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Tags: Opinión · Momento de reflexión · Octavi Pereña
Asociacionismo en crisis


Octavi Pereña


Octavi Pereña Octavi Pereña
jueves, 4 de diciembre de 2008, 11:16
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¿Qué saco de la vida? Esta es una pregunta que se hacen quienes se miran a su ombligo. Los cristianos nos la hemos de plantear de otra manera. ¿Qué hago a mi prójimo?

La sociedad actual es una compañía de egoístas. Sólo pensamos en nosotros mismos.. El egoísmo social lo refleja el asociacionismo que se dice es una característica de Catalunya. En nuestro país existen millares de asociaciones sin ánimo de lucro cimentadas sobre el voluntariado que pone a disposición de la sociedad sus aportaciones altruistas. Aparentemente las asociaciones no lucrativas que se sostienen gracias al esfuerzo de miles de voluntarios anónimos no presentan problemas de colaboraciones desinteresadas. Cuando se traspasa la puerta que da acceso a su interior, el panorama cambia radicalmente de aspecto. La mayor parte de estas asociaciones, por no decir todas, les faltan personas dispuestas a trabajar en bien de los otros. ¿Qué hace que este problema sea tan grave?

Todos los problemas sociales tienen una base espiritual. La falta de «mano de obra» altruista, que trabaja a cambio de nada, pone en peligro la supervivencia de muchas asociaciones que han llenado el vacío que no puede llenar las instituciones gubernamentales, también es de carácter espiritual, siendo una manifestación de la decadencia en que se encuentran las iglesias cristianas, sin distinción de nombre.

Melanie McDonagh, en su escrito “Las guerras de los anglicanos” (The Times, 04-07-08), escribe una frase que toca el corazón del problema del asociacionismo que comentamos: “Si los bancos de la Iglesia de Inglaterra están vacíos, perdemos un ejército de voluntarios cívicos”.

Una encuesta efectuada por el Ministerio del Interior inglés que se hizo en el año 2003, confirma lo dicho por McDonagh. La investigación pone al descubierto que quienes practican regularmente una religión tienen un 48% más de probabilidades de ser voluntarios comprometidos que sus homólogos seculares. Si echamos una ojeada los domingos en las diversas parroquias, descubrimos que sus bancos permanecen vacíos, que los feligreses han desertado. ¿Dónde se encuentran? En los lugares de ocio que la sociedad de consumo pone a disposición de las personas que se encuentran en un estado de permanente aburrimiento. Los bancos vacíos de las iglesias hacen pareja con la deserción de voluntarios dispuestos a trabajar en las asociaciones no lucrativas.

Trabajar por amor al arte es como una planta exótica que se pretende hacerla crecer en un corazón endurecido por el egoísmo, que no es apropiado a su naturaleza sensible y exquisita. Previamente debe cambiarse la dureza del corazón y transformarlo en terreno fértil que permita que la delicada planta crezca lozana y vigorosa para que pueda dar abundante fruto.

Para cambiar un corazón rocoso que no deja crecer y florecer el altruismo que es tan necesario para que no desaparezcan las enriquecedoras asociaciones basadas en el voluntariado, se precisa de la previa conversión a Cristo. A pesar de ello, es preciso cultivar con mucho esmero la conversión cristiana porque siempre existe el peligro de que se la desatienda, con lo cual, la delicada planta del altruismo languidece y deja de dar fruto.

Los bancos vacíos de la Iglesia de Inglaterra y de las iglesias de nuestro país, ponen en evidencia que quienes se dicen cristianos no cuidan sus corazones y que por la desidia se han convertido en terrenos estériles que favorecen que la planta del altruismo languidezca y deje de producir los exquisitos frutos que la sociedad necesita. La carencia de voluntarios que trabajen ilusionados en las asociaciones no lucrativas es la consecuencia del desolado aspecto que presentan las iglesias con sus bancos vacíos, que quienes se dicen cristianos se han pasado al bando de la incredulidad.

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