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La alargada sombra de Emery

Antonio Pérez Gómez
Antonio Pérez Gómez
sábado, 13 de diciembre de 2008, 03:49 h (CET)
No voy a hablar del Barça- R. Madrid. En serio, no diré ni pío sobre el clásico (ya saben, el encuentro anteriormente llamado “derby”, hasta que alguien en Barcelona discurrió que “derby” es cuando hay un partido de máxima rivalidad entre dos equipos del mismo barrio, ciudad, región o país y, lógicamente, eliminaron el anglicismo con tufillo unificador y cambiaron al término más ambiguo “clásico”).

Les voy a hablar de otra historia, menos grande pero también perteneciente al fútbol español de primera división (lo siento, me niego a llamarla LIGA BBVA). Es una historia de un equipo de esa “otra liga”, la de los equipos modestos que no aparecen en los resúmenes de las grandes cadenas de TV, como por ejemplo en la casposa crónica futbolística de Antena 3, que se queda en el tópico más patético y en la que sólo salen esos “otros equipos” durante 3 segundos, y sólo si se enfrentan a Madrid o Barça, o bien porque hayan sido protagonistas de algo que para, el jefe de deportes de esa casa, le parezca insólito o bizarro.

Gonzalo Arconada es el entrenador de la UD Almería. Se le contrató para sustituir a un genio de los banquillos, a Unai Emery, un tipo que es buen entrenador y mejor conductor de vestuarios. Gonzalo, sin embargo, se trata de otro tipo de persona. Es un hombre tranquilo. Un vasco serio, de verbo corto, preciso y conciliador, que vino del Numancia tras hacer una sensacional campaña y subir al equipo soriano a primera con un presupuesto limitadísimo y con el eterno hándicap de pertenecer a una capital cuya población la situaría como un pueblo con peso demográfico relativo en cualquier otra provincia más poblada.

El bueno de Arconada, hermano del mítico guardavallas, está viviendo malos momentos, criticado por la afición, con graves problemas de vestuario con sus propios jugadores y respaldado desde la directiva sólo con tibieza. En estas semanas ha sido ratificado tantas veces y le han sido dadas tantas muestras de confianza, que a nadie se le escapa que tiene en realidad un pie y medio fuera del club, a menos que los resultados cambien diametralmente, claro.

La raíz del problema es que su trayectoria como entrenador se ha desarrollado en exclusiva en equipos norteños, con Soria como su frontera sur. Es una forma diferente de ver el fútbol. Sin las urgencias que se estilan en el fútbol meridional o levantino. Viene de un fútbol que busca los resultados exclusivamente a través de una ética del trabajo, más que a través de un juego atractivo que encandile al público y que produzca unos frutos inmediatos.

Además, en Almería a Arconada se le ha juntado el hambre con las ganas de comer. Al frente del equipo mediterráneo está su presidente, Alfonso García, un hombre ambicioso y creativo que recuperó para el balompié a una ciudad postrada durante décadas al fútbol profesional, pero que tiene muy claro que no va a perder un duro en este negocio. Por ello, no le ha temblado el pulso a la hora de vender este verano al mejor jugador de la historia del fútbol almeriense, el brasileño Felipe Melo, que está jugando en la actualidad la Champions con la Fiorentina, o incluso regalar al pilar básico de la defensa almeriensista el año pasado, Rubén Pulido, un jugador tan esencial como poco cotizable, y hacer así sitio a la pléyade de jugadores jóvenes y enormemente revalorizables que se ha traído al Almería con la esperanza de que exploten, y poder de ese modo revenderlos por un pastón con posterioridad, en cuanto alguno cuaje. Arconada, prudente, los pone, pero no siempre dan resultados.

El presidente lleva el Almería con mano firme y mirada vigilante. Tiene muy claro lo que quiere y lo que no quiere. Antes que adecuar los precios a la realidad económica y social de la ciudad, prefiere poner unos abonos con uno de los precios más caros de España (algunos afirman que los más caros en términos relativos) y ver el bochornoso espectáculo de unas gradas que están registrando unas entradas que no cubren ni de lejos el 50% del aforo del nefasto Estadio Mediterráneo. Entiéndaseme con lo de nefasto. Es un estadio tan bonito para la práctica del súper-popular deporte del atletismo como inútil y, a la larga, seguramente mortal, para el fútbol de la capital, pues el fútbol desde el óvalo de los fondos, sencillamente, no se puede ver. Sólo se intuye. Y esto terminará matando a la afición local.

En medio de todo esto, el pobre de Arconada no se ha visto en otra parecida. Sus alineaciones se entienden desde la grada, acostumbrada al caviar de Emery el año pasado, como erráticas y preñadas de un profundo e inquietante desconocimiento del potencial de la plantilla. Quizás no sea así, pero sí es cierto que Gonzalo, paladín del fútbol modesto, no está acostumbrado a manejar plantillas tan largas y llenas fuertes egos como la del Almería. Ha entrado en una incomprensible dinámica de rotaciones que no premian las buenas actuaciones con la titularidad, ni sanciona las malas actuaciones con el banquillo. La continuidad es tan sólo una quimera en esa plantilla, a excepción de algún caso bastante controvertido. Sus cambios, por otra parte, son todos conservadores. Como muestra, un botón: de suicidio se ha tachado unánimemente la sustitución de su único delantero, Negredo (un regalo de los dioses que el Almería debería aprovechar mientras aún lo tenga en sus filas) en Pamplona hace 15 días cuando quedaba aún media hora para amarrar el resultado. Lógicamente, se terminó perdiendo el partido.

Pero lo peor es que el poco público que acude al Mediterráneo ha perdido la paciencia. Es humano. Le han cobrado los abonos como jamón serrano de pata negra pero le están dando mortadela…y sin aceitunas. El Almería lleva 5 puntos de los últimos 27, ha pasado de estar en puestos Champions, a puestos UEFA y de ahí a pasar a puestos de descenso si pierde el domingo contra el Racing. Caída libre, que se llama. Por ello, el respetable está hasta el último pelo y no duda en expresar su desagrado con todo esta situación a base de música de viento, lo que hace que el profesional que está sobre el césped se desmotive y se ponga nervioso. La pescadilla que se muerde la cola. Crudo panorama para Gonzalo Arconada.

Por cierto, a pesar de lo visto durante la semana europea, no se dejen encandilar, no apuesten por una victoria blanca en el Camp Nou. Si el presidente de la nación se permite anunciar una “manita” de su Barça, por algo será. (Lo siento, no me pude resistir).

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