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Crisis y desinterés

Pascual Falces
Pascual Falces
miércoles, 3 de diciembre de 2008, 11:23 h (CET)
Es difícil establecer armonía entre estos dos términos. La crisis, por principio, es una situación que perturba y a la que ha de prestarse atención para ser superada. Cuando sobrepasa los términos personales para situarse más allá del alcance de donde las propias manos son eficaces, es cuando el individuo no tiene otra defensa que el desinterés. Es cuando suele hacer ese gesto tan rotundo de golpear con la palma de la mano izquierda el antebrazo derecho a la vez que levanta el dedo medio del mismo lado, el conocido “corte de mangas”, y se siente aliviado.

Algo parecido está ocurriendo ante la presente situación. En primer lugar, por la globalidad de esta crisis poco puede hacerse, y mucho menos por la escasa representatividad de España en este preciso instante. Desentendidos de la crisis a escala mundial por esta razón, tampoco resulta juicioso ocuparse de la misma como ciudadano español responsable. ¿Qué se puedo hacer en un país en el que el pueblo no se siente representado en sus instituciones? La justicia está mediatizada por la política, y los políticos son elegidos por listas cerradas que tan sólo conoce en detalle el encargado de hacer las mismas en cada partido.

Lo que han dado en llamar “derecha” no es que tenga problemas de liderazgo, como está en boga proclamar, sino de partido, porque el PP no la representa, en opinión de este columnista -conservador hasta las cachas y asentado con un catalejo en la cumbre de la muralla granítica que separa la meseta de las dos “castillas”-, sino que es un conglomerado de políticos herederos del franquismo sociológico. Del mismo modo que la honesta izquierda se ha visto corrompida en sus gobernantes y tapados en sus vergüenzas; de la otra izquierda, ya no queda ni el gritón Llamazares.

Las consecuencias políticas de la llamada Transición han generado desinterés y un distanciamiento entre la ciudadanía y lo que tendrían que ser sus representantes. ¿Cómo confiar en todas ellos para salir adelante en una crisis de envergadura? Pero, volvamos por un momento el catalejo hacia la tan traída y llevada “transición” de la que tan ufanos se sienten muchos, desde el Rey hasta el último periodista “en cortes”. De ella se han “apropiado” unos cuantos, lo que no deja de ser un latrocinio, porque la Transición ya estaba en las calles de España algunos años antes de que se muriera Franco en la cama. El “general” se marchó y aquí no pasó nada, porque todo estaba arreglado. La habían hecho los “currantes” padres y madres de familia de toda clase y condición; una vez crecidos los hijos de quienes les tocó vivir la sangrienta Guerra Civil, y victimas inocentes de ella en su infancia. Formaban una clase “media” que querían un futuro de paz para sus hijos y nietos. ¿Qué tenía que ser con la “democracia”?... pues, muy bien. ¿Con “monarquía”?, pues, también. Eso fue la Transición, y algunos políticos se creyeron que la hicieron ellos, ¿será posible?... “Stultorum numerus, infinitus est” (el número de estúpidos es infinito).

Treinta años de vida han trascurrido después de aquella puntual “transición” en que los que cargaron sobre sus espaldas con ella a golpe de talonario y de impuestos de Hacienda, ya son pensionistas. En estos años han contemplado crecer la corrupción de las enormes fortunas contemporánea jamás vista en la Historia de España. Soplan vientos de crisis y llega el momento de subirse el cuello del abrigo, y capear como se pueda el temporal ciñéndose al terreno, todo pasa... Naturalmente que tendrá sus bajas, pero “no hay mal que cien años dure”, como dice la sabiduría popular, que es sabia, por antigua, y no se equivoca.

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