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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¿Son sindicatos o son patronales?

Miguel Massanet
Miguel Massanet
lunes, 8 de diciembre de 2008, 12:24 h (CET)
Por mucho que desde las altas instancias del poder se empeñen en lanzar globos sonda para desviar la atención de la recesión que, dicho sea de paso, ya ha sido reconocida en Europa, y que algunos se nieguen a aceptar la evidencia, como la señora Maravillas Rojo, secretaria general de Empleo –que ha tenido que salir a la palestra para salvar la cara al ministro Corbacho, desaparecido misteriosamente en un momento en el que debería explicar a los ciudadanos el porqué de que llevemos dos meses consecutivos con un incremento del desempleo de más de 170.000 trabajadores cada uno de ellos –; lo cierto es que, cada día, el espectro del paro se hace más amenazador. La señora Rojo, en lugar de aceptar la realidad y admitir, sin ambages, que la situación es crítica; se ha visto obligada a hacer el ridículo hablando de rotaciones y nuevos empleos, como si con un placebo semejante se pudiera engañar a aquellos que están padeciendo en sus carnes los efectos de esta lacra y, de los que le están viendo las orejas al lobo de un futuro despido de sus puestos de trabajo, para los meses venideros.

En todo caso, a mí me gustaría destacar el papel que están desempeñando los Sindicatos obreros en cuanto a la defensa de los trabajadores que han confiado en ellos y, también, en cuanto a su colaboración para paliar los efectos de la recesión en las familias de aquellos que se han visto privados de su trabajo y permanecen viviendo con lo que les ha quedado en concepto de subsidio de desempleo. Al respeto, conviene resaltar que, si bien en el caso de los que tengan muchos años de cotización a la Seguridad Social y no se hayan visto precisados a pasar por anteriores ERE’s, el tiempo que podrán gozar de su situación de desempleados, cobrando el subsidio, podrá alargarse hasta los dos años; todos aquellos que lleven poco tiempo de alta en la Seguridad Social y no acumulen el tiempo necesario, verán reducido su periodo de desempleo con derecho a prestaciones, en función del tiempo cotizado, lo que los puede dejar, en unos pocos meses, en paro y sin ayuda económica alguna. Tampoco deberemos olvidarnos de aquellas personas que, engañadas, fueron atraídas a España pensando que encontrarían en ella a “El Dorado” y se han hallado ubicados en tierra extraña, sin trabajo y sin medios materiales para subsistir.

Tengo la suficiente experiencia en la materia para distinguir a los Sindicatos del periodo anterior a la muerte del general Franco ( años 1974 y 1975) en los que los comunistas se empeñaron en preparar una transición “revolucionaria” que, en el caso de Barcelona, se centró en todo el cinturón comercial, especialmente en la zona del Bajo Llobregat, donde los de CC.OO se mostraron en su faceta más dura dirigidos, como no, por un jesuita renegado, el P, Nieto, que logró poner en alerta a todas las industrias de la región. Huelgas, plantes, disminución de rendimiento, amenazas e inhibición de las autoridades que, curiosamente, cambiaron su represión de las huelgas y su firmeza en mantener la paz laboral, por un cómodo y “saludable” laissez faire dejando libertad a las turbas, incitadas por los sindicatos, para que pusieran en un brete a los empresarios con sus demandas desproporcionadas y sus exigencias rayanas en lo que fueron las “colectivizaciones” que tuvieron lugar en la parte republicana durante la Guerra Civil.

Sin ir tan lejos, y durante el gobierno del señor Aznar, a pesar de los 5.000.000 de empleos que se cubrieron; aún teniendo en cuenta la mejora económica que logró para España y el hito de hacerla entrar en la UE, cumpliendo las duras condiciones que entonces se exigían para tener derecho a ello; vean ustedes que, estos mismo sindicatos de los apoltronados Fidalgo y Méndez, no tuvieron inconveniente en convocar una huelga general, en el momento en que más absurda resultaba y que menos posibilidades tenía de poder derribar el sólido gobierno de la derecha. Pero, maravíllense ustedes, y contemplen a estos amansados líderes sindicales, observen la forma comedida con la que se manifiestan y el apoyo incondicional que le dan al gobierno de Zapatero, cuando estamos a punto de alcanzar los 3.000.000 de parados. Y es que ahora los sindicatos son ricos. Sí, han recuperado su patrimonio, han conseguido fuertes subvenciones del Estado, tiene a miles de empleados, con los que utilizan las mismas tácticas que cualquier empresario privado e, incluso, tuvieron un feo asunto de estafa por viviendas de una cooperativa que no se llegaron a construir y, sin embargo, ya habían percibido pagos de los futuros propietarios. El papá Estado tuvo que acudir en su socorro y todo quedó en agua de borrajas. En estas circunstancias, no hay duda de que no tienen ningún interés en plantearle problemas al gobierno socialista y se mantienen en un discreto segundo plano para no hacerse notar demasiado.

Pero a mí se me ocurre que, puesto que tanto CC.OO como UGT, tienen unos patrimonios muy saneados, se han convertido en verdaderos emporios de riqueza, ¿cómo no se le ha ocurrido al Estado pedirles que ayuden a los trabajadores en problemas, con parte de sus bienes? ¿No se crearon, estas organizaciones, con el fin de proteger a los obreros en apuros?, ¿no crearon “cajas de resistencia” para apoyar las huelgas contra los capitalistas? Parecería lógico que, todos estos aposentados defensores del “proletariado”, dieran ejemplo a la hora de mostrar su largueza y su celo por aquellos que están pasando por apuros económicos; simplemente, realizando sus activos y poniéndolos a disposición de todos aquellos que precisen de ellos. No hay duda que sería una medida muy filantrópica que, con toda probabilidad, ayudaría a que los efectos del desempleo, de la caída de la economía y de titubeante marcha del país mejoraran; mucho más que empeñándose en que los sueldos se aumenten, como si estuviéramos en tiempos de vacas gordas y las empresas estuvieran en condiciones de permitirse semejantes alegrías. En cualquier caso, ha quedado patente la parcialidad, el descaro y la impudicia de esos entes, que se llaman a sí mismos sindicatos obreros, a la hora de tragarse sus obligaciones para con sus representados, prestarse servilmente a defender un gobierno que no ha dado una a derechas, y a continuar exprimiendo las ubres del Erario Público para hacerse más ricos, si es que ello es posible. ¡Serán sinvergüenzas!

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