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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

La Transicion y los nuevos rojos de derechas

Mario López
Mario López
domingo, 14 de diciembre de 2008, 03:03 h (CET)
Últimamente sufro de extrañas sensaciones cuando escucho a jóvenes profesionales de la opinión, nacidos más allá del mítico 1977, haciendo sus particulares análisis críticos de aquello; con una cierta terquedad en sus argumentos mezclada con un devoto respeto que no acierto a comprender.

Cuando uno se va haciendo viejo va constatando cómo la naturaleza de los acontecimientos se transforma con los años como si se tratara de un compuesto químico. Los que por aquellos años estábamos en edad suficientemente madura como para apercibirnos de cuanto sucedía a nuestro alrededor lo primero que no hemos dejado nunca de preguntarnos es qué fue realmente lo que sucedió; qué se cocinó de verdad en las esferas del poder. Porque el hecho de que estuviéramos vivos y tuviéramos la mente abierta no significa que hubiéramos vivido aquello. Al común de los humanos nunca se nos invita a participar en la Historia, salvo como corifeo en momentos en los que se ha de sacar la foto para la posteridad, para corroborar que en tal día se produjo tal acontecimiento. Los que transitaron por las esferas del poder no representan ni el 1 % de la población de aquellos años; apenas nada, hoy en día. Las decisiones políticas que se sucedieron entre los años 1977 a 1982, los atentados terroristas y los espectáculos musicales dibujaron un paisaje que hoy constituye el mito más reciente de nuestra historia. Los que supieron sacar provecho personal de aquello son esos personajes de entre cincuenta y setenta años que todos conocemos y que hoy en día componen el santoral pagano de la fama, el dinero y el poder. Muchos otros, los que no supimos interpretar correctamente los signos de los tiempos, nos quedamos en la cuneta; unos más muertos que otros, pero todos con la miel de la vida en los labios. El reciente flujo de famosos intelectuales y artistas desde la izquierda de entonces a la derecha de ahora se explica fácilmente si se analizan los hechos desde la cuneta. La izquierda de entonces salió a la luz desde la clandestinidad impuesta por la dictadura franquista y se dispuso a participar en la vida política del país sin el menor bagaje. Los cabecillas pertenecían a la burguesía y, en realidad, no eran otra cosa que un conjunto de niñatos que jugaban a la revolución. Lógicamente, con los años se les quedó pequeño el juego -hacer socialismo no es tan entretenido como irse de copas- y su natural querencia les devolvió al lugar de donde habían salido: la placentera derecha de la que habla Mayor Oreja. Otros hicieron fortuna en la izquierda y ahí siguen. Los trabajadores, las bases del precario movimiento obrero, están donde siempre, un poco más endeudados que antaño pero, hoy como ayer, sufriendo la historia, la sutilmente mudable historia escrita por los vencedores de siempre.

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