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Olor a podrido

Daniel Sanabria
Daniel Sanabria
miércoles, 10 de diciembre de 2008, 11:28 h (CET)
El fútbol es una gran mentira. Y si nadie de toda la gente que está metida en este mundo lo ha dicho con esta rotundidad es porque a todos les interesa mirar para otro lado y seguir viviendo de este negocio. Porque el mundo del fútbol da de comer a muchas miles de personas en España cada día. Y comer bien, no bocadillos de mortadela. Periodistas, futbolistas, empleados de los clubes, intermediarios, patrocinadores... Pero por fin están saliendo a la luz asuntos turbios que dejan en bragas la limpieza que todo el mundo ha presupuesto siempre a la Liga Española.

No señores, no se engañen. El fútbol es una mentira, un negocio, un trapicheo, una mafia. Pueden llamarlo como quieran. En Italia hubo árbitros comprados que decidieron campeonatos y descendieron equipos a Segunda. En Alemania un tanto de lo mismo. ¿Pensaban que en España con esta Federación de risa y la dictadura que padecemos desde hace dos décadas no iba a haber nada de “mierda”? La semana pasada ya conocieron el caso de Jesuli y el Málaga por un lado, y del partido amañado entre el Levante y el Athletic (equipo de Villar, presidente de la RFEF) por otro. Y con gol en propia puerta incluido.

Les recuerdo algún asunto más que confirma que en el fútbol español puede haber de todo menos honestidad y limpieza. Como el conocido pasteleo que se traen desde hace años los equipos vascos para hacerse favores entre sí y evitar el descenso en las últimas jornadas, sobre todo, Alavés, Real Sociedad y Osasuna. De momento, los dos primeros ya están en Segunda División, y el tercero ha pedido billete en clase business para coger el mismo camino. Me alegro, de verdad que me alegro.

Siguiendo en el terreno estrictamente futbolístico también podemos acordarnos de los típicos empates fifty-fifty, esos partidos que se suelen disputar en la última jornada de Liga y cuyo empate favorece a los dos conjuntos para lograr sus respectivos objetivos. Siempre que hay un partido de estos en los que el empate sirve a ambos equipos para conseguir la permanencia o para entrar en Europa, curiosamente el resultado es 0-0. Casualidades, vaya. Es muy común tambien este estilo de partidos en la fase de liguilla de la Champions League. Alguna vez se ha visto a algún delantero casi pidiendo perdón por chutar rozando el palo, y a los defensas mirándole con cara de “¿estás tonto?, casi nos marcas gol!”.

Y ya si nos metemos en terrenos algo más extradeportivos podemos recordar el no cierre del Camp Nou por el episodio “cochinillo”. En cambio, otros estadios sí se cerraron. Es la diferencia entre ser amigo íntimo de Villar y no serlo. Por no hablar ya de las primas a terceros, de las que se dicen que nadie las ve pero existir existen. Al ritmo que vamos, en pocos años, hablaremos de primas a terceros a la cara y sin disimulos. Total, si el fútbol español es un vertedero en el que cada uno hace lo que quiere y aquí nunca pasa nada.

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