadera cara sin que a sus conmilitones de la gaviota se les enrojeciera el rostro ni un ápice. Al contrario, la salida de pata de banco de este político del pleistoceno les ha parecido una boutade del abuelito fruto de la edad y dicha tal vez al despertar bruscamente de una de esas maravillosas siestas a las que tan acostumbrado es el viejo franquista, e incluso algunos le han reído la gracia pensando para sus adentros que el gallego ha dicho lo que a ellos les gustaría decir pero que callan por prudencia política.

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