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Opinión
Etiquetas:   Hablemos sin tapujos  

Tribunales para juzgar hechos futuros ¡Inefable!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
jueves, 11 de diciembre de 2008, 03:31 h (CET)
Algo verdaderamente chocante, que pudiera mover a hilaridad si no se tratara de un tema muy serio, si no fuese un sarcasmo contra el sentido común y si no tuviéramos ya las mandíbulas encajadas de tanto mantenerlas tensas, ante la evidencia de estar en un Mundo dislocado, donde parece ser que el sentido común, la ética y la moral han quedado reducidos a meros vocablos en vías de de desaparición de los diccionarios de todas aquella lenguas, que en número de millares, se utilizan entre los pobladores de la Tierra para intentar entenderse, en un vano esfuerzo de comprensión mutua (porque, si Dios no lo remedia, en este planeta no hay quisque que sea capaz de hacerlo). El caso es que, en la comunitaria Holanda, la tierra de los tulipanes y de las reinas de cara redonda y gordezuelas; como no han tenido bastante con defenderse de la invasión del mar, con sus maravillosos diques, y no se han conformado con ser uno de los feudos más emblemáticos de esto a lo que se ha venido llamando “ecologismo”; cuando, para desengaño de muchos y admiración de otros, sólo se ha convertido en la piel de cordero con la que, los filocomunistas o progres, llámenlo como les parezca, intentan pasar desapercibidos (como si se tratara de simples clones del famoso “Lobo Feroz” de la Caperucita Roja); ahora, en pleno siglo XXI, han querido dar un paso más en cuanto a innovación y , para ello, no han dudado en convertirse en pioneros de la “Justicia del futuro”.

El caso es que, el pasado mes de noviembre, se reunió en la Haya, la comisión Justicia para el Futuro (WFC) con magistrados de la Corte Internacional de Justicia y de la Corte Penal Internacional, para tratar la definición de “crímenes contra las futuras generaciones” y estudiar los medios para perseguirlos a través de la Justicia Internacional. Es decir, que quieren castigar ahora actos cometidos por las actuales generaciones en base a comportamientos que, para esta cohorte de sabios, pudieran resultar perjudiciales para las generaciones futuras. Para entendernos, que si no nos bastaran las actuaciones desquiciadas del señor Garzón ( hundido en el más horrible de los ridículos después de su pretensión de descavar las fosas comunes de la Guerra Civil) si no nos hubieran asaltado, impunemente, esos bandidos de las GAES consiguiendo de sus compinches, el señor ZP y su Gobierno, que nos hicieran pagar un Canon Digital sobre los CD vírgenes, por si acaso tuviéramos la tentación de intentae grabar una copia pirata de alguna de estas cancioncillas insulsas, cacofónicas y estridentes de estos “idolos” de las juventudes, ( a los que les chorrean euros por las faltriqueras con sólo lanzar unos pocos graznidos de protesta o se declaren partidarios del Ché Guevara); ahora estos ecologistas de luengas barbas e hirsutas cabelleras han conseguido que aquellos que no han sido capaces de poner orden en la humanidad desde que el mundo es mundo, los de las togas y birretes, nos vayan a sancionar por, simplemente, respirar ya que es una forma de gastar el oxígeno que, algún día, le pudiera faltar al miembro de una octava, milesima o millonésima generación del futuro.

No obstante, si es que debiéramos dejarnos influir por las teoría del señor Gore ( no un científico, por supuesto, pero sí un listillo que sabe sacar rendimiento económico de sus discursos ecológicos), el que tiene una mina de cobre que contamina lo suyo; seríamos culpables de tener empresas de las que compramos sus producciones, de las que nos beneficiamos ( incluso los señores magistrados de este fantasmagórico Tribunal que pretenden imponernos) y que nos ayudan a abrigarnos, estar calientes, alimentarnos, circular por las carreteras y divertirnos; por causa de que, como han venido haciendo desde hace siglos, viertan sus humos a la atmósfera. ¡Ah! Pero no pierdan comba.. Cuando el dinerillo manda, cuando conviene al Gobierno o las circunstancias lo requieren entonces, como está ocurriendo en Europa y, la Merkel, ya lo ha implantado en Alemania, se establecen moratorias, se suspenden prohibiciones y se dejan de aplicar penas a aquellos industriales que contaminan; como si la contaminación fuera algo de quita y pon según conviniera al respetable.

Lo que ocurre es que estos ecologistas de boquilla, estos que lo mismo aparecen en Berlín que en La India o Afganistán; que siempre son los mismo y que nadie sabe de lo que viven, porque trabajar, trabajar, por supuesto no. Pues estos señores que tanto nos han asustado sobre el cambio climático, que han conseguido que sus sicarios en la ONU haya implicado a dicho organismo en esta gran farsa; vean ustedes por donde ahora se encuentran contradichos por la misma naturaleza, que se ha empeñado en humedecerse y, donde había amenazas de desierto ahora hay inundaciones y donde los polos se fundían resulta que este año, sí ,este 2008, la superficie polar helada ha vuelto a aumentar. Porque no serán, los que van a poner en peligro a las generaciones venideras, los de las actuales, a causa de su contaminación ni por su consumo ni por los gases que emitan a la atmósfera, no señores, quien va a acabar con nuestro planeta será él mismo, siguiendo su evolución natural, cuando su núcleo se enfríe y las contracciones de la masa terrestre provoquen los mayores cataclismos que nunca pudiéramos imaginar. No somos más que insignificantes átomos ante la fuerza del Universo y no deja de ser una pretensión fatua, prepotente y altanera esto de presuponer que nosotros vamos a ser quienes acabemos con nuestro mundo.

Visto lo visto, y ante los resultados de las leyes que se han pretendido internacionalizar, siempre restrictivas y atentatorias contra las libertades individuales, uno debe declararse poco receptivo a este tipo de tribunales, que intentan juzgar conductas actuales en base a hechos futuribles que no se sabe si tendrán lugar y que, dada la falta de conocimientos sobre lo que nos depara el porvenir, deberemos concluir que: la pretensión de evitar males futuros con tribunales actuales, creo que se podría comparar con la famosa construcción de la Torre de Babel, en la que lo humanos pusieron su empeño en poner en cuestión la obra de Dios, pretendiendo emularle. Las consecuencias las estamos padeciendo, no sólo en el aspecto lingüístico, que también, sino, y esto es mucho más grave, en que somos incapaces de entendernos entre nosotros y cada cual tira del carro en la dirección que le parece; por lo que no nos deberíamos de extrañar de que, el artilugio, no se mueva de su sitio, que es donde estamos nosotros: aparcados en la estupidez y, cada cual, intentando llevarse el agua a su molino. Resultado: un caos.

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