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Etiquetas:   Buñuelos de viento   -   Sección:   Opinión

Sopena, Losantos y otros: Periodismo parcial, periodismo sin crédito

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
lunes, 8 de diciembre de 2008, 12:24 h (CET)
Los dos bandos en que está dividida la prensa española están cada día más encastillados en sus perversas posiciones y más alejados de la realidad. Parecen luchar por ver quien desvaría más, quien se aleja más de la serenidad y quien pierde el equilibrio que deben presidir todo juicio. Lo más curioso del enfrentamiento de la prensa radical es que mientras un extremo defiende contra viento y marea a “su” gobierno, el otro ataca a “su” oposición. Cosas veredes, amigo Sancho.

Sí, ciertamente por el medio queda una gran extensión de tierra ocupada por emisoras y periódicos que aún siendo partidistas, nadie se salva, y defendiendo cada una su particular versión de la realidad consiguen mantener con gran dignidad cierta neutralidad y distanciamiento. Pero cuando hablamos de periódicos, emisoras y periodistas muy lejanos a la neutralidad, a la objetividad y por lo tanto poco dignos de crédito y de valoración hablamos de subjetividad, pasión y parcialidad. Y también descrédito. Como hace ya tiempo que en este blog se ha sacudido candela a los de un lado hoy le toca a los del otro. Con su permiso, señores, a ello voy.

Que hoy le toca a Sopena. Uno, consumidor incansable de prensa de todo tipo, va leyendo titulares y va tomando nota de afirmaciones, opiniones y tergiversaciones en silencio. Hasta que un día, tal vez porque no tiene nada mejor que hacer, decide que ya vale y que lo de Enric Sopena pasa de castaño oscuro, que ese señor tiene más de deformador que de informador y le aparta al submundo de los trolls de la prensa. Nunca jamás.

Sopena pertenece a esa clase de periodistas que sólo ven la paja en el ojo ajeno, su deformación ideológica le impide comprobar que aciertos y equivocaciones se reparten por igual en el espectro partidario, que nunca nadie tiene la razón para siempre, sino que todos somos portadores parciales de la verdad. De la verdad parcial. De nuestra verdad. Éste insaciable personajillo, al igual que ese otro radiopredicador que todos conocemos, jamás parece equivocarse, se cree la encarnación de la verdad y pontífice de la corrección política. Tajante y definitivo en sus afirmaciones, puede llegar a decir las mayores barbaridades sin inmutarse y defender sus disparates con una cara de aparente serenidad que desdice el tono ofensivo y despectivo de sus palabras. Poner en duda su verdad, su versión de la verdad, es caer bajo mil rayos mortíferos, dudar de su palabra es ser ignorante total, no aceptar su manera de ver las cosas es ser fascista absoluto. Nada de medias tintas: o él o el caos. O le crees y le sigues a pies juntillas o eres desterrado al infierno de la res pública.

Allá cada uno con su posición personal pero la verdad es eternamente mutante y estos personajes de la adhesión inquebrantable, figura anterior al franquismo pero que con él adquirió su mayor notoriedad social, terminan por quedar expuestos al ridículo social cuando la verdad da un pasito a un lado y ellos, impasible el ademán, quedan desnudos y solos ante la risueña sociedad que, más inteligente, se mantiene observando a distancia, sin necesitar de un compromiso más allá de lo prudente el día de las votaciones.

Con frecuencia me planteo qué buscan y qué consiguen estos descerebrados que venden su honra profesional por un plato instantáneo de fama, soluble en pequeñas dosis de realidad. No se me alcanza la respuesta, no acabo de entender que alquilen su integridad por una mayor venta de periódicos, de publicidad o de impactos de pantalla. Pero todo puede ser, hubo quien se vendió por un plato de lentejas.

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