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Etiquetas:   La linterna de diógenes  

Fumanchú & Co.

Luis del Palacio
Luis del Palacio
miércoles, 3 de diciembre de 2008, 11:23 h (CET)
Que el mundo ultravigilado que padecemos, no es más seguro que hace 40 o 50 años es algo que, para nuestra desgracia, podemos comprobar de vez en cuando. El ataque terrorista en Bombay la semana pasada, con casi doscientos muertos, revela una vez más cuán vulnerables somos y qué ineficaces resultan las medidas de seguridad impuestas en aeropuertos, estaciones, grandes hoteles, etc. Parece como si el “ojo del Gran Hermano” estuviera ahí más para fastidiarnos que para evitar las acciones homicidas de unos pocos dispuestos a inmolarse en aras, según dicen, de un credo religioso.

Las medidas disuasorias del Aparato no sirven, en realidad, para nada, pero son un tributo inevitable a la modernidad. Nos descalzan, nos quitan la pasta de dientes, nos despojan del cinturón y de parte de nuestra dignidad en los aeropuertos, y ya no nos queda el consuelo de poder soltar la lagrimita al despedir a la novia, al hijo, a la madre o a “Ninette” (la del señor de Murcia) desde el andén de la estación. Si no queremos prescindir de reacción tan humana y sentimental, tendremos que hacerlo justo antes de comenzar a hacer cola frente al escáner. Hemos convertido las estaciones de ferrocarril en un sucedáneo de los tristes y asépticos aeropuertos.

La verdad es que toda esta historia –y parte de “la otra”- huele a chamusquina. Es como si los hechos se desarrollaran siguiendo las pautas de un mal guión de película “serie B”, desbaratando la esencia de aquello tan “bonito” y “ocurrente” de que “la realidad imita al arte”. Bin Laden se parece demasiado al villano “Dr.Fumanchú” y Wladimir Putin (antihéroe en la sombra) recuerda sospechosamente al malvado “Dr. No”. Dejando correr la imaginación, podríamos ver en Berlusconi a un personajillo de anuncio: pastas “Giovanni Rana” (“¡sono io!”). Barak Obama podría ser un trasunto del “Presidente Palmer” (negro, honesto y convincente), de la serie “24 Horas”, y hasta nosotros contribuimos al elenco con nuestro pequeño grano de arena o, más exactamente, judía, porque eso y no otra cosa es lo que significa el apellido de “Mr. Bean”. Sólo nos faltan “Bond, James Bond” para que los malos tiemblen y el histriónico e inolvidable Louis de Funes persiguiendo a “Fantomas”. Pero todo se andará…

Dije antes que la realidad cada vez se parece más a un mediocre guión de cine, pero por su carácter interactivo recuerda más a un juego de la “play station”. Mientras Sarkozy se empeñe en dar achuchones a la Merkel, para comprobar la eficacia de las alzas instaladas en sus zapatos, Mister Bean se (a)líe con las civilizaciones y Berlusconi, en el ínterin, magree las nalgas de las nietas de “Mama Chicho”, no es de extrañar que crezcan y crezcan los enanos del circo y ahora hablemos de “economías emergentes” (o sea: ya no hay hambre en la India, ni “niños de Brasil”, ni corralito, ni centenares de miles de pobres en México o China)

Pero el guión, “de alto contenido dramático y acción trepidante”, tiene también momentos de sainete, como el de la rueda de prensa de Esperanza Aguirre, luciendo unos patucos que recordaban tanto a un personaje que interpretaba Lina Morgan en una famosa comedia.

La Presidenta de la Comunidad de Madrid se ha salvado en Bombay por los pelos, gracias a la Divina Providencia en forma de monja. Según dicen, los minutos que esta se entretuvo en animada conversación con la misionera, evitaron que se hallara en medio de la refriega. Ya ven: una nueva versión de “Marcelino, pan y vino”.

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