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Etiquetas:   Pintura   -   Sección:   Revista-arte

Edward Munch y la batalla de la vida en el norte del pensamiento

Carlos Nistal
Redacción
domingo, 30 de noviembre de 2008, 23:00 h (CET)


El noruego Munch (1863-1944) pintó “La danza de la vida” en el año 1899 .Este mismo artista se volvió prácticamente loco en los últimos años de su vida.
Coetáneo de Van Gohg y Gougain, artífice como ellos de la explosión del color, precursor de las vanguardias de principios de siglo y gran influencia para los expresionistas alemanes, tanto del grupo “Die Brucke” como de “Der blue reiter”, su “Grito” (1893) en la historia del arte resuena aun en todos los museos. La obra de este europeo norteño es desde la “Pubertad” (1895) desnuda y frágil de su hermana, a la fría e inhumana calle de “Ansiedad” (1894), con tantos hombres sin rostro, una misma búsqueda o un mismo escape a su complicada existencia, una batalla, un grito, como su más famosa obra, que representa un angustioso camino vital.




"Pubertad" de Munch 1985



Según pasan los años Munch se va aislando cada vez más en su pintura, su único medio de comunicación y de supervivencia dentro del mundo exterior. Esta soledad le fue convirtiendo en un “Enemigo del pueblo” (1882), aunque no con los mismos rivales que tiene el protagonista de la obra teatral de su paisano Ibsen.




Cártel de la obra teatral "Enemigo del pueblo" de Ibsen



En esta última los contrincantes se sitúan claramente en el plano exterior e intentan derribar a la individualidad desde fuera. En la trayectoria del pintor, no son los dogmas, no es la mediocridad y la insipidez de nuestras intocables democracias, no es la voluntad de la mayoría ni los rebaños que dirigen a los pastores, no son estos, los rivales y las preocupaciones más hondas de su vida y pintura.




"Un enemigo del pueblo" de Ibsen



Mucho más cruel es su batalla, mucho más difícil poder escapar de su prisión, el único y el más poderoso enemigo del pintor es él mismo.
Años antes de que comenzara la lucha de nuestro protagonista, en la vecina Dinamarca un cerebral pensador llamado Soren Kierkegarrd (1813-1855) acababa de dar por terminada la misma guerra. Al final de la misma llegó a la conclusión que para vencer, si es que existe una victoria como tal, había que sobrepasar tres líneas al mismo enemigo, o hacer tres paradas a lo largo de la trayectoria, tres estaciones en el mismo camino para calmarse, para dejar las armas y volver a la paz de la que habíamos partido antes de que comenzara la guerra.




Soren Kierkegarrd (1813-1855)



Kierkegaard empezaba atacando a los enemigos que habitan nuestros, también, propios exteriores que como en la lucha de Ibsen pueden ser el pueblo, el tirano, el dinero, las bellas e incomprensibles mujeres, la ciudad y los hombres con los que nos toca vivir, nuestra familia o el trabajo. En esta primera estación la estética (la apariencia exterior) dirige nuestros estados de ánimo y es muy probable que nos domine y que perdamos las primeras batallas.




"La danza de la vida" - Munch



En Suecia y ya bien entrado el siglo XX, los protagonistas de las películas “Crisis” (1945) o “Un verano con Mónica” (1953) del genial director I.Bergman luchan como la inocente chica vestida de blanco de Munch en “La danza de la vida”, contra las líneas de la fase estética.




Fotograma de "Un verano con Mónica - I. Bergman"



Las circunstancias exteriores, los enamoramientos fatales, los pueblos y calles aburridas, el injusto trabajo...Todos estos enemigos se unen bajo el mando del general estética contra esos jóvenes inocentes y puros, llegan las derrotas para hacernos desistir de ese camino y demostrarnos que es imposible vencer mirando hacia fuera, que son demasiados los mediocres, demasiadas las injusticias y que quizás nunca podamos encontrar a la mujer perfecta o el trabajo ideal. Hay que cambiar la estrategia.

En el centro de la pintura de “La danza de la vida” 1899 una mujer baila apasionada, vestida de color rojo, con su amado. Una vez sufridas las primeras derrotas, la solución está en buscar una propia ética, una propia ley que nos proteja del rebaño para disfrutar de la vida creando tu propia estación en el viaje. Para Kierkegaard este momento nos llega normalmente a mitad de la batalla en la madurez de nuestra existencia. Nuestra propia ética nos salvaguarda del mundo exterior.




Fotograma de "Gertrud" - C.TH.Dreyer



Gertrud es una mujer madura a la que no le importa dejar a su influyente marido a pesar de los maliciosos comentarios de la gente que la rodea, no le importan las críticas ni la humillación con tal de llevar a cabo su propia vida. Ha encontrado un hombre al que ama, con el que puede disfrutar, vestida de rojo (la pasión), de su vida. Por un momento nos sentimos vencedores y gracias al refugio de nuestra propia ética la danza alcanza su apogeo.
Pero solo es una tregua. En la película, Gertrud pronto es vista por su amante, joven y de blanco, como una señora mayor y mucho menos atractiva que las mujeres de su edad, la abandona y la mujer queda noqueada, sin fuerzas y sin refugios. Otra vez volvemos a perder, los enemigos se han reforzado con un arma demoledora, más potente que las anteriores: El tiempo.
En “Persona” (1966), obra cumbre del cine europeo, Bergman retrata los síntomas de las heridas causadas por esta nueva arma: La incapacidad de apasionarse, los malestares físicos, el cansancio, el sin sentido de la lucha, de la existencia. En esta película una mujer ha dejado de hablar, se ha cansado de existir, va a dejar la lucha y como en otro de sus grandes films “El silencio” (1963) no le queda otra solución que retirarse del mundo y esperar la derrota. El vestido que lleva la mujer de la derecha en “La danza de la vida” es negro .No hay más remedio que rendirse, pudrirse por dentro, recoger las armas y acabar cuanto antes. El tiempo es invencible.




Fotograma de "Persona" - Bergman C.TH.Dreyer



Pero Kierkegaard, Dreyer, Bergman y Munch no desfallecen y llaman a algo que en teoría es absurdo, algo que esta fuera del film, del lienzo, de la escritura, de la vida, algo que esta fuera del campo de batalla. Un aliado que es el último recurso para vencer y disfrutar del viaje, de la danza, de la existencia. Ese refuerzo está en la mística, ese refuerzo es llamado a menudo Dios.
Según Kierkegaard Dios ,aunque absurdo en este mundo, es definitivo para vencer, a él debemos encomendarnos para ya no desfallecer nunca, aferrarnos a él nos dará la serenidad y el sosiego para soportar todos los golpes, para levantarnos después de cada derrota y continuar nuestro camino, disfrutando del viaje, de la danza y venciendo la batalla .Lo malo es que este refuerzo suele llegar demasiado tarde cuando ya queda poco para volver al lugar de donde hemos partido, para volver a la paz anterior a la guerra.
Esta fase del viaje, de la batalla, llega al final de la existencia, en la vejez.
En la película “La palabra” (1955) de Dreyer o en multitud de obras de Bergman de entre las que destaca “Fresas salvajes” (1957) se representa, al fin, la victoria.
En “La palabra” un joven que se cree Jesucristo es objeto de burlas y de desprecios de los que le rodean, todos lo marginan y lo tachan de loco .Menos él, todos llevan consigo una gran hipocresía en lo que a la creencia de Dios y a sus propias vidas se refiere, sus batallas son pequeñas y mezquinas. No consiguen vencer, son siempre derrotados en una u otra línea enemiga, la ética o la estética. Sólo ese joven loco da la sensación de victoria. Al final del film en una de las escenas más grandiosas del séptimo arte la hermana del joven, una niña pequeña, yace recientemente fallecida en el ataúd, familiares y amigos la velan: lloros, llamadas a Dios y quejas absurdas de los mismos egoístas e hipócritas que aparecen durante toda la película. Ante las miradas de reproche de todos los presentes el chico se acerca sigilosamente a su hermana, alguien grita en la sala “que se vaya ese loco”, pero el verdadero creyente se acerca y dice ante la tumba de la niña “levántate y anda”, se oye crujir la madera y el cuerpo empieza a erguirse..Fundido en negro. La batalla ha terminado.
En mi opinión estos artistas nórdicos son demasiado exagerados y se toman las cosas muy a la tremenda, los países escandinavos son (o al menos más que otros) oscuros y en realidad las danzas o bailes son poco frecuentes y en lugares cerrados. Hace mucho frío, la gente va muy tapada y pasa mucho tiempo en casa. Para otra vez podríamos llevar la lucha al sur del pensamiento, a la carnalidad de la danza de Matisse y entre buen vino, jamón y carcajadas con los amigos el viaje, las armas y los aliados serán bien distintos..




"La danza" - Matisse (1910)



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