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Etiquetas:   Reales de vellón   -   Sección:   Opinión

Zapatero a tus apegos

Sergio Brosa
Sergio Brosa
miércoles, 10 de diciembre de 2008, 12:18 h (CET)
Es claro que todos tenemos nuestras aficiones o inclinaciones; son los apegos; pero esto de ZP ya es harina de otro costal.

En efecto, nuestro preclaro presidente está de por vida apegado a lo que le dio la oportunidad dentro del PSOE, de hacerse una profesión primero, un nombre más tarde, luego un cargo y finalmente la candidatura a la presidencia del gobierno, ganada por dos veces consecutivas por ahora. Como él mismo ha confesado, ya de jovencito quedó prendado de Felipe González en un mitin que dio en León. Ahí descubrió él su mayor apego: el PSOE.

Pero sucede que los apegos, como alguien dice, son jhodidos de manejar y uno ha de ser muy consciente de cómo ha de tratarse una relación de amor odio como la que se da en el seno de todo partido político. Y lo mismo dentro de cada asociación, ONG, club deportivo, comunidad de propietarios, AMPA –vaya un acrónimo para designar la Asociación de Madres y Padres de Alumnos– y en general en cualquier grupo humano. No sé si debería decirse grupo/a humano/a para ser políticamente correcto.

ZP cree vivir permanentemente en un nido rosa, en el que todo es amor y buenas vibraciones y tal vez confunda sus buenos deseos o “wishful thinking” como le llaman los anglosajones al pensamiento ilusorio, con la realidad de la vida. Puede que vea su rosa socialista desleída y en lugar de roja la vea rosa, confundiendo color y nombre. Pero últimamente parece que no da una a derechas… entre otras cosas porque se dice de izquierdas, cuando a todas luces, la distinción política de derechas e izquierdas es ya un anacronismo.

Pero se envalentona él sólo, como cuando consiguió una butaquita de platea en la pasada reunión del G-20 en Washington para refundar el capitalismo con su nuevo amigo, Nicolás Sarkozy y se llevaron un buen revolcón ambos dos, al concluir el documento final de la reunión, pues esta vez no fue un insulso comunicado al uso, en el que se reafirma la confianza en la economía de libre mercado, en la globalización y en la apertura de fronteras al movimiento de mercancías y capitales. Nada que ver con el tradicional enfoque que a estos temas da la socialdemocracia.

Igual sucedió en la pasada campaña electoral en la que prometió los 400 euros a todo quisqui. Parecía que aquello iba a ser un tálamo de amor y cuando llegó el momento del cobro resultó ser menos que un beso andeniado.

Recientemente prometió 50.000 millones de euros al sistema financiero y o no llega nada o está llegando en dosis homeopáticas. Lo mismo que a la dependencia; gran bombo y platillo anunciando que a los dependientes se les habían acabado sus problemas económicos derivados de su desvalía y a penas unos cuantos han visto la subvención.

No puede gobernarse un país a base de sonrisa y candor; hay que agarrar el toro por los cuernos y tomar decisiones acordes con la realidad coyuntural que vive el país, así sean o no populares, pues en otro caso, el país sigue hundiéndose en la crisis y las medidas que se adoptan no pasan de ser populistas, para agradar a los incondicionales.

Como los fondos ahora destinados a los ayuntamientos, sobrevolando gobiernos autonómicos y federaciones de municipios. Para que los gasten en dar empleo a sus conciudadanos para hacer mantenimiento de comisarías, jardines públicos y cosas así. Olvidando que la generación de empleo serio, estable y creciente viene de la mano de las pequeñas y medianas empresas en primer lugar y del resto de la economía a continuación.

Ganó las pasadas elecciones, sí, pero aquello era ya un dardo envenenado porque la crisis financiera, por mucho que la ignorase, había asentado ya sus reales en España y no la paraba ya nadie. Y menos, negándola.

Es momento de cambiar ciertas estructuras del país, tales como las derivadas de la factura del petróleo y demás energías fósiles. Pero de forma valiente y realista, mientras se potencian las energías renovables que hoy por hoy son antieconómicas y para seguir así, mejor mantener la factura del petróleo. Pero es llegada la hora de plantear seriamente la energía nuclear, como están haciendo los países de nuestro entorno desarrollado, a fin de evitar la dependencia futura de países geopolíticamente vacilantes que son quienes nos proporcionan las fuentes energéticas convencionales: gas y petróleo.

Mejor pues que ZP se dedique en cuerpo y alma a su principal apego, su partido político; que haga y deshaga en él a su antojo y deje en manos de alguien capaz la gobernación del país. Que tampoco está muy claro de quién son esas manos.

Y de una ya imperiosa remodelación del gabinete de ZP, trataremos en una futura ocasión. Antes de que la remodelación suponga también el relevo de su presidente.

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