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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

¡Es muy fácil alinearse contra la Cruz!

Miguel Massanet
Miguel Massanet
sábado, 29 de noviembre de 2008, 11:01 h (CET)
Lo único que nos faltaba para acabar de redondear esta imagen de odio hacia todo lo que pudiera tener un halo, aunque sólo fuere simbólico, de catolicismo en nuestra nación; en lo que tanto irrita a toda esta patulea del progresismo nacional, empeñado en imponer, a toda costa, su doctrina relativista basada en un laicismo agresivo, un tipo de oposición radical que no se conforma con una libertad religiosa en la que, cada persona, pueda opinar como le parezca y adoptar las ideas, la moral y la ética que le apetezcan siempre que, naturalmente, el ejercicio de su credo particular no signifique la alteración de la convivencia con el resto de ciudadanos y se respeten las creencias de los demás tal y como está dispuesto en nuestra Constitución. Creo que deberíamos insistir en el tema de que el término “laico” no es el adecuado para definir al Estado español ya que, la constitución de 1978, dejó perfectamente especificado cual debiera ser la postura de aquel de una forma clara y específica, denominándolo “Estado aconfesional”, lo que traducido al román paladino quiere decir que, como tal, no profesará ninguna religión determinada pero, y así queda recogido en la Carta Magna, deberá respetar y tener en consideración todas las creencias religiosas siempre que estas, naturalmente, cumplan con la ley española.

En todo caso, y mientras subsista la actual Constitución, por la que nos venimos rigiendo, es evidente que, en atención a la tradición de la nación español, a nuestras raíces cristianas y a la cultura católica, que ha persistido en nuestra nación durante siglos; se hace una especial mención a la Iglesia católica diciendo que los poderes públicos mantendrán: “…las consiguiente relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones”. Es notorio y constatable que, un sector de la ciudadanía, un amplio y conocido grupo de ciudadanos de tendencias izquierdistas, viene sosteniendo ideas anticlericales desde que la II República se declaró contraria a la Iglesia católica, aunque después tuvo que reconocer que la labor de educación de los colegio religiosos no había podido ser asumida por aquellos centros que vinieron a suplirlos. Lo que ocurre es que, es tanta la ignorancia que hoy en día existe respecto al tema religioso, ha sido tanta la propaganda de las instituciones públicas ( desde la llegada del socialismo al poder) y tal el esfuerzo de los progresistas de la farándula y de esta supuesta camarilla de “la cultura” en la que se engloban tanto aquellos que presumen de de filósofos y cultos, como aquella pléyade de indocumentados que, incapaces de engendrar una idea a derechas, optan por repudiar aquello que se les escapa a la comprensión.

Así ocurrió cuando entró el Frente Popular en febrero de 1936 y, así fue como estos que claman por la Memoria Histórica, intentando comparar la canonización de los sacerdotes que fueron vilmente asesinados por las hordas rojas con los que, por sus andanzas durante la guerra, por sus antecedentes criminales y por sus fechorías en la retaguardia durante la condena sufrieron las consecuencias de sus actos al finalizar la guerra; han hecho cuestión prioritaria insultar, escarnecer, mofarse y blasfemar de la religión católica y sus representantes. Y que ahora no nos vengan con aquello de “sus dolidas familias” o sus “inconsolables descendientes” para justificar el pedir la recuperación de los desparecidos; porque todas sabemos que estas historias no tienen ninguna base y que hoy, a duras penas, se llora la muerte de un padre, un hermano o un cónyuge, luego ya me dirán ustedes lo que pueden sentir por un pariente que murió hace setenta años o más. Si reclaman algo es por intentar sacar alguna pensión o indemnización ya que el darles sepultura cuesta un dinero y no es probable que la mayoría piensen en semejantes gastos si es que no hay la indemnización correspondiente. Parece duro, pero se corresponde con la realidad.

Pero vean ustedes que ha salido un juececillo de tres al cuarto, uno que, seguramente aspira a destacar políticamente, ponerse en la órbita de los jueces estrellas, como el señor Garzón; y, como no, hacerse rico como nuestro juez estrella. Ha pensado que un tema de tanta trascendencia mediática como es el de prohibir poner crucifijos en la aulas de los colegios públicos; pudiera dar lugar a toda clase de comentarios, como así ha sido. No seré yo quien le haga el juego por lo que me voy a callar el nombre. Pero ha sido inevitable que, desde el PSOE, hayan salido los de siempre a poner su cuarto a espadas. Empezando por el Pepiño Blanco ( no sé como tiene la vergüenza de declararse creyente, cuando todo lo que dice lo retrata como el perfecto ignorante en materia religiosa) o el hipócrita de ZP, que no ha tenido otra cosa en la que basarse que en comparar las canonizaciones de los sacerdotes asesinados durante la Guerra Civil ( del orden de 7.000) con los desparecidos del partido republicano, la mayoría de los cuales nadie sabe cómo murieron y los demás es muy poco probable que ostentaran los méritos para merecer ser canonizados o, lo que es lo mismo, que ha sido mejor ,con toda probabilidad, que no transcendieran sus “hazañas” de la época en que se desató la furia de la plebe, armada e incontrolada, en los primeros años de la contienda, los de los asesinatos masivos de católicos y personas de derechas.

Un crucifijo, para el juez de marras, puede ser algo que afecte de forma negativa a los no creyentes. Si esta doctrina llega a calar y se opta por legislar en este sentido, deberemos de prohibir la exposición al público de una serie de los magníficos lienzos del Museo del Prado, donde la imaginería religiosa luce con especial éxito de público. No parece que los pintores hayan tenido empacho en reproducir cientos de cruces, de cristos crucificados, de descendimientos, de vírgenes etc. que, vean ustedes lo extraño de la situación, no parece que hayan provocado las reclamaciones de todos los entendidos en pintura, que se han deleitado contemplando aquellos tesoros que nos dejaron los fenómenos del arte como: “ El crucificado” de Velásquez; “La Purísima Concepción” de Tiepolo; “La Inmaculada” de Murillo; “La Trinidad” del El Greco, Tintoretto etc. Me temo que, hasta el mismo Carrillo o el inefable Llamazares, furibundos comunistas, estarían en desacuerdo con que prohibiese visitar tales obras de arte para evitar que a algún timorato le produjera problemas con su conciencia laica.

En todo caso, una muestra más de hasta donde está llegando esta nueva Inquisición del laicismo belicista, en su campaña de descrédito contra del catolicismo y, en especial contra la Iglesia y lo que ellos denominan, en sentido peyorativo, “los curas”, en los que centran su especial odio. Lo malo es que, también dentro de la comunidad católica, tenemos a los Judas Iscariote de turno que, so pena de olvidar preceptos fundamentales, se empecinan en que la doctrina de la Iglesia se acomode a las nuevas concepciones, inspiradas en el relativismo, la contemporización con el aborto y el tema de la homosexualidad en el que parece que están por “más comprensión” y menos rigor.

Queramos reconocerlo o no, los católicos, entre los que me incluyo, a pesar de mis innumerables faltas; estamos abocados a nuevas artimañas que nos podrán a prueba, enfrentados a este materialismo comunistoide que nos rodea y que expresa su virulencia contra aquello que más daño les hace: la familia y la religión. Allá ellos.

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