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Me quedo con el Tour de Sastre
Álvaro Calleja
El otro día me preguntaba un amigo que con qué triunfo de los ciclistas españoles en este 2008 me quedaba. Yo respondí que con el de Carlos Sastre en el Tour de Francia, pues el de El Barraco ganó por un arranque de rabia, un arranque que le llevó a la gloria en la mítica cima del Alpe D´Huez.
Es una suerte que podamos elegir cuál es la victoria que más nos ha hecho vibrar. Podía haber elegido el Giro o la Vuelta de Alberto Contador, o el oro olímpico de Samuel Sánchez, o cualquiera de las victorias de Freire y de Valverde, pero yo me quedo con la de Sastre.
Fue una auténtica exhibición lo que hizo en el coloso galo. Consiguió que todos los aficionados españoles, y los que no son españoles, se mantuvieran ante la pantalla sin cerrar ni un segundo los ojos, porque Carlos Sastre eligió el sitio más adecuado en el momento más oportuno para devorar pedal a pedal cada una de las 21 curvas del Alpe D´Huez, nada más y nada menos que el Alpe D´Huez.
Demarró cuando la carretera empezaba a inclinarse para arriba, poniendo en boca de todos eso de locura y de que no lo iba a conseguir, pero él fue directo a por su sueño, un sueño casi imposible que se iba convirtiendo en posible y en real cada metro que el español caminaba. Un camino que le llevó a la gloria, una gloria que se vestía del cajón más alto del podio del Tour de Francia situado en los Campos Elíseos, coronándose de por medio en una contrareloj que sumó en la leyenda que Carlos escribió en Francia.
Carlos Sastre, una carrera deportiva a la sombra para acabar hilando su mejor traje en el mejor escaparate y de la mejor manera. Un triunfo para la historia.
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