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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Liberia: Un médico para las necesidades en salud mental

María Teresa Vaquero (Pamplona)
Redacción
viernes, 28 de noviembre de 2008, 12:08 h (CET)
Si debemos ir a nuestro Centro de Salud para una consulta, por pequeña o grande que sea, es posible que con un poco de suerte nos quejemos de la distancia entre nuestra casa y el Centro. Lo mismo sucede si tenemos que esperar. Luego nos quejaremos de la atención recibida o de lo que cuestan los medicamentos, aunque sólo tengamos que pagar un porcentaje.

¿Qué ocurriría si en todo nuestro país existiera un solo médico preparado para una determinada especialidad? Inconcebible, ¿verdad?

Eso, ni más ni menos, es lo que ocurre el Liberia, apenas cinco años después del final de una violenta guerra civil que ha durado 14 años y causado unos 150.000 muertos, así como decenas de miles de desplazados y heridos. Esta es la noticia que nos presentaba la agencia de noticias Irin (www.irinnews.org) hace unas semanas.

En Liberia no hay más que un especialista en salud mental para tratar los traumas y la depresión. Hay un solo centro de salud reconocido en Monrovia que se ocupe del estrés postraumático (SSPT), una reacción emocional grave y persistente a un traumatismo importante.

El dr. Benjamin Harris, volvió a su país en 1996 para supervisar los servicios de salud para la desmovilización, desarme, rehabilitación y reintegración (DDRR) organizada por Naciones Unidas para los combatientes tras la primera Guerra civil de Liberia entre 1989 y 1996. Pero este programa terminó sin ocuparse de las necesidades psicosociales de los ex combatientes. “Dando por sentado que el programa DDRR tuvo éxito en la eliminación de las armas, ¿cuáles son las repercusiones? Las repercusiones…incluyen violencia sexual y de género y se está dando en toda la sociedad un comportamiento agresivo y violento, y estamos apreciando un consumo de sustancias a gran escala.”

Harris ha señalado que en ausencia de servicios de salud mental, algunos liberianos se acercan a drogas ilícitas fáciles de conseguir. La cocaína puede comprarse a tan solo unos 5 dólares y la marihuana por menos de 50 céntimos de dólar en la capital, Monrovia.

El abuso de drogas complica el tratamiento de salud mental y exige una intervención mayor por parte de la comunidad para salvar a los jóvenes, que se encuentran en mayor riesgo de abusar de las drogas. Hay mucho trabajo que hacer a nivel de las iglesias, entre los líderes religiosos y tradicionales, por ejemplo.

Como única persona preparada para tratar las enfermedades mentales, Harris no puede ayudar a los más de tres millones de personas que vienen de los conflictos. Los liberianos han aprendido a vivir con la enfermedad mental durante e inmediatamente después de los brutales años de conflicto. “La gente ha podido arreglárselas con el problema a cierto nivel, pero esto sucedió durante la Guerra y lo hicieron sólo por sobrevivir. Pero ahora se dan cuenta de los problemas causados por la guerra y no pueden arreglárselas más y algunos están empezando a suicidarse.”
En 2003, Naciones Unidas estimaba que un niño de cada 10 había estado en el ejército, es decir 21.000 niños soldado, que necesitarían ayuda.

También sería necesario dar trabajo a los muchos ex combatientes, además de una ayuda para su salud mental. Con tratamiento y trabajo no recurrirán a la violencia de nuevo. Para Edward K. Teah, antiguo combatiente, la presión del paro es demasiado difícil de soportar por parte de algunos antiguos combatientes.

En agosto de 2007, según estima Naciones Unidas, unos 90.000 antiguos combatientes, de los cuales un 10% eran menores, estaban inscritos en programas de ayuda al empleo y a la readaptación a la vida civil.

Pero según estimaciones del Banco Mundial, más de tres cuartos de la población viven en la pobreza, con menos de un dólar al día, y más del 80%, si trabajan, no trabajan en el mercado oficial; la mayoría de las gestiones de reinserción en el ámbito del empleo son pues difíciles.

Hay algo positivo que señalar, y es que algunos antiguos combatientes no presentan ningún signo de traumatismo, según Francis Kollie, propietario de un taller de reparación de automóviles en Bushrod, en la periferia de Monrovia. Sus tres empleados, antiguos combatientes, han sido formados en la Monrovia Vocational Training School (MVTC), un centro de formación profesional creado por antiguos combatientes, y se han adaptado bien.

Pero en verdad, las destrezas para sobrevivir tienen sus límites.

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